Críticas: Sombra

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Dialéctica de opuestos.

Cuando la práctica totalidad de la oferta de la edición de Cannes 2018 ha llegado a nuestras pantallas, todavía nos quedan por recibir algunos platos del menú veneciano. Entre ellos hay, dicho sea de paso, opciones suculentas. No sólo en competición oficial, sino también fuera de concurso. Es el caso de la película de la que hablamos hoy. Regreso esperado de todo un maestro del cine asiático, después de un traspié con coproducción chino-americana. Un retorno, además, en el género en el que ha recibido mayor reconocimiento. Me refiero, como habrán deducido los más suspicaces, el Xi´anés Zhang Yimou. Pues se estrena Sombra, nuevo wuxia (artes marciales en relatos feudales) que llega tras un entusiasta recibimiento crítico. Un apéndice más de un sugerente ramillete de producciones chinas que nos llegan en el mes de mayo. Un ejemplo único de cine comercial y con posibilidades y argumentos para atraer al gran público entendido desde el prisma y la personalidad del cine de autor. Servidor es aficionado del cine del chino, del que aún le queda demasiado por descubrir. Una propuesta de características formales eminentemente diferenciadoras que, cuando menos, merecen que les echemos un vistazo. Pase de prensa, por tanto, el que cubrí con entusiasmo, agazapado y expectante. Un nuevo ejemplo de cómo integrar adecuadamente el digital en nuestros relatos sin perder el estilo ni el atractivo formal. Y aún con unas reservas que dispondré a razonar en los próximos párrafos, abandoné la proyección altamente satisfecho con el filme que me había encontrado. Una película atractiva y elegante, y con muchos elementos que sustraer para la reflexión. Un acercamiento a las artes marciales cargado de melodrama y tragedia palaciega, pero con un entramado plástico realmente sugerente. Cine para disfrutar, compartir y recapacitar. Una ocasión idónea para regresar al cine de Yimou.

La ciudad de Ying ha sido conquistada por las fuerzas del General Yang, que se ha hecho con el poder de la misma, y los hombres del condado de Pei viven apartados de su ciudad en las montañas bajo las órdenes de un déspota. Uno de sus más preciados comandantes desafiará a Yang a una batalla con la ciudad en juego. Pero en su lugar, asistirá su sombra, a la que instruirá en técnicas especiales de combate con el uso de paraguas. Mientras se prepara la refriega, tensiones cruzadas y pasiones contenidas se desarrollarán entre nuestros protagonistas. Un drama de refinado estilo y apasionantes coreografías de acción y batallas con lanza y paraguas, planteadas como danzas bajo la eterna lluvia. Una película que seduce de continuo su acabado formal. Un acabado este que destaca por su radical decisión de corrección de color. Siendo fiel a su título y temático, el filme se desarrolla en un mundo de grises, de sombras y claroscuros, en el que el único elemento que tiene su color natural son las pieles de los protagonistas. La realización y diseño de los momentos de combate son de una excelencia y sofisticación tal que se produce un hechizo de ensimismamiento al completarlos. Espectáculo visual notable, contrapunteado con una potente banda sonora de cítaras. Cine de época recreado con minuciosidad pero que establece una identidad propia que traspasa los referentes de los que bebe. Una obra de madurez.

Allí dónde su acción nos deleita, su faceta dramática y su extensa plática trágica se desplaza en el leve alambre del adormilamiento. Durante su primera hora hay planteamiento y antesala del conflicto, la cual puede resultar farragosa por su estancia prolongada en el melodrama. Del mismo modo que su conclusión, cierre tan catártico como sorprendente por la articulación de sus giros narrativos, deviene anticlimático y excesivo en su descarnada violencia y masacre, la cual no viene respaldada por una implicación emocional que le dé peso. Elementos emocionales que son los que no acaban de consolidarse para ofrecer al espectador una experiencia plena. La etiqueta de gran película puede hacerle un flaco favor de cara a las expectativas del espectador que se acerque a la sala.

Una película, aténganse los que busquen tortas y fuegos artificiales, más circunspecta y contenida de lo que su material promocional puede dar a entender. Pero un oasis de alegría y regocijo para los amantes del cine asiática, y una propuesta que recupera las virtudes de obras cumbres del wuxia. Una película, Sombra, frondosa y plenamente recomendable.

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