Críticas: Destroyer. Una mujer herida

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La gloria de Nicole Kidman.

El destroyer del título nos remite a una mujer herida en primera instancia, pero también a un pasado marcado por la violencia y la muerte y, por último, a un sistema corrompido por el recelo, la ambición y el deber, ya sea el moral del policía o el vil del mafioso. Al fin y al cabo, tanto uno como el otro, terminan cruzando líneas rojas con la máxima del deber a cumplir. No hay espacio para los claroscuros en esta historia, mucho menos para la ética, solo para el instinto de venganza y el via crucis de una mujer herida que decide sobreponerse a todos su fantasmas.

Todo ello está cimentado en torno a Erin Bell, uno de los personajes más fascinantes de los últimos meses, encarnado por una soberbia Nicole Kidman. La protagonista de Moulin Rouge! ofrece a las órdenes de Karyn Kusama una de las mejores interpretaciones de toda su carrera, un reto sin precedentes en su filmografía y una nueva muestra de que es una actriz total. Sus operaciones estéticas le valieron muchos abucheos a finales de la década anterior (los años de Australia o Embrujada), pero lleva tiempo, desde su maravillosa actuación en Los secretos del corazón, probando que nunca perdió su talento e incluso ha recuperado expresión facial. Su monólogo en Lion, su riesgo con Lanthimos en El sacrificio de un ciervo sagrado o el acercamiento a las series de televisión con dos roles tan complejos como los de Top of the Lake: China Girl y Big Little Lies son trabajos incontestables que avalan a una de las mejores actrices de la actualidad. Destroyer. Una mujer herida, por personaje e interpretación, es la gloria de Nicole Kidman.

Tras esta inesperada, aunque pertinente por su ruidoso grupo de haters, oda a Nicole Kidman cabría ahondar en su rol en Destroyer. Una mujer herida. Una ex agente de la policía ruda, en horas bajas, pero profundamente humana en su versión más íntima y familiar. Un personaje poliédrico que sustenta la película anclada, en exceso, en los lugares comunes del thriller y los relatos sobre venganza. No obstante, el gran acierto de Kusama es la dosificación de la información acerca de los traumas del pasado para, ir poco a poco, empatizando con la áspera protagonista. La cineasta dio un vuelco a su filmografía con el estreno de La invitación, una de las sensaciones del cine de terror de los últimos años, y ahora con Destroyer. Una mujer herida sigue manejando con buen pulso los códigos del género y ofreciendo una puesta en escena de calma tensa, todo va aconteciéndose a fuego lento, esperando el momento justo para explotar. Salta por los aires tanto en su trama de mafia (el flashback del atraco) como en su vertiente más introspectiva (la conversación en una cafetería).

Destroyer. Una mujer herida es un noir sucio, desprovisto de todo ápice del políticamente correcto, que presenta a una mujer atormentada y traumatizada por un trágico suceso, dispuesta a todo, despojándose de sus límites morales, para instaurar su propia justicia. La vía violenta se intuye desde el primer plano del filme, una irreconocible Nicole Kidman con ceño fruncido y un rostro que profetiza ferocidad y dureza en las secuencias venideras. La atmosfera de la película es más sugerente e hipnótica gracias a la notabilísima música de Theodore Shapiro, compositor curtido sobre todo en comedias que aquí sorprende con un compendio de temas electrizantes y magnéticos. Con su último trabajo, y la anterior La invitación (premiada en Sitges con el máximo galardón), Karyn Kusama se postula como una de las voces más interesantes del cine estadounidense contemporáneo, sobre todo, si sigue creando personajes tan brillantes y poderosos como el de Erin Bell. Por cierto, Kusama es la directora de aquel despropósito titulado Aeon Flux, sí, pero ahora es una cineasta con mucho potencial.

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