Entrevistas: Uberto Pasolini

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Uberto Pasolini

Charlamos con el director de Nunca es demasiado tarde.

Tras ganar varios premios en el Festival de Venecia, entre ellos el de mejor director, Uberto Pasolini ha pasado por España para presentar su segundo largometraje como tal, Nunca es demasiado tarde, una profunda reflexión sobre la soledad y las relaciones humanas a través de un funcionario encargado de buscar a los familiares de personas que han muerto solas. Hemos tenido la oportunidad de poder charlar brevemente con Pasolini sobre su película y sobre las distintas formas de relacionarse en sociedad hoy en día.

En la película se percibe de fondo una reflexión sobre la familia, sobre el apego o desapego familiar, ¿hay mucha diferencia entre las familias italianas, de donde usted procede, y las inglesas que refleja la película?

Uberto Pasolini: Bueno, yo creo que no hay una gran diferencia en el sentido de que, para la mayoría de los ingleses la familia es como la familia italiana. Es decir, una familia que hace 50 años estaba compuesta de 3 generaciones que vivían en la misma casa y, como pasa en Italia, hoy los padres viven en una casa, los hijos en otra, el divorcio ha permitido que parejas que en otra época hubieran seguido juntas ahora no lo estén, etc. En Inglaterra hay algo muy específico que es que, el 7% de los niños que van a la escuela van a una privada y dentro de este porcentaje hay como un 4% que asisten a una lejos de su casa. Esto que es una tradición de la clase alta, se convierte automáticamente en una situación en la que los padres deciden que la educación de los hijos se cumpla en un colegio y no en casa. Entonces, la relación padre-hijo en la clase alta de Inglaterra es menos fuerte que en Italia donde los padres están cerca de los hijos pertenezcan a la clase que pertenezcan y creo que en España pasa lo mismo. Nosotros, en el mundo latino, tenemos una visión de Inglaterra como de gente cerrada pero es un retrato de una pequeña parte de esa sociedad porque si tú vas a Sheffield con una familia de obreros no son así. Tienen el mismo tipo de relación social entre ellos que pueda haber en Burgos, en Roma o en cualquier parte. Claro, igual las familias de Burgos no son como las de Valladolid o las de Sevilla…claro que hay un carácter, pero la diferencia entre clases no es la que había hace 50 años.

Todo el aspecto sentimental de la película transcurre de una manera muy sobria, apenas se perciben los sentimientos ni se permiten golpes de sensibilidad, pero al final rompe ese tono con la última escena, ¿por qué?

P.: Te refieres a los últimos 20 segundos, ¿verdad? Bueno, no te puedo decir que tenga una buena razón intelectual. La película tiene su razón de ser porque me interesaba ver la imagen de una tumba solitaria y eso me empujó a meterme en el proyecto y a hacer las investigaciones, escribir el guión, etc…y quise hacer de la película un arco dramáticamente correcto y con un destino que no es una decisión de escritor, sino que es un destino en el que el personaje, cambiando, llega a una situación en la que la vida lo va a tratar de manera diferente. En los primeros cinco minutos mira tres veces antes de cruzar la calle, y en la parte final ni mira porque su vida ha cambiado, porque su relación con las cosas materiales de la vida ha cambiado. Cuando yo empecé a escribir el guión ya sabía con qué imagen quería terminar la película, pero me interesaba por un lado que la historia confirmara el valor del trabajo de este hombre, de esa generosidad hacia los demás al contrario de lo que le dice su jefe en un determinado momento, “los funerales son para los vivos, los muertos no importan”. Por un lado como digo ese final es una reflexión sobre la calidad de su trabajo, no quería que la gente saliera de la película pensando que esa vida o ese trabajo es inútil sino que pensaran que es fantástico, y por otro lado, desde el punto de vista cinematográfico, me gustaba ver si se podía contar un cuento con lenguaje realista hasta el final y cambiar ese lenguaje en los últimos segundos sin perder al público. Yo sabía que una parte del público no aceptaría, no lo que sucede en esos segundos, sino que se cambie ese lenguaje, pero la mayoría lo ha aceptado, no lo ve como un cambio del lenguaje sino como la conclusión de la historia. El tono es el mismo, la música es la misma, lo único que cambia es el lenguaje. Es una apuesta, un reto que me puse. La verdadera razón entonces es emotiva.

