Críticas: Alita: Ángel de combate

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Cyborg de tibio relato.

Cuando se habla de directores visionarios, es muy habitual que el nombre de James Cameron aparezca habitualmente en la conversación. Con una breve filmografía como director, ha firmado alguno de los títulos más trascendentes del entretenimiento de los últimos treinta años. Bien por sus historias de alcance universal o por sus personajes carismáticos pero, sobre todo, por sus transformadores avances en el campo de la tecnología y los efectos especiales. Su excelente Terminator 2 trastocó el panorama digital manteniendo impacto aún hoy, y en 2009 revolucionó el realismo del 3D y de mundos y personajes plenamente generados por ordenador con Avatar. Diez años han pasado, y hará ya veinte que tenía en sus manos el que era su proyecto de ensueño: la adaptación a imagen real del manga de Yukito Kishiro Alita, ángel de combate. Años de involucración en su producción y guion para, como él deseaba, acabar también involucrándose en la dirección. Sin embargo, la decisión de hipotecar el resto de su vida profesional desarrollando secuelas de Avatar que no sabremos nunca cuando llegarán provocó que tuviera que rechazar dirigirla, aceptando Robert Rodríguez el encargo de coger el testigo. Considerando la maña técnica de un Rodríguez versátil y diestro en la realización de todo tipo de producciones, y sin olvidar el material de partida y los medios de las empresas de Cameron, cabía esperar un espectáculo de amplios dimensiones. El material promocional sugería, cuanto menos, un buen pasatiempo. Por ello acudí al visionado con extrema curiosidad, pese a que las pocas referencias críticas no hubieran sido particularmente entusiastas. Pocas propuestas de ciencia ficción se estrenan, por lo que hay que apoyar el género. Se trata el presente de un blockbuster interesante, funcional. Una obra visualmente ambiciosa y con instantes de brío, pero diluida en una historia poco aliñada.

Planeta Tierra, Siglo XXVI. El doctor Ido (Christoph Waltz) encuentra en el Vertedero de Iron City, donde caen los restos de Zalem, la última ciudad aérea, los restos de una cyborg, apenas una carcasa con corazón y cerebro, plenamente humano. Decide recogerla y darle un nuevo cuerpo cibernético, y acabará erigiéndose en figura paterna de una Alita (Rosa Salazar) que no recuerda de dónde viene. Sin embargo, pronto averiguará que tiene habilidades de combate extraordinarias, y que jugó un papel fundamental en la guerra contra Marte antes de la caída. Con la ayuda de Ido y de su amigo Hugo recuperará sus recuerdos y se adaptará a los peligros de Iron City, dónde fuerzas corruptas de mortales asesinos y estafadores ansiosos de llegar a Zalem algún día irán tras sus pasos.

Una aventura distópica en la órbita steampunk, de acción entre seres cibernéticos. Una narración sobre la difusa línea entre naturaleza humana y naturaleza maquinal. Una superproducción en la que los millones de dólares invertidos se despliegan en pantalla. La dirección artística lograr trazar un universo atractivo y con cuerpo, creíble dentro de su cariz fantástico. Muy logrado el personaje de Alita, atractivo, carismático y explosivo. Las secuencias de acción, aunque escasas, son realmente deslumbrantes. Y pocas películas tenemos con frecuencia con esta envergadura épica, con estas vastas dimensiones de espectáculo fastuoso. En el corporativismo contemporáneo del cine de gran estudio se agradece una propuesta realizada desde el corazón, y de la que transpira alma y la personalidad propia del cine de Cameron, aún contando con Rodríguez al volante.

En todo momento lo que vislumbramos de la diégesis planteada y de los relatos narrados por los personajes se percibe mucho más interesante que la trama en sí. El guion presenta un ritmo irregular; todo se expone, excesivamