Documenta Madrid 2019: crónica 3
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Dos piezas únicas en Documenta Madrid.

Es maravilloso ir al Documenta Madrid de siempre, el que te hace encontrar nuevos lugares y nuevos tiempos llenos de belleza y significado. Y no digo significado del que puedan intentar colarnos con calzador, ese que surge a veces de la pantalla y vuelcan sobre ti como si fuera una suerte de Ice Bucket Challenge. No, yo hablo de un significado mucho más valioso, ese que no surge de las pantallas sino que nace en las butacas. Documenta Madrid existe para despertarnos y, en una de tantas jornadas, esto es lo que hemos descubierto.

El hogar hay que ganárselo. Es cierto que el hogar es el lugar donde se es reconocido y querido, pero más cierto es que el abandono, que no la emigración a secas, termina gastando el cariño que toda la familia siente por aquel que se ha ido. Esta reflexión nos viene al ver al anciano tío de Sami en Xalco, una película dirigida por Hind Benchekroun y Sami Mermer. En este largometraje documental, el director vuelve a su pueblo natal para hacer un retrato intimista sobre sus gentes: un grupo de mujeres que han visto partir a todos sus hombres. Se van a Europa para volver viejos y gastados; pero esto sólo es el envoltorio del documental, el contexto del que se rodea este interesante viaje.
Xalco ahonda en la psicología de la mujer, la trata con cariño y se esfuerza por mostrarnos tanto las alegrías como las desgracias de sus personajes. Benchekroun y Mermer son dos observadores de una realidad directa, casi al estilo de un Ross Mcelwee sin voice over. En esta película hay una cercanía que podría llegar a vulnerar la intimidad, si los personajes mostrados no fueran tan fuertes. Con un estilo centrado en conseguir una narración verosímil, los directores se centran en mostrar sin embellecer el espacio ni hacer un rebuscado trabajo técnico; un precio que hay que pagar por llegar a mostrar la vida familiar sin arrebatar el momento de verdad al espectador.

Sin más, vemos un ambiente cotidiano en el que se juntan las quejas y los deseos de estas mujeres mientras ordeñan a las cabras del pueblo. Pero en estas mujeres hay algo mucho más interesante que un montón de comentarios hilarantes. Podemos ver en ellas un cierto espíritu combativo que la supervivencia siempre saca a relucir. Las mujeres de Xalco echan de menos pero también conservan esa integridad que solo el formato documental es capaz de mostrar. Con sus risas y sus lágrimas, Xalco es, tal vez sin saberlo, un alegato feminista desde corazón de Turquía.

La ciudad oculta

Pocas veces he salido de un documental pensando que lo que realmente se había proyectado ahí pertenecía a la ciencia ficción. Con La ciudad oculta han confundido a mis sentidos una vez más en un escenario tan real como escondido. ¿Cómo pensar que existen tantos y tan variados escenarios bajo nuestros pies? ¿Cómo imaginar que todo el aparato cinematográfico puede dar un cierto orden a todo ese caos ocurrido bajo tierra?
Pues bien, La ciudad oculta es todo lo que quisiste saber sobre el subsuelo de una ciudad y nunca te atreviste a preguntar. Es un conjunto de espacios, luces y penumbras que podríamos ver en alcantarillas, túneles de metro, espacios abiertos pero que huyen de la luz natural. Y como elemento que se aleja de la realidad humana y supera nuestra concepción cotidiana, se plasman en la imagen nutriéndose del imaginario fantástico. Casi podemos ver a Alien correteando salvajemente en las sombras de un Nostromo que late sin cesar. Escuchamos los ecos y el caos, maraña de sonidos que conviven en lo subterráneo. Podemos incluso sentir miedo y repugnancia al percibir una sombra que podría perfectamente ser aquella “cosa” que amedrentaba a Kurt Russell… pero no, no temáis por que en realidad es una ciudad cualquiera vista desde una perspectiva nunca mostrada hasta ahora.

La ciudad oculta es un ejercicio sintáctico fuera de serie. Una fotografía que consigue componer en la penumbra y un sonido que te clava en el asiento. Una escritura clara y concisa de la que no pierdes un ápice hasta los últimos créditos. Sin duda su director, Victor Moreno, que también nos otorgó el derecho a ver Edificio España (2012), y el equipo implicado nos han dado una pieza que rezuma una cuasi perfección holística digna de una palma de Oro en Cannes.

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