Críticas: X-Men: Fénix oscura

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Digno carpetazo mutante.

Los X-Men inauguraron el fenómeno del cine de superhéroes con las dos entregas de Bryan Singer a principios de los años 2000, aunque anteriormente se estrenaron adaptaciones dilatadas en el tiempo de los sempiternos Batman y Superman. Ahora con este tipo de producciones alcanzado cotas de éxito y fervor crítico por doquier, la franquicia de los mutantes se resintió cualitativamente con Apocalipsis, sobre todo, tras el excelente reboot con Primera generación. La saga pone y punto final (aparte, si se prefiere, a la espera de saber qué hará ahora Disney con los derechos al comprar 20th Century FOX) con Fénix Oscura, un cierre digno, lejos del desastre que auguran desde el otro lado del Atlántico, pero con el regusto de ser un filme muy por debajo del potencial de sus personajes y de la historia escogida para cerrar el viaje de Xavier, Mística y compañía.

Quizás también condicionados por la fallida anterior entrega, cuyo recuerdo se ha desvanecido en la memoria de este plumilla, X-Men: Fénix Oscura funciona mejor de lo que aparentemente ofrece en sus sencillos y acomodados resultados. La película gira en torno a Jean Grey, uno de los más estimulantes de la estirpe mutante, que en manos de Sophie Turner, solvente en su cometido, prende una áurea mesiánica al centrarse en la trama de los cómics sobre su ascenso a un nivel superior y su apabullante mente repleta de contradicciones. No obstante, pese a fiar el eje vertebrador argumental a este personaje, la película no genera la emoción ni empatía de los mejores títulos de la franquicia. Todo se va viendo con agrado, con la simpatía que uno tiene hacia todos ellos, pero con la sensación de que es un adiós que debería haber llegado antes, sin resultar tan decepcionante. Es el mismo sentimiento que provoca una serie de televisión cuando en sus primeras temporadas te gustaba muchísimo, luego iba perdiendo fuelle en las siguientes y, finalmente, el último capítulo te sirve para reconciliarte en cierto modo, pero con la sensación amarga de lo que fue, pudo ser y terminó siendo.

X-Men: Fénix Oscura parte con cierta desventaja al ser el debut del productor y guionista Simon Kinberg y no destacar precisamente en su estreno de gala detrás de las cámaras. En las escenas de acción, planas y rodadas sin gracia alguna, consigue que hasta se eche de menos a Bryan Singer; tampoco se muestra especialmente desenvuelto en la construcción del dibujo dramático de los protagonistas ni el desarrollo de sus motivaciones, la gran baza de X-Men, X-Men 2 y X-Men: Primera generación, incluso de la denostada con injusta acritud Días del futuro pasado. El punto de partida de la presente película y el motor de todo lo que acaece a continuación, cuyo contenido es mejor no desvelar, debería haber sido un punto culminante en la saga, pero la frialdad se apodera con fuerza en el patio de butacas. Solo la conexión con el universo mutante en sus mejores capítulos es capaz de generar algún tipo de sentimiento en el espectador. Una enorme lástima desaprovechar el calado emocional de esa secuencia.

Otro de los aspectos más lúcidos de la saga siempre ha sido su componente político y su crítica hacia la desigualdad y los prejuicios raciales; en tiempos de Trump sorprende que su mensaje sea nulo, aunque quizás todo esté condicionado por la era actual del blockbuster acomodaticio. Ahora bien, no hay nada peor en X-Men: Fénix Oscura como los villanos de turno, capitaneados por una ausente Jessica Chastain, una amenaza que resulta en todo momento anodina, más aún cuando el alzamiento de Jean Grey es cinco veces más peligroso que esta patrulla de mindundis. La irrupción de esta banda y el personaje de Chastain en particular es abrupta, sin ningún contexto ni explicaciones de los porqués de sus intenciones, una pieza del rompecabezas que no encaja más allá de la necesidad de incrustar del modo que sea unos malos de la función.

X-Men: Fénix Oscura es un final de saga óptimo, que cumple, pero la desgana de los fans ante los resultados de los últimos capítulos, parece haberse adueñado de sus responsables y ofrecen un capítulo tan efectivo como olvidable en pocos días. El carpetazo definitivo tenía que llegar de una vez, causa estupor observar hasta que límites la franquicia ha caído, pero al menos, desde la solidez y la estima, han cerrado con un sentido homenaje a todos ellos. Un desenlace digno, entretenido, pero largamente insuficiente si echamos la vista atrás.

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