Americana Film Fest 2019: Crónica 3

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Última crónica desde el Americana Film Fest.

El festival de cine independiente norteamericano de Barcelona ha clausurado su sexta edición con la nueva película de Ethan Hawke como director, Blaze, un biopic de manual sobre el cantante y compositor de música country Blaze Foley. Nunca llegó al estrellato, no estamos ante la prototípica historia de auge, éxito, caída y redención, porque nunca obtuvo un amplio reconocimiento de la industria ni el beneplácito de la audiencia de masas. En manos de Hawke, la aparente poco interesante vida de Blaze Foley, es un atropellado y aburrido repaso por su ostracismo, su relación con el gran amor de su vida (Sybil Rosen) y el impacto de sus canciones y muerte entre sus fans y amigos. No logra sacar punta a estos tres vértices que podrían haber configurado un buen relato acerca de los mitos melómanos y se pierde en disyuntivas y un montaje confuso y sincopado. Nada en Blaze es realmente apreciable, bajo su buena factura técnica y algunas imaginativas soluciones visuales, el resto es bastante soporífero, solo apto para feligreses del country o reducto de fans de la desconocida leyenda. El Jurado de la Crítica le otorgó una mención especial junto a la magnífica Wildlife (la ópera prima de Paul Dano de la que os hablamos en la anterior crónica) y, para un servidor, casualmente son la peor y la mejor película del certamen respectivamente.

Friday’s Child

En esta edición del Americana también ha habido ocasión de ver el nuevo trabajo de A. J. Edwards tras descubrir hace cuatro años su debut, The Better Angels, en el mismo festival. El otrora colaborador de Terrence Malick, montador en algunas de sus últimas películas, mejora con creces respecto a su ópera prima con Friday’s Child, una especie de Crimen y castigo en la América del white trash con Richie Wincott (convincente Tye Sheridan) encarnando una suerte de Raskólnikov corrompido por el sueño americano y las tentaciones de la vida. Edwards utiliza el formato de la pantalla 4:3 para expresar el estado mental del protagonista en una atmosfera opresiva entablando el enérgico relato sobre la culpa con fugas de la pantalla entera cuando la esperanza y las segundas oportunidades son prolegómenos de una vía de escapa sin salida. El mayor lastre de Friday’s Child es la búsqueda incesante del virtuosismo formal, en todo momento, el cineasta parece recrearse más por haberse encantado de conocerse que por funcionalidad para plasmar en imágenes el guion. Edwards presenta una segunda obra irregular, pero plagada de grandes hallazgos que se imponen a sus decisiones artísticas fallidas. Un autor al que debemos seguir la pista desde bien cerca porque cuando menos lo esperemos, puede brindar una gran película.

Support the Girls

Por otro lado, Support the Girls (Apoya a las chicas), estrenada también estos últimos días en Movistar+, es una gratísima sorpresa por su falta de complejos, su discurso feminista y su apuesta por transformar el drama cotidiano en una comedia fresca y divertida. La nueva película de Andrew Bujalksi narra el peor día en la vida de Lisa, una gerente de un restaurante, que debe afrontar problemas en el trabajo, con su marido, sus amigas y los clientes sucesivamente, pero sin perder nunca la capacidad de perseverar y mantenerse a flote contra viento y marea. Un personaje que es carne de lucimiento para Regina Hall que brilla como nunca antes pasando de la lágrima a la carcajada con una naturalidad desconocida en sus anteriores trabajos. Support the Girls viene a ser como una revisión profundamente feminista de El bar Coyote, una historia de sororidad que aborda la precariedad laboral, el sexismo y la masculinidad tóxica (en distintos grados y comportamientos) mientras se suceden diálogos ingeniosos y situaciones desternillantes. No es un filme redondo, pero tampoco lo precisa; además cuenta con un desenlace, entre gritos y esperanza, que ensalza todavía más la propuesta. Tan sencilla como efectiva.

Por último, para protagonista femenina: la jueza Ruth Bader Ginsburg. Convertida en estos últimos años en un icono feminista, en plena eclosión de los movimientos #MeToo y Time’s Up junto a la oposición al trumpismo, la segunda jueza en formar parte del Tribunal Supremo de los Estados Unidos es la protagonista de RBG, documental hagiográfico que repasa la lucha del movimiento por los derechos de las mujeres en este último medio siglo a partir de las victorias judiciales en avances que lograron la defensa de sus casos. La película de Julie Cohen y Betsy West es tan convencional como cabría esperar en una producción de estas características: repaso a su vida estudiantil, familiar, primeros casos como abogada hasta llegar a su carrera como jueza del Supremo; todo a partir de entrevistas con sus hijos, colaboradores profesionales y celebridades del mundo judicial que arrojan luz sobre la importancia de sus conquistas. En las crónicas del Americana ya hemos abordado otros tres documentales nominados al Oscar, todos ellos menos anclados a este acercamiento tan televisivo, pero ninguno de ellos tiene un valor histórico y una relevancia social tan fuerte como RBG. Mucho más interesante en su tercer acto, cuando las directoras ahondan en la conversión de la jueza en icono cultural y millennial, el documental es el testimonio en primera persona de los cambios en igualdad de género de las últimas décadas.

RBG

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