Críticas: Súper empollonas

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La última gran oportunidad.

Una última noche para divertirse como jamás hasta ahora. Amy y Molly son las primeras de la clase, las mejores en todo y han entrado en universidades de prestigio. Ahora bien, nunca salen de fiesta. La noche antes de la graduación del instituto deciden ponerle remedio. Y, claro, será a lo grande. La actriz Olivia Wilde debuta con muy buena nota en la dirección con este cruce de coming-of-age y comedia gamberra que resulta ser un estupendo entretenimiento, sobre todo, gracias a la química entre las dos protagonistas y a una galería de personajes secundarios dosificados en su justa medida para ser desternillantes en todo momento.

La etapa del instituto en Estados Unidos complica mucho más la de por si complicada adolescencia. Al menos esto se desprende siempre de todas las ficciones literarias, cinematográficas y televisivas que se enmarcan en el período de crecimiento personal y del descubrimiento de parte fundamental de la propia identidad. Súper empollonas llega este verano como respuesta femenina a la notable Supersalidos una década después. Aunque, más allá del título en castellano y algunos gags de tono similar, distan bastante la una de la otra. Eso sí, ambas forman parte de la nueva comedia americana que suele ser maltratada por parte de cierto público anclado en el pasado. En términos generales, la comedia suele ser un género maltratado, quizás, porque cuesta encontrar en la cartelera actual buenas, notables o grandes comedias. En las últimas semanas han coincidido dos muy potentes esta Súper empollonas y la muy reivindicable Casi imposible.

Al empezar el pase de este debut de Olivia Wilde me encontré una sorpresa: está producida por Megan Ellison y su sello Annapurna Pictures, la mejor productora del Hollywood de la última década. Buenas vibraciones desde buen principio confirmadas conforme la película se va desarrollando aupada en un finísimo guion, cuya gran baza son dos protagonistas muy carismáticas, alejadas de estereotipos y representando un mundo femenino libre, empoderado y, sobre todo, labrado desde la óptica femenina de las guionistas y la directora. Mayor y mejor representación. Kaitlyn Dever y Beanie Feldstein, fogueadas en roles secundarios en anteriores películas, se revelan como dos jóvenes promesas para seguir muy de cerca. Ambas están divertidísimas en su vis cómica y muy convincentes en sus instantes más dramáticos.

Súper empollonas adolece de su propia estructura narrativa, comprimida mayormente en la noche de juerga de la clase y con las sucesivas aventuras de las protagonistas, que no siempre resultan divertidas en el mismo grado, aunque varias de ellas aguardan algunos de los mejores gags del año (el profesor conductor de Uber o la aparición recurrente de una compañera de instituto). No obstante, a lo largo de todo el metraje, Wilde demuestra tener un lúcido sentido por el humor, tanto el refinado como el más gamberro, y una apuesta visual muy atractiva; sin duda alguna, un debut muy prometedor. Es difícil encontrarse con una comedia adolescente tan refrescante e inteligente como esta y más teniendo en cuenta que hable de una forma tan libre y natural de ciertos temas (el sexo), a menudo, tabúes, sin ningún tipo de corsés prejuiciosos. Súper empollonas es la sorpresa más gratificante de este verano. Y una constante fiesta, la última oportunidad de dos chicas de adueñarse de su presente y futuro, sin dejar de ser ellas mismas. Todo ello desde la diversión más absoluta.

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