Críticas: It. Capítulo 2

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Concilio con la memoria.

Acaba ya por completo el verano y comienza septiembre, ese breve interludio de la que como de costumbre acabará siendo una intensa temporada otoñal en las carteleras cinematográficas. Es por ello un gran momento para abrir la veda y marcar el camino con un éxito en taquilla y una película que sea bien recibida por público y crítica. Lo cuál es más posible esperar si vienes avalado de un inesperado bombazo previo. Pues pocos vieron venir el enorme éxito que obtendría en estas mismas fechas del año 2017 la adaptación cinematográfica de la novela de Stephen King It, dirigida por Andy Muschietti. Una película estimable con fuerza y carisma, que divertía y estremecía por partes iguales. Sin embargo, se acercaba a un material que ya había sido visitado antes. Es por ello que la existencia del presente It Capítulo 2 supone una jugada de innegable riesgo. Nunca se ha narrado en imágenes la segunda parte del libro, la cual ha sido siempre muy cuestionada. Pero eran muchos los alicientes, principalmente el atractivo cast convocado para interpretar las versiones adultas de los personajes. El sugerente material promocional, que nunca deja de ser engañoso, eran motivos suficientes como para merecer por méritos propios ser uno de los estrenos más atractivos del mes. Y afirmo que nos encontramos ante una película llamada a funcionar muy bien, que atesora múltiples motivos visuales de arrebatadora fuerza inherente. Pero también una obra con menos encanto, cohesión y concreción audiovisual y sensorial que la primera parte, de la que apenas sirve de mera e hiperbólica extensión celebrativa. Un filme al que, pese a todo, debemos reconocerle su ambición, lo grande de su envergadura y el calado del terror que suscita. Los fans de la antecesora podrán estar satisfechos.

Han pasado 27 años desde que el club de los perdedores derrotase, o eso creían, a Eso y a su terrorífica amenaza. La calma de Derry se está viendo perturbada por un creciente número de asesinatos y desapariciones, las cuales llevan el signo de Pennywise el payaso bailarín. Cumpliendo el pacto de sangre hecho en su niñez, Michael llama y convoca a los ya adultos miembros del club de los perdedores, quienes llevan años separados y lejos de Derry. Para acabar con este monstruo de una vez por todas deberán acudir a un pasado olvidado para obtener de él fuerzas renovadas para cerrar etapas pretéritas. Un filme, por tanto, sobre el reencuentro, reconciliación y superación de un pasado lacerante cuyas heridas aún supuran. Un diálogo con la primera parte, planteado como regreso a sus espacios con un espíritu más reflexivo, repetición con matices nuevos de amargura y multiplicación a la máxima potencia de las habilidades sobrenaturales de Esto. Una gran película en el plano audiovisual en el que hay que destacar el buen trabajo de diseño de producción y de realización cinematográfica, integrando en su metraje secuencias poderosas de magnética potencia icónica. La labor de Bill Skarsgård es de nuevo excelente, encarnando a un villano espeluznante. Un filme de muchos decibelios, que de nuevo nos impacta y atrapa, logrando que sigamos entretenidos su desarrollo y aceptemos de buen grado un universo mucho más perturbador de lo que acostumbran este tipo de producciones.

Una de las grandes virtudes del primer filme, la cohesión y carisma del grupo central, se pierde por completo, en tanto sus versiones adultas se muestran más caricaturescas y diluidas. El casting de estos es acertado desde la perspectiva de lograr versiones a gran escala de aquellos niños (que no deja de ser una versión ficticia de representar la madurez de un niño, que la mayor parte de las veces acabará adoptando un aspecto físico muy diferente), pero quedan lejos de hacer un trabajo tan bueno como aquellos (sabedor de esto, Muschietti vuelve a ellos muy a menudo). Sus relaciones, interacciones personales y conflictos se presentan de manera un tanto forzada y burda. El factor cómico de la primera, una de sus grandes virtudes, es aquí una mera sombra. Y el mayor problema, como muchos temían, es el guión de esta segunda parte, mucho menos interesante. El sector del rito y de la mitología de Eso se muestra distante, indiferente. Todo ello contribuye a hacer de este segundo capítulo un viaje más dilatado, ruidoso y repetitivo, en el que se sienten los minutos de su excesiva duración.

Los incondicionales del terror no pueden perderse esta continuación de la obra cumbre de King no pueden perderse la que es una de las películas más espectaculares de este verano. El factor más perturbador que encandiló al mundo está elevado hasta la crispación extrema. Pero la frescura, el factor cómico y la fluidez general del relato se ha perdido, en un filme estimable pero inane por sí sólo, y lejos de dejar el mismo sabor de boca.

Podéis leer más artículos de Nestor Juez Rojo en Celuloides en Remojo.

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