Críticas: Men in Black International

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Estandarizando el paseo alienígena.

Si hay algo que podemos estar seguros de que los grandes estudios de Hollywood seguirán haciendo hasta el fin de los tiempos es exprimir sus franquicias en taquilla hasta que estas den su último centavo. Sony Pictures no iba a ser menos, más aún tras años de ser la que se queda rezagada en éxitos de taquilla. Y pueden ser objeto de este afán de exprimir beneficios franquicias que parecían olvidadas. Como es, en este caso, la de las comedias de ciencia ficción basadas en el cómic homónimo Men in Black, iniciada hace ya 22 años con su estupenda primera parte. Serie que, también hay que reconocerlo, no ha tenido mucho más que ofrecer desde entonces, pese a que servidor disfrutase con su tercera entrega. La reiteración conllevó estancamiento, motivo por el cual se esperaban novedades con el lavado de cara de esta nueva entrega. Se estrena en España este viernes Men In Black: International, película encarada por un nuevo director y con un nuevo reparto, con la única excepción de Emma Thompson como hilo conductor. Perdíamos la exuberancia de Will Smith, pero se intercambiaba por la química y carisma de Tessa Thompson y Chris Hemsworth. Poco se sabía del proyecto, y un embargo nunca es buena señal, pero no había razón para negarle el favor a una nueva aventura en un universo narrativo que mantiene su atractivo y personalidad. Y he ahí el aspecto más evidente de Men In Black: International: su falta de personalidad, su limitación a ser un pasatiempo aceptable tan entretenido como inmediatamente olvidable. Un divertimento plano sin atisbos de creatividad ni energía que es una película más de la saga, que en lugar de novedad vuelve a enseñarnos lo mismo de siempre. Esta vez, despojada de muchas de las virtudes que le hicieron tener sentido.

La inquieta y perspicaz Molly (Thompson) desea integrarse en la estructura de la secreta organización gubernamental de protección alienígena Men In black desde que presenció a un par de agentes en acción cuando era niña. Tras años de búsqueda logra su sueño, y empieza a trabajar con el otrora célebre y reputado agente H (Hemsworth). Se verán envueltos en una trama de armas intergalácticas de extremo riesgo, en el que parece que el cuartel general de los MIB en Inglaterra ya no será un lugar de confianza. Una clásica aventura en la que una pareja recién formada, integrada por un veterano y un novato, un juerguista y un aplicado (roles invertidos en esta ocasión), se irán conociendo y desarrollando una gran química y confianza a través de una misión vital para la supervivencia de la Tierra con múltiples giros y obstáculos en el camino. El fan pasional de la entrega original se reencontrará en esta cita con numerosos elementos que le harán sonreír. Se mantiene la iconografía, el diseño de las criaturas y la atmósfera establecida por la ya icónica banda sonora de Danny Elfman. La pareja protagonista es apuesta y tiene gancho, por lo que son suficientes para entretener en un filme sin pausas ni tiempos muertos. Producción vistosa que se pasea por varias ciudades atractivas, y que ofrece nuevas razas para el especiario de la serie. Una película que, vaya, no es más que lo que pretende ser, y afronta con sinceridad la intención de ofrecer un pasatiempo ligero. Está ejecutada con funcionalidad, y no molesta desde ninguna perspectiva. Según la actitud del espectador, con esto puede ser suficiente.

A aquellos que esperábamos algún remodelado, podemos darnos con un canto en los dientes. Es una película más de Men In Black, pura retromodernidad en piloto automático. Todos los elementos reconocibles pero sin el encanto de la obra fundacional, un sucedáneo sin el sabor del producto al que imita. La creatividad de los diseños es harto menor, así como de la puesta en imagen, en una realización, plana, impersonal y con un claro sabor a falso, con continua sensación de chromas y efectos visuales mal integrados por el enfoque fotográfico de iluminación blanca neutra. El carisma de los nuevos personajes no llega a la suela al de la dupla original, debido también al material con el que tienen que trabajar, pobres diálogos de un relato que se ve venir a leguas. Pero el gran fracaso es el humor, núcleo del éxito de la primera película y que aquí funciona realmente poco (apenas una sonrisa ocasional, también con las cargantes intervenciones del alivio cómico doblado por Kumail Nanjiani). Carencias evidentes de una película eminentemente innecesaria.

Si deseas invertir dos horas de tu existencia en una fresca sala de cine para entretenerte sin necesidad de invertir demasiado esfuerzo interpretativo, es este un filme conveniente que cumple la papeleta con profesionalidad y no defrauda en lo poco que promete. Para cualquier otra cosa, nada hay aquí que escudriñar.

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