Críticas: Litus

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La reunión.

El mazazo del suicidio de un ser querido es algo indescriptible. No se ajusta a razones, a menudo, se desconocen las motivaciones que han conducido a la víctima a tomar la fatídica decisión. Esto es lo que les sucede a los cinco amigos y al hermano de Litus, el personaje ausente, pero omnipresente de la última película de Dani de la Orden. No obstante, la cinta no transita por el tremendismo provocado por la tragedia, sino por el reencuentro de la pandilla, en clave cómica e irónica, seis meses después. Toni, el hermano, los reúne para hacerles llegar una carta que dejó para cada uno de ellos.

De la Orden, en su mejor película desde el díptico Barcelona nit d’estiu/hivern, adapta la obra de teatro homónima de Marta Buchaca. Pese a desarrollarse prácticamente en su totalidad en un solo escenario, la película logra desprenderse de su génesis teatral con una ejecución absolutamente cinematográfica, apoyándose, eso sí, en un notable reparto que acude a cada llamamiento del guion para reflotar la narración. Litus combina sabiamente drama y comedia con una inusitada ligereza al tratar un tema tan delicado, pero que no debe confundirse con superficialidad ni mucho menos con una falta de profundidad.

Precisamente, uno de los mayores logros del texto es mostrar, desde distintos puntos de vista, las dificultades para saber cómo despedirse de un amigo o familiar, cómo afrontar la muerte y cómo poder seguir con la propia rutina (laboral, sentimental). Al fin y al cabo, Litus también emerge como una historia sobre la incomunicación. A veces, en un grupo de amigos todo es más fácil con una cerveza y un partido de futbol o una tarde en la bolera y no abrirse y hablar sobre los propios sentimientos y preocupaciones. Quizás el único reproche a la sencillez de Litus es que no hay nada novedoso ni altamente remarcable en su propuesta.

No obstante, la película es sólida en todas sus vertientes y una de sus fortalezas es no sucumbir al agotamiento de la fórmula, esta suerte de Los amigos de Peter se muestra menos convincente en su tendencia al subrayado y en su persistente idea de enclaustrar a los protagonistas en primeros planos para expresar sus sentimientos. Por contra, una de las mejores secuencias es el monólogo de Quim Gutiérrez, premio al mejor actor de reparto en el Festival de Málaga, a quien ya se le echaba de menos en su estupendo registro dramático tras quedar encasillado como el galán o patoso de la comedia española. Del sexteto protagonista también destaca Adrián Lastra, el elemento de distensión del grupo, con su sorna y su patetismo ahogado en una depresión peterpanesca. Por otro lado, el personaje más interesante y mejor construido es el de Pablo (Álex García), el amigo más íntimo de Litus, cuya relación podría ser mucho más próxima a tenor de algunos comentarios y actuaciones de ambos. Si en general la cinta abusa de las sobreexplicaciones, en cambio, en torno a esta subtrama se muestra mucho más inteligente. Aquí el cineasta catalán logra mostrar más con ciertas líneas de diálogo esporádicas y reacciones en un personaje que con conversaciones e imágenes enteras.

Litus es una película tan sencilla como honesta, sustentada en la solidez de la obra teatral y en un notable elenco, si bien no todos ofrecen interpretaciones al mismo nivel, sí logran destacar en momentos puntuales, destacando por encima de todos Lastra y Gutiérrez. De la Orden, alejado de la comedia más popular, demuestra ser un director dotado para las historias más próximas y un estupendo manejo de los códigos de la comedia más sofisticada.

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