Críticas: Anna

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El instrumento femenino.

Aún con sus fallas y sus tropiezos, hay figuras en el panorama cinematográfico que son siempre fascinantes. Creadores y narradores cinematográficos que crean su propio estilo y toman constantes riesgos para encontrar vías de éxito con herramientas poco ortodoxas. Pocos han logrado tamaña envergadura productiva de manera independiente como el director y productor Luc Besson, a quién conocemos desde hace casi cuarenta años. Realizador que se dio a conocer desde el mundillo del cine de culto independiente con su hiperviolento y descarado estilo para, desde los 90, tocar el mainstream en Estados Unidos con clásicos como El quinto elemento o la excelente León el profesional y encomendarse a construir su propia gran productora de gran cine comercial francés, EuropaCorp. Casa de superproducciones extravagantes con la que no cesa de experimentar pese a encadenar varios fracasos. El mundo dio la espalda a la hortera y simpática Valerian y la ciudad de los mil planetas, por lo que en esta ocasión busca rédito en la taquilla veraniega con una jugada mucho más eficaz, modesta de producir.

Hablamos de Anna, película de acción y espionaje protagonizada por la modelo rusa Sasha Luss. Película de protagonista femenina fuerte y sexualizada que encapsula perfectamente el pasatiempo ligero que demanda la audiencia en estas fechas. Filme de atractivo material promocional, pero respaldado con una negativa recepción crítica. Lo cual no fue necesariamente un inconveniente para desear cubrir el estreno, viendo el mal recibimiento al que el cine de Besson está habituado. Escribo pues unos párrafos sobre un filme en absoluto extraordinario o memorable, pero sí disfrutable entendido desde sus propias reglas. Un filme juguetón y vigoroso que se pierde en sus retruécanos y abusa de estereotipos, pero que atrapa tu atención durante todo el metraje.

Inicios de los 90, la Guerra Fría vive sus últimos coletazos en un ambiente de tensión extrema entre la CIA y la KGB. Un tablero gigante de ajedrez de intrigas y secretos en el que letales y despersonalizados peones de batalla jugaban un papel fundamental. Peones como la bella Anna, vapuleada por la vida desde tierna edad y blanco perfecto para los despiadados métodos de entrenamiento de la KGB. Atrapada por promesas de libertad y protección a ambos bandos, la letal agente trazará su propio camino en un obstaculizado laberinto de dobles identidades. Una película de espionaje ruso con múltiples giros argumentales y saltos temporales hacia delante y hacia atrás, de modo que se busque siempre un efecto sorpresa. Lujo, moda y dinero alrededor del mundo en un sensualizado juego cruzado puntuado con momentos de estilizada acción brutal. El filme tiene un ritmo endiablado, navegando con acierto por sus valles dramáticos. La rítmica banda sonora juega un papel importante para lograrlo, pero también la eficacia con la que está planificada el filme, usando para su beneficio una presumible limitación presupuestaria: se fragmenta lo menos posible, grabando la mayoría de las acciones en travellings de seguimiento.

El guión es atractivo, y bien es cierto que se logra que nunca esperemos lo que va a ocurrir. Y pese a lo enrevesado de la narrativa, en última instancia se lee de manera cristalina. Todo gira alrededor de una mujer que tanto con su primer novio, como en el mundo de la moda como en el de espías, es una esclava sin libertad ni albedrío que debe usar su feminidad, el sexo y la violencia tanto como arma como razón de ser. Ella es su única amiga, y la salvación debe encontrarla sola.

Aún siendo una modelo que enarbola hasta el extremo su belleza y sensualidad como medios para conseguir sus fines, algunos escarceos e instantes parecen no perseguir más fin que el placer escopófilo de una mirada eminentemente masculina. Si bien se usa al salto porque una trama lineal no lograría sorprender de la misma manera, pasados los tres giros lo que tercia es abusar de este recurso en pos de un efectismo perezoso. Aún sin llegar a tomarse nunca en serio a sí misma, la película cae presa de clichés y estereotipos al retratar diferentes nacionalidades, en lo que no ayuda un trabajo pobre en la escritura de diálogos. Todo aquel que vaya al cine esperando la acción que prometía el tráiler se verá decepcionado, pues aunque son excelentes sólo hay dos en las dos horas de metraje. Al abandonar la sala percibes que, tras tanta verborrea, danza briosa y carrera con requiebros, no hay miga alguna que recordar.

Si eres un aficionado al cine de espías ambientado en la Guerra Fría y sientes una debilidad especial por el cine de Besson, pasarás un buen rato en la sala de cine. Pero no nos engañemos, hablamos de un pasatiempo muy ligero que sólo proporciona solaz durante los 112 minutos de proyección.

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