Críticas: Cementerio de animales

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Miedo y temores interiores.

El universo literario de Stephen King ha nutrido el cine de terror de las últimas décadas con adaptaciones más o menos inspiradas y mejor o peor recibidas por los acérrimos del escritor estadounidense. Cementerio de animales, una de sus novelas más terroríficas, ya gozó de una versión cinematográfica en 1989 que, tres décadas después, ha caído bastante en el pozo del olvido. Ahora el tándem formado por Dennis Widmyer y Kevin Kölsch estrena una nueva aproximación con la voluntad de aprovechar la nueva ola que ha vuelto a poner en boga el género, tan denostado desde ciertos sectores de la cinefilia desde tiempos inmemoriales. Todas las señas de identidad del estilo King impregnan este buen filme, aunque escaso de ideas y encorsetado en todos los lugares comunes de las historias cortadas por el mismo patrón.

Una familia feliz encara una nueva etapa de sus vidas con mucho entusiasmo. La mudanza de la vertiginosa Boston hacia un entorno rural mucho más tranquilo. ¿Cuántas películas de terror arrancan con sus personajes de este modo, en el interior del coche viajando por carreteras rodeadas de árboles? Desde El resplandor, precisamente Stephen King otra vez, pasando por el grupo de amigos de Posesión infernal hasta otro estreno reciente como Nosotros. Un recurso narrativo trillado que siempre funciona como punto de partida para alejar a los protagonistas del resto de la sociedad y aislarlos en su incierto porvenir. La familia protagonista, los Creed, compran una casa cuyos terrenos incluyen un cementerio legendario dedicado al culto de las mascotas de los vecinos del pueblo. Una propiedad nada halagüeña que supondrá el principio de la eclosión de los temores internos de cada miembro.

El padre arrastra un sentimiento de culpa devastador, la madre convive con un trauma de su infancia que renace de su cicatriz mal sanada, la hija se desvive por su gato que sufre un trágico accidente y el más pequeño empieza a tener unas visiones fantasmagóricas muy espeluznantes que recuerdan a las de Danny con su triciclo por el Hotel Overlook. Todo ello amedrentado por las leyendas y mitos contados por su enigmático vecino Jud (estupendo John Lithgow) que pone en bandeja toda la atmosfera aterradora. El cine de terror debe albergar dos piezas fundamentales en su columna vertebral: dar miedo (y no con simples sustos milimetrados o villanos horripilantes) y contar con unos personajes e historia potentes, de igual modo que un drama, un thriller o un musical. Ahí radica la grandeza de películas como Expediente Warren: The Conjuring, Psicosis o La semilla del diablo.

Esta nueva versión de Cementerio de animales tiene ambos ingredientes y la dupla de cineastas maneja acertadamente los códigos del género para sobrellevar la tensión y la intriga sin abusar de los artificios en una producción de gran estudio (Paramount Pictures en este caso). Por otro lado, el drama íntimo de la familia funciona en todo momento como reflejo de los traumas de cada uno, sus preocupaciones o, en el caso de los inocentes niños, sus temores más intrínsecos o advenimiento de un mal irreparable. Es complicado poder reseñar mucho más de la fuerza de sus personajes sin entrar a destirpar algunos de sus giros argumentales y detalles relevantes que acaecen bien entrado el metraje. Por otro lado, aunque todos estos ingredientes dejen durante todo el metraje un sabor a déjà vu, la fuerza de su media hora final es suficiente motivo como aplaudir moderadamente esta nueva adaptación de la novela original. Su mayor flaqueza es la irregularidad del conjunto, puesto que su carta de presentación (la primera hora) se toma su necesario buen tiempo, pero el nudo y desenlace es precipitado en los siguientes cuarenta minutos. ¿Fruto de recortes en la sala de montaje? Sin respuesta, pero así se percibe.

Cementerio de animales es una buena película de terror, con un elenco que ofrece notables interpretaciones (atención a la niña Jeté Laurence, bravísima) y unos potentes planteamientos que en mejores manos podrían haber llegado a cimentar una de las mejores adaptaciones del universo literario de King.

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