Críticas: A la vuelta de la esquina

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Desolación entre estantes.

El festival de Berlín tuvo lugar hará ya un par de meses, pero todavía nos siguen llegando películas de la edición del año pasado, la cual fue de las más denostadas de su historia reciente. Pero en la misma, como es habitual y razonable, se ofrece un amplio escaparate de las puntas de lanza que el cine teutón tiene que ofrecer para la nueva temporada. La cuota tiene una presencia inamovible, y de ella surgió la ganadora de los últimos Premios de Cine Alemán. La película que nos llega pasó por la capital germana sin pena ni gloria, pero fue de las menos discutidas. Recibió, además, la Espiga de Plata en la última Seminci. Surtsey Films nos trae A la vuelta de la esquina, drama romántico de Thomas Stuber protagonizado por Franz Rogowski y Sandra Hüller. Película que se estrena sin ruido mediático pero que sin ninguna duda funcionará entre un sector concreto del público. Su reparto y género no ofrecían elementos para el alborozo, pero todo el proyecto translucía simpatía y sensibilidad. Y poco agrada más a este crítico que pequeñas películas sobre la pobre y desgraciada especie humana. No pude asistir a los pases de prensa, pero ello no impidió que desempeñase con dedicación mis obligaciones con la crítica. Y de la que voy a hablaros es de una película emotiva, pero endiabladamente insípida. Una película con personalidad que te gana progresivamente pero que introduce pocos ingredientes en el cocido para que el espectador saboree durante la larga digestión. Narración de personajes con romance interruptus, que da cuerpo fílmico a un ecosistema poco habitado en la gran pantalla.

Christian (Rogowski) es un apuesto muchacho solitario e introvertido. Empieza de novato señalado por todos en un nuevo trabajo, de reponedor de mercancías para la sección de bebidas en un gran supermercado. Bajo la supervisión del hierático Bruno aprenderá a manejar la carretilla hidráulica de apilar palés, mientras empieza en los entretiempos una sensible y personal relación con Marion (Hüller), de la sección de dulces. Pero pronto averiguará que ni realizar el trabajo día a día ni continuar esa relación será tan sencillo, así como nunca lo es llenar su enorme vacío vital. Una película sobre el día a día de un supermercado, un homenaje a esta comunidad y a esta pequeña sociedad de trabajo humilde. Una película gris de vidas grises, un viaje de asepticismo y sordidez con trazas de corazón. Filme que, aún desde la tristeza y la depresión, te va ganando en el plano emocional. Su humanidad logra que desprendas una sonrisa. En un primer impacto nos agrada su lograda fotografía, llena de hermosos planos abiertos jugando con ángulos y fugas visuales de los estantes y pasillos. Y el reparto, con atención especial a Franz Rogowski, hace un gran trabajo pese a contar con material limitado. El espectador se encontrará con una historia llena de verdad, y conseguirá la anomalía de simpatizar con personas carentes de sal.

Si la relación romántica capta el foco de la sinopsis y los pósters, queda relegada a un segundo plano para mostrar la rutina laboral del universo del supermercado y las interacciones de Christian con Bruno y el resto de compañeros, en una sucesión de escenas eminentemente reiterativas. Y el conocimiento que llegamos a tener de los personajes es limitado. Pues el argumento es magro, y el metraje de dos horas es a todas luces excesivo para lo que la película tiene que contar. El tedio asoma siempre por las esquinas de los planos, y pronto queda claro que el filme no está construyendo hacia ningún lugar en concreto. Habiendo visto los 45 minutos iniciales de la producción has visto, a grandes rasgos, lo que hay por ver.

Con esto y con todo, A la vuelta de la esquina es una película que da buenas sensaciones y logra que veamos calado en los contextos más triviales, pero ofrece muy poco para que merezca una recomendación por nuestra parte. Hasta cierto punto, da lo que promete.

Podéis leer más artículos de Nestor Juez Rojo en Celuloides en Remojo.

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