Nuna es demasiado tarde

El protagonista es un hombre que va buscando a los familiares de las personas que mueren solas, es una figura que me produce curiosidad. No sé si aquí existe esa figura, ¿qué cree que aporta para las personas que están solas?

P.: Claro que tiene que existir aquí, hay gente que se ocupa de las personas que mueren solas en todas partes. Si mañana por la mañana tu vecino muere solo, ¿qué pasa? Primero te das cuenta de que no ha salido de su casa, después lo encuentra la policía y ellos pasan el “problema” a la oficina municipal correspondiente, y en ese momento va alguien a ver si el tipo tiene familia, no lo dejan allá. Alguien se ocupa de buscar si esa gente tiene familia, de si hay dinero o no para ocuparse del entierro, y si no encuentra a nadie esa persona tiene que organizar un funeral y eso pasa aquí, en Milán, en Los Angeles y en Nueva Delhi. Ahora, puede ser que ese funcionario que se ocupa de buscar a las familias y de organizar el funeral tal vez haga otras cosas debido a su puesto. La cuestión es que, el personaje de la película tiene una gran capacidad de comprender la importancia humana, el valor humano del trabajo hecho con el respeto hacia esas vidas. Yo pasé meses con la gente que realiza este trabajo para documentarme y trabajé con gente que tiene esta calidad humana y esta comprensión del dolor humano, pero también vi gente que lo hace sólo como un trabajo más, como la compañera del protagonista en la película que coge varios recipientes de cenizas y los echa todos en la misma tumba. Hay dos maneras de vivir la sociedad, y hay que pensar qué tipo de relación tenemos con la sociedad en la que vivimos. En el personaje principal yo puse toda la generosidad que yo no tengo como persona, porque yo soy muy egoísta, y todo lo que yo no soy en ese sentido se lo di a ese personaje. Pero eso no quiere decir que sea inventado porque hay gente que trabaja con el mismo empeño que él para que los últimos segundos de presencia en la tierra de alguien que ha sido olvidado en vida no sean olvidados.

He leído que ya conocía a Eddie Marsan antes de que formara parte de la película, ¿había pensado en él para el personaje mientras lo escribía o fue cuestión de casting?

P.: Tenía la foto de Eddie Marsan delante de mí mientras escribía (risas). Y fue una foto difícil de conseguir porque la mayoría de los papeles que ha hecho hasta ahora eran de hombres violentos, duros, en situaciones más dramáticas…pero yo sabía que él tenía esa habilidad para hacer ese cambio de registro y ponerse en la piel de alguien tan sencillo. Finalmente encontré una foto en la que estaba relajado y la puse en la pared mientras escribía el guión para mirarla de vez en cuando y tener en la cabeza el tipo de acción que se le podía pedir a un actor con esa técnica y esa generosidad. Lo que quise hacer era descubrir situaciones y descubrir lo que le pasaba en el alma sin palabras, hay poco diálogo en la primera parte de la película y los que hay no explican lo que el personaje piensa, y hay muchos momentos en los que está completamente solo. Entonces hay que intentar que se entienda lo que pasa en su cabeza y sólo se puede conseguir si tienes a un actor de esa calidad, si no lo tienes necesitas darle otra personalidad o poner a otro personaje e introducir más diálogo para que te expliquen lo que pasa en su cabeza. La película habla de cómo nos relacionamos entre nosotros, de cómo vivimos, de si tenemos la puerta abierta a los demás o no, pero también es una película que trata de silencios, de muerte, de soledad y por eso me parecía bien contar la historia con silencios y en soledad, y para ello necesitaba a alguien que tuviera la capacidad de traspasar sus emociones al público sin hablar, y él tiene esa habilidad.

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