Críticas: Bajo el mismo techo

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Silvia Abril y Jordi Sánchez se tiran de todo por la cabeza.

A mediados de diciembre, con el estreno de Miamor perdido de Emilio Martínez-Lázaro, comentábamos el flojo nivel de las comedias españolas del año pasado. Este 2019, los primeros títulos en llegar tampoco son muy buenos augurios: Bajo el mismo techo, de Juana Macías, es otro cúmulo de tópicos aglutinados en la coctelera con más torpeza que buen gusto y con una realización más propia de las series cómicas del prime time de una cadena privada que de una película destinada a la exhibición en las salas de cine. Su gran reclamo, sin lugar a dudas, está en sus dos protagonistas: Jordi Sánchez, popular gracias a La que se avecina, y Sílvia Abril, una de las humoristas más respetadas del panorama nacional.

En su tercera película, Juana Macías parece realizar un remake encubierto de la icónica La guerra de los Rose. Natalia y Adrián se compran un casoplón en plena burbuja inmobiliaria y época de bonanza en la economía española, previo al estallido de la crisis en 2008. Con el paso de los años (y el síndrome del nido vacío), la crisis también aparece en el sino del matrimonio. Ambos deciden separarse, pero les resulta imposible liquidar la hipoteca o venderla sin perder dinero y deciden convivir juntos pese a dar por terminada su relación. Obligados a cohabitar bajo el mismo techo, el conflicto cada vez es mayor y el disparate derivará en un campo de batalla de proporciones catastróficas.

Si bien Bajo el mismo techo arranca bien y, siendo honestos, tiene buenos gags en momentos puntuales, la cuestión es que, a partir de cierto punto en la mitad de su metraje, todo resulta demasiado esperpéntico en el peor sentido del término. Ahora bien, lo peor de la cinta es un compendio de chistes desafortunados, apoyados en arquetipos caducos y con tintes machistas y racistas. Ese tipo de humor al que uno solo puede acercarse con sonrojo, pero que parece que sigue funcionando y permanece arraigado una y otra vez en las comedias destinadas al gran público. No son muchos, por suerte, pero sí los suficientes como para entorpecer el conjunto, la mayoría de los cuales se hubiesen ahorrado sin el personaje de Daniel Guzmán. Mira que su vis cómica es estupenda, pero este rol es deleznable.

En última instancia, si Bajo el mismo techo se deja ver y no provoca el absoluto sopor es gracias a Jordi Sánchez y Sílvia Abril, dos grandes cómicos con mucha química en la pantalla. Ellos logran subsanar lo forzado de muchas situaciones, contrarrestar esos gags soeces y remontar una y otra vez el irregular ritmo de la trama. La película no aspira a ser más que un simple pasatiempo, pero ese objetivo tan noble (y no tan fácil de lograr como parece) no es conquistado al cien por cien. 2019 debería traernos comedias españolas mucho mejores en estos próximos once meses.

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