Críticas: John Wick: Capítulo 3 – Parabellum

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¡Más violento, más alto y continúa acertando!

¿Dónde nos quedamos? Exactamente en el mismo punto donde arranca este tercer capítulo de la franquicia John Wick. Como si de un nuevo episodio de televisión se tratara y hubiese que esclarecer todas las dudas planteadas en el último cliffhanger, la acción nos sitúa en las calles de Nueva York, bajo una fuerte tormenta, con el protagonista corriendo junto a su nuevo perro en una carrera a contrarreloj huyendo de una horda de sicarios que tienen la misión (y jocosa recompensa) de asesinarlo. Escapar de la brutalidad de sus compañeros de profesión hasta pocos minutos antes se convertirá en una trepidante persecución de dos horas en la que Wick va saltando de un nivel a otro, incluyendo metáfora visual mediante un edificio acristalado, que remite a la estética de los filmes asiáticos del estilo.

En 2014, David Leitch y Chad Stahelski revolucionaron el cine de acción con el estreno de John Wick (Otro día para matar), lograron un inesperado éxito de taquilla y coronar su debut como una película de culto. Una triple carambola que llevó al primero a fichar para dirigir las nuevas entregas de Deadpool y Fast & Furious y al segundo a tener carta blanca para rodar dos secuelas. Ahora llega la tercera y el estudio ya ha anunciado una cuarta para dentro de dos años. Cine de acción preocupado por su estética visual, la definición de un personaje inusual en los blockbusters dirigidos a todos los públicos, la creación de un universo rico en su planteamiento y desarrollo y una apuesta valiente por una ruptura total con todo tipo de prejuicios y moralidad imperante. Por si no fuera poco, cada nuevo capítulo de hazañas de John Wick es más violento y sorprendente que el anterior.

De hecho, justo ahí radica la gran baza de Parabellum, puesto que la fórmula no es que no muestre síntomas de agotamiento, sino que funciona como un tiro una y otra vez con (semi)reinvenciones que insuflan energía a los relatos trillados de venganza y fugas con decenas de enemigos a los que nos tiene acostumbrados el género. Solo por la majestuosidad de las coreografías en las secuencias de lucha, el estilismo con la cámara y el uso del espacio, la saga ya es infinitamente más interesante que cualquier película de acción contemporánea, obviando, eso sí, la mejor saga (Misión: Imposible). Esta tercera entrega, por ejemplo, tiene algunas escenas asombrosas como la de la biblioteca con un libro emergiendo como arma implacable o la asimilación del ballet como el arte más cercano al cuerpo a cuerpo de vida o muerte así como el apoteósico pasa pantallas, como si de un videojuego se tratara, del escalafón del tercer acto. Por el contrario, la parte central de la película, desarrollada en Marruecos, resulta mucho menos efectiva y el global se resiente de este acusado declive en la trama y el sentido del espectáculo pierde la frescura de las dos primeras entregas.

La tercera entrega expande el universo planteado en la anterior secuela ahondando en los recovecos de esa sociedad dedicada única y exclusivamente a la violencia, a la resolución de conflictos por vía de la muerte más sangrienta y lúdica de cara al espectador. Chad Stahelski parece buscar en todo momento el aplauso (o la sorpresa y nervios de los más aprensivos), pero es parte del juego propuesto desde el inicio por la saga; la veracidad no es la espina dorsal del guion, pero sí la verosimilitud en esta urbana guerra total. Mientras el Park Chan-Wok de la trilogía de la venganza celebra con admiración la apabullante belleza y maestría visual de las secuencias de acción, la saga alcanza nuevas cotas de subersión de los códigos establecidos y amplía el potencial culto de su legado.

John Wick: Capítulo 3 – Parabellum es la constatación de que desde dentro de la industria pueden surgir estupendos blockbusters que apuesten por una revisión de un cine a contracorriente respecto al buenismo imperante y fijen su seña de identidad en una cuidada puesta en escena, una riqueza en el planteamiento de sus set-pieces y una voluntad férrea de lograr el beneplácito del público con un festival de mamporrazos. Además la saga cuenta con un entregadísimo Keanu Reeves de sicario a vueltas con la vida. Una gozada para aquellos que estén dispuestos a dejarse llevar.

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