Críticas: Fourteen

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La tragedia de lo elidido.

Es tan extenso y creciente el número de distribuidoras en el panorama audiovisual español que, por pequeño que sea, la mayoría de películas relevantes del año reciben algún tipo de estreno en España. Allí donde muchas películas de autor de directores poco conocidos pero con un nicho asentado iban directamente al mercado de DVD, ahora dan una oportunidad a la cinefilia de ser vistas en las mejores condiciones. Ha sido posible informaros del filme que nos ocupa gracias a la excelente labor de Paco Poch Cinema, a la que le deseamos el mejor de los porvenires. Su ahijada es la nueva película de un creador venerado en los circuitos independientes. Una película que se presentó en la última Berlinale y que, aunque hizo poco ruido, recopiló pocas críticas pero excelentes, con apoyos fervorosos. La prueba perfecta de que los medios más pequeños pueden ser el germen de grandes películas. Se estrena este viernes Fourteen, quinta película de Dan Sallitt. Una película acompañada de pocos materiales gráficas pero de una atractiva premisa y de una acogida entusiasta por parte de voces críticas cercanas que tengo en alta estima. Una película que aparece silenciosa y por sorpresa, y en la que se antoja más necesario que nunca utilizar el altavoz del periodismo cultural para darlas a conocer. Iba a ciegas a la proyección, y así tendrá la suerte de encararla la ciudadanía. Una ocasión perfecta para zambullirme en un universo de audiovisual americano autodidacta que hasta ahora me había sido ajeno. Y tras unos primeros compases dubitativos, abandoné la sala fascinado. Una película de reducidas dimensiones físicas y vastísimas dimensiones emocionales. Un relato microscópico que te atrapa paulatinamente por su estructura narrativa, su sentimiento y su manera de representar el tiempo.

Mara y Jo han sido amigas íntimas desde la infancia. Mara empieza a asentarse a nivel laboral y a nivel sentimental, mientras Jo se atasca en perpetuos cambios de trabajo por su incapacidad de ajustarse a horarios, entrando y saliendo de crisis emocionales sin respuesta. Lo que parece ser una enfermedad mental aleja a Jo de la realidad, pero pese al distanciamiento su amistad con una Mara atosigada por una existencia llena de sus propias adversidades prevalece. Pasan los años, cambian las parejas y los pisos, se transforman ellas, pero el afecto prevalece. Una película llena de humanidad y sentimiento, noble y cercana y, pese a su actitud callada y contenida, desbordantemente trágica. Un ejemplo de cine micro-presupuestario que compensa sus limitaciones de producción con un trabajo minucioso en el guión y en la construcción de personajes, y haciendo uso de las interrupciones en el rodaje y de los lapsos temporales para el beneficio del espíritu del relato. Un ejercicio de realización meticulosa que a través de un lenguaje desnudo atrapa la vida misma y sus tempos en la narración, que se ejecuta cargada de corazón y verdad, logrando que nos sumerjamos en la diégesis como si viéramos un documental. Un ejercicio de cine casero que paulatinamente nos gana y desemboca en un tercer acto desgarrador que nos apabulla, sin dejar antes y después de inspirarnos ternura con la humildad y nobleza de sus personajes.

Pero además de sus entrañables y fustigadas heroínas, la película funciona como un reloj por un dispositivo que pasará desapercibido ante muchos. La película se nos presenta despojada de bagatelas y alardes visuales, introduciendo pocos personajes en un manojo de localizaciones. Escenarios asequibles, mayormente interiores. Look de bajo presupuesto, planificación en planos medios fijos, los menos posibles por escena. Pero los personajes entran y salen de ellos, por lo que estos tienen personalidad propia y preservan sus propios sonidos ambientes, los sonidos del día a día. Este enfoque desvestido da al conjunto de la obra una autenticidad que eleva su calado. Y las pocas ocasiones en las que se mueve la cámara, se configura el espacio como un ente con presencia más allá de la que le dan los personajes que lo pueblan, que son el núcleo de la historia pero también una parte más de un mundo que se desarrolla en paralelo. Pero el mayor acierto del filme es la sutileza con la que maneja las elipsis, reflejando saltos temporales de un plano a otro con una organicidad sorprendente. Se aprecia el devenir temporal, pero el arco dramático de los personajes preserva toda consistencia. Allí donde tantas películas recalcan y chillan sus penurias, esta nos toca en lo más hondo con todo aquello que se silencia, que se omite, pero que se siente muy candente. Jo se rompe, Mara no puede ayudarla, pero ante tan desgarrador fatalismo el filme no abandona el optimismo, y no reincide en las partes más histriónicas del drama.

Una película de la que no se hablará mucho en los periódicos, una película que poca gente verá. Pero encomendamos al lector que no sea uno de ellos, pues de puntillas y sin hacer ruido desembarca en unos días una de las películas del año.

Podéis leer más artículos de Nestor Juez Rojo en Celuloides en Remojo.

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