Críticas: Boi

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Huida hacia adelante.

Un impás en la vida de un joven barcelonés, perdido entre la desazón por la discusión con su novia y la incertidumbre de encarar su nuevo trabajo como conductor de un vehículo VTC. Unas 48 horas repletas de dudas, cambios profesionales y personales y una inesperada aventura por los bajos fondos de la capital catalana. Un drama introspectivo del personaje protagonista que, poco a poco, muda de piel hacia el thriller criminal con fugas a la odisea onírica al más puro estilo Lynch. Boi es el encomiable debut de Jorge M. Fontana que ofrece una primera película con muchos hallazgos y un amalgama de referentes acertadamente depurados evitando terminar engullido por ellos.

Además del mencionado Lynch (esa secuencia en el local subterráneo con secuencia musical, misticismo imperante…), en Boi también se dan cita Tarantino, resuenan ecos de la nouvelle vague y, por supuesto, Michael Mann, porque este vía crucis de Boi en su coche VTC parece la revisión en clave barcelonesa de la estupenda Collateral. Si en algo se muestra dotado el director, pese algún altibajo en su parte central, es en el perfecto sentido del ritmo, la construcción de escenas de acción, la creación de atmósferas y la inclusión de golpes de humor como disentimiento del desasosiego de Boi.

El protagonista es un pusilánime que aspira a vivir de la escritura, su mayor placer es leer y escribir todo aquello que le brota en el momento. Siempre lleva consigo una libreta donde anotar ideas, frases y recuerdos. Aunque su libreta termina aplastada por sus pasajeros asiáticos una y otra vez, su sueño es inquebrantable. ¿Quizás su odisea nocturna por la Barcelona más criminal es fruto de su imaginación? ¿O el material ideal de base para su futura novela? El todo o nada tras varios rechazos de editoriales de sus anteriores propuestas de ficción literaria. Resulta interesante la metáfora de su nuevo trabajo (conductor de vehículo VTC) con su vida: Boi es incapaz de enderezar su propio volante, deambula sin rumbo entre la soledad emocional y la frustración profesional. Un protagonista que parece surgido en cierto modo de la pluma de un cineasta francés, pero sin la pedantería que algunos espectadores suelen achacar a historias similares, apreciación que servidor raramente comparte.

 

En estas inusuales 48 horas, Boi se encuentra con todo tipo de variopintos personajes (su propia tía con la que convive, el enano que aparece esporádicamente en situaciones extravagantes, el dicharachero portero del hotel, el genial Pol López), los más sugerentes de los cuales son sus pasajeros: Gordon y Michael, dos empresarios asiáticos que asisten a un congreso tecnológico y se ven envueltos en una trama de intriga y crimen. El segundo de ellos, además, se alza como un secundario de lujo con sus ocurrencias y sus divertidos diálogos. Ahora bien, si Boi nunca alcanza el magnetismo ni la garra pertinente es por su deslavazado guion, puesto que las distintas subtramas no terminan de congeniar unas con otras y el drama personal del protagonista nunca alza el vuelo cuando, en última instancia, es la columna vertebral de la cinta. En definitiva, parecen cohabitar dos películas distintas y conviven por inercia, no por una relación fluida de ambas corrientes narrativas.

En películas desarrolladas en (casi) un único espacio o con un protagonista (casi) absoluto, el actor principal suele ser receptor de elogios. En el caso de Boi, con Bernat Quintana en esta tesitura, las alabanzas son bien merecidas. El actor, conocido sobre todo en Catalunya por sus papeles en series de TV3, lleva consigo el peso de todo el metraje con mucha convicción y manejando distintos registros. En su primer papel protagonista para la gran pantalla, el joven intérprete ofrece un gran trabajo. Con todos sus pros y sus contras, Boi es una formidable ópera prima que vuelve a poner de manifiesto el gran ojo de la productora Aquí y Allá Films, el sello tras algunas de las joyas del cine español reciente como Magical Girl o las infravaloradas La vida y nada más y Las furias.

 

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