Críticas: Día de lluvia en Nueva York

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Las dos caras del reciente Allen.

Con cada nueva película de Woody Allen parece un momento idóneo para reafirmarse, como mínimo, en un par de cuestiones. La primera es la de reunirse con el amor hacia su filmografía, aquella que a lo largo de medio siglo ha ofrecido varias obras maestras y grandes películas. Día de lluvia en Nueva York no es una de ellas. No obstante, y ahí viene la segunda consideración, sí es una de tantas películas en su larga trayectoria que contiene destellos de la genialidad del cineasta neoyorquino. Todos sus trabajos los tienen, algunos más inspirados que otros y esta producción de Amazon cerrada bajo llave durante un año tiene más virtudes que algunos de sus últimos y olvidables trabajos como Magia a la luz de la Luna o Wonder Wheel.

Día de lluvia en Nueva York es la comedia romántica de Woody Allen más lúcida de los últimos tiempos cimentada sobre todo en Gatsby, el protagonista erigido como estupendo alter ego del director, y en el romanticismo que impregna todo el relato, sobre todo esa lluvia presente desde el título y expresionista del estado anímico de los personajes así como de la nostalgia y alegría que profesa en otros. Gatsby es un joven universitario que viaja un fin de semana a la ciudad acompañado a su novia que debe entrevistar a un director de cine de éxito, pero inmerso en una crisis creativa. Este rol de Liev Schreiber es, en cierto modo, otro alter ego de Allen, sus palabras parecen traducir al espectador las preocupaciones del artista ante su obra y como la incapacidad para depurar estos temores provoca un bloqueo desasosegante.

Al director de Annie Hall y Manhattan esto le afecta de forma tangencial, al menos, no como obstáculo para seguir escribiendo y rodando; quizás sí, para hacerlo con la excelencia de antaño. Ahora bien, en Día de lluvia en Nueva York hay bríos de maestría, especialmente en el arco argumental de Gatsby, sus vicisitudes en la ciudad de los rascacielos son una mezcla de gran comicidad, elegante y divertida rom-com y cinceladas de buen drama (atormentados complejos, sentimiento de desarraigo). La lluvia que tanto desea que caiga en la Gran Manzana aparece y se convierte en un revulsivo para mirar hacia delante, dar carpetazo al pasado y revitalizar su impás sentimental. El notable trabajo de Timothée Chalamet es la enésima demostración de la capacidad innata de Allen con los intérpretes y el talento de estos para convertirse en el alter ego ideal del cineasta, otrora Joaquin Phoenix, Jesse Eisenberg, Owen Wilson o Larry David.

Por contra, la otra mitad del film es mucho menos ingeniosa y está repleta de tics machistas y pobres consideraciones hacia el universo femenino que tampoco pediremos ahora que cambie un director a sus 80 años. La película se articula paralelamente entre la historia de Gatsby y la de Ashleigh (luminosa y divertida Elle Fanning), pero a menudo parecen convivir dos películas en una y la primera capitaliza todos los alicientes y la segunda, todas las flaquezas. La joven estudiante de periodismo tiene tres encuentros casuales con tres hombres mayores, entre el ridículo y el tedio, su trama deja aflorar la peor cara del cine de Allen, o mejor dicho pone en bandeja argumentos para desmitificar su importancia en el cine norteamericano en estos tiempos de polémica recurrente. Servidor es un apasionado de su filmografía, pero también es cierto que en los últimos años algunos filamentos de este fervor se han roto, precisamente por clichés rancios y unidimensionalidad en algunos personajes.

Tan divertida como errática, Día de lluvia en Nueva York es otra obra menor de Woody Allen, pero también es la más encantadora, en momentos puntuales, desde Midnight in Paris y una de las más divertidas de las últimas dos décadas. Su vertiente humorística funciona como un tiro y toda la película respira amor por el cine y por esa ciudad que tanto ama. El desenlace podría servir como su testamento fílmico. Ojalá que el verdadero adiós de Allen sea con una última gran película y no un simple y agradable pasatiempo en formato rom-com.

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