Críticas: Spider-Man: Lejos de casa

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Tomando el relevo.

Los tiempos cambian, pero los grandes héroes permanecen. Los personajes más populares de nuestra cultura popular encontrarán siempre encarnaciones cinematográficas en las que seguir ofreciendo relatos a nuevas generaciones de espectadores. Más aún si estos pueden integrarse en franquicias conglomerados de perpetuas entregas que preserven el universo interconectado. Otrora héroes griegos o vaqueros, hoy superhéroes. Y pocos superhéroes más queridos que el amigo y vecino Spider-Man. Personaje revigorizado desde su integración en el Marvel Cinematic Universe, gracias al inesperado acuerdo de colaboración entre Sony y Marvel Studios. Vengadores: Endgame arrasó recientemente la taquilla y cerró muchos arcos de maneras satisfactorias para hordas de fans, más felices que nunca. Pero ya han pasado tres meses, y hay que mantener la maquinaria funcionando. Por ende, tenemos una nueva película, el último filme de la abarrotada Fase 3. Esta es Spider-Man: Lejos de casa, secuela de Spider-Man: Homecoming dirigida de nueva por Jon Watts. Aún sin ser ninguna maravilla, la primera aventura en solitario del nuevo hombre araña fue una grata sorpresa, y una de las mejores películas de este universo narrativo. Por tanto, no soy quién para hacer ascos a nuevas andanzas del simpático personaje. No sabía bien que esperar, pues el mundo de las secuelas siempre conlleva el riesgo del acomodamiento. Y conociendo la película de la que veníamos, que esta fuera una etapa de transición urdida con alguna excusa narrativa para impostar relevancia en el arco general de las cosas era otra inquietud con sentido. Pese a ello, me dirigí al pase con optimismo y dispuesto a disfrutar. Y aunque muchas de estas sospechas eran ciertas, me encontré con una divertida y noble secuela, sorprendentemente ambiciosa. Una aventura más peligrosa que implicará que Peter madure como el nuevo gran héroe que la gente necesita, a la vez que concilia su vida personal y amorosa. Estirada y simplona en su aspecto juvenil, ingeniosa en su parte fantástica. Un loable entretenimiento.

Tras el chasquido de Thanos y los sucesos de Endgame, el mundo de Peter y sus compañeros ha cambiado para siempre. Los Vengadores ya no son la garantía contra amenazas sobrenaturales. Nuevos ataques de desconocida proveniencia azotan el mundo mientras Peter y sus compañeros se van de vacaciones por la vieja Europa. Debidamente asesorado por viejos y nuevos aliados, Spider-Man deberá elevarse a la altura de la situación y probarse como el heredero de uno de los personajes icónicos de la serie. Spider-Man se sigue haciendo Spider-Man, iniciando en esta ocasión su nuevo camino en solitario. Una comedia veraniega refrescante y dinámica aderezada con secuencias de acción y secuencias que avancen los arcos dramáticos de una serie a la que se remite de manera perpetua en numerosos guiños. El guión de esta película es exigente, brindando un villano de seductora naturaleza, parafernalia e intenciones, y uniendo orgánicamente al devenir de Parker a secundarios clásicos de la saga. Gran villano, interesante conflicto y frenético desarrollo de las diversas batallas alrededor de exóticas localizaciones. Brillan con luz propia unas secuencias escapistas en su tercer acto, exuberantes en su puesta en escena. Avispada y ligera montaña rusa no exenta de momentos de tensión y emoción, que harán las delicias de los adeptos arácnidos. Tom Holland exhibe de nuevo su carisma y compromiso con el personaje, y Jake Gyllenhaal se integra en el entramado con la eficiencia que le caracteriza. Si algo queda claro en este largometraje, por como se está estructurando su evolución, es que a este nuevo Peter Parker le queda cuerda para rato.

Uno de los elementos más acertados de la primera parte, el tono de comedia de adolescentes, se torna burdo y caricaturesco en esta ocasión, estando sus amigos juveniles mucho peor perfilados que en aquella ocasión. La comedia es en esta ocasión mucho más tontorrona, apoyándose mucho en personajes ridículos. Allí donde son creativas en concepto, la planificación visual de los momentos de acción es abarrotada y agotadora, y la puesta en escena del resto de situaciones del relato es extremadamente plana. Es más grande que Homecoming, pero menos concisa y compacta que aquella. Su constante diálogo con una comunidad de fans asentadas desde hace una década es tal que el ajeno a esta fiebre marvelita encontrará aquí poco que saborear.

Un ameno y funcional pasatiempo veraniego con el que refrescarnos en las salas hasta que amaine el calor, y una nueva entrega en la línea general de la vasta franquicia. Da lo que ofrece, y los que contaban los días para verla se verán ampliamente satisfechos.

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