Críticas: Annabelle vuelve a casa

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Una noche para purgar miedos internos.

Los sucesos en la casa de los Perron en Expediente Warren: The Conjuring ya eran suficientemente aterradores en manos del maestro James Wan, pero una presencia mínima en la casa del matrimonio Warren acaparó muchas miradas por sí sola: la muñeca Annabelle. Su quietud, su mirada penetrante y su horripilante rostro provocaron sustos por doquier. El universo cinematográfico de los Warren se expandió y resultaron, entre otros spin-off, dos precuelas de la muñeca narrando sus orígenes y fechorías. La tercera entrega que ahora se estrena es la mejor de todas ellas y la mejor de la saga The Conjuring desde la segunda entrega dirigida por Wan.

Aunque de forma más bien anecdótica, Vera Farmiga y Patrick Wilson retoman los papeles de Lorraine y Ed para centrar la nueva historia en su casa, repleta de artilugios y espíritus en una habitación reservada a sus descubrimientos de fenómenos paranormales. Judy, la hija de los Warren, es la verdadera protagonista de Annabelle vuelve a casa junto a Mary, su niñera, y Daniela, su mejor amiga. Precisamente, es esta última la causante del despertar maligno de la peligrosa muñeca al abrir la caja de pandora (la vitrina de cristal donde resta resguardada) y liberar varios poltergeist de la estancia en el hogar de los Warren. Daniela se encuentra sumida en un profundo sentimiento de culpabilidad debido a la repentina muerte de su padre en un accidente de coche cuando ella conducía el vehículo. La aventura terrorífica de las tres protagonistas se acontece como la purga de los miedos internos; también la hija de los Warren, señalada públicamente por la vocación de sus padres y marginada por sus compañeros y amigos de clase.

Annabelle vuelve a casa supone la ópera prima de Gary Dauberman, productor y guionista de películas recientes del género como la nueva adaptación de It u otros spin-off del universo Conjuring. Para tratarse de un debutante, el director se revela como un digno sucesor de James Wan y como un alumno aventajado del cine de terror. Es consciente de los lugares comunes del género y saca partido a todo tipo de situaciones con una buena ristra de sustos, juegos de engaños muy bien traídos y con apuntes cómicos para rebajar la tensión. En el prólogo (por cierto, estupendos primeros quince minutos), los Warren se detienen ante la puerta de un cementerio: Ed intenta arreglar el motor del coche, Lorraine se orienta en un mapa de carreteras, lo despliega ocupando todo el campo de visión de la ventanilla, algo o alguien parece acercarse hacia el coche, el mapa no le deja ver nada, guarda el mapa, pero detrás resulta no haber nada. He aquí la primera ingeniosa mentira en el estupendo juego de gato por liebre que profesa Dauberman. El director logra transmitir angustia y terror con objetos tan nimios como el juego de mesa Tocar y Sentir, un vaso de agua, un piano o un medallón con fotografías. Trucos que funcionan con la precisión de un reloj suizo cuando hay un director con ideas al timón.

Annabelle vuelve a casa está lejos del nivel artístico del díptico Expediente Warren: The Conjuring, pero sí se trata del mejor de los cinco spin-off estrenados hasta la fecha. Su gran baza es poseer una gran historia y tres buenos personajes que no están al servicio de la aventura de terror, sino al contrario, la trama central propia del género, con el despertar de los espíritus, es el vehículo idóneo para ahondar en los miedos internos de ellas tres. La muñeca Annabelle es la caja de truenos abriéndose los senderos del mal en la tranquilidad de un anoche cualquiera, pero el verdadero protagonismo de la película recae en la voluntad de reconciliación entre vivos y muertos y la hermandad entre sufridores. Una buena película de terror con todos los alicientes necesarios para ser disfrutada en su doble vertiente.

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