Críticas: La llorona

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Engrasada cadena de sobresaltos.

Los días pasan y la sociedad se transforma, mientras algunas cosas se asientan y prosiguen con su proceder de manera inmutable. En el panorama cinematográfico, el fenómeno más asentado son las franquicias de duración infinita y los universos narrativos interconectados. Y más allá del MCU, pocos casos encontramos más rentables y mejor engrasados que el de los sucedáneos y primos de los Experimentos de los Warren apadrinados por James Wan, el ya asentado maestro del género. A partir de un primer excelente par de películas sobre investigadores paranormales, dirigidas por él mismo, ha perfeccionado la fórmula para poder producir incontables películas derivadas a partir de algún monstruo secundario de alguna escena de aquellas o de algún mito. La nueva película anexa, de la que os hablo hoy, es ya la más meridiana evidencia de una estrategia de producción en puro piloto automático.

Más alejada que nunca de la narrativa principal, se estrena La Llorona, primera de las dos películas de la franquicia que nos llegan este año e inspirada en una leyenda popular. La película de producción más pequeña y, con diferencia, la que llega con menos ruido y promoción previa, de manera sigilosa. En tanto siempre hallo algún grado de disfrute con estas películas, cubrí el estreno de buen grado. Informo por tanto al desprevenido lector de que La Llorona da exactamente lo que promete, ni una micra más. Lo que cabe imaginarse de ella con el material promocional y los productos antecedentes es, exactamente, lo que se encontrara en la sala de cine. Es un largometraje de absoluta intrascendencia, y desde luego, si no el peor, el más mediocre. Pero es a su vez el más carente de ambiciones y que va, directamente al grano. Café para los más cafeteros.

En el Los Ángeles de los años 70, la trabajadora social Anna García (Linda Cardellini) asiste impotente a la muerte por ahogamiento en el río de los dos hijos pequeños de Patricia Álvarez en uno de sus casos. Ella afirma que se los ha llevado La Llorona, un espíritu maligno que llora desde hace siglos y que ansía encontrar niños para llevárselos de su lado. Pronto este ente pondrá su atención en los jóvenes vástagos de Anna García, a la que le espera la más terrorífica de las pesadillas. Una película estándar de presencias sobrenaturales, carrusel de sobresaltos, amenazas del inframundo e iconografía cristiana como antídoto. Hora y media en la que no se cesa de situar a los personajes y al espectador en una tensa sucesión de instantes de desasosiego y perturbación ligera, pavor de azúcar. Un capítulo más en una tradición refirmada en taquilla y cada vez menos exigente consigo misma, en vista de lo fácil que ameniza al respetable. No en vano es iluso negar que, desde el prisma de sus limitadas aspiraciones, el filme funciona. Los jump scares, aún viéndose venir a leguas, te agarran a la butaca, el interés de la mitología de la amenaza se preserva y, en tanto breve, el filme jamás nos aburre y no llega a ofender en ningún momento. Una película que logra lo que pretende, está facturada con eficiencia y es honesta con los elementos de los que dispone y la extrema pobreza creativa de la mezcla que ofrece. Terror irrelevante, pero funcional y ameno.

La personalidad, frescura o mensaje interesante que substraer para el recuerdo brillan por su ausencia en la más empaquetada y estereotípica de las películas de sustos. Sustos que, pese a su efectismo y factor alto de entretenimiento, están gestionados y articulados con la estructura más convencional, predecible y perezosa. El tono y el estilo en la realización son fluctuantes e inconsistentes, los personajes son finos, sosos y carentes de personalidad alguna y los clichés se amontonan. El infame diseño sonoro evidencia hasta extremos ridículos la llegada del siguiente grito, y tanto el oscuro acabado visual como la inane banda sonora contribuyen a hacer del conjunto un metraje con poco aderezo, falto de algo que alarme al espectador veterano y familiarizado con este universo más allá del brinco momentáneo.

Con esto y un bizcocho, sólo queda recomendar La Llorona a fanáticos de las andanzas de los Warren y aquellos que disfruten como si no hubiera un mañana de los jump scares. El resto, harán bien en alejarse y acomodarse en la proyección de cualquiera de tantas otras ofertas que la cartelera nos brinda.

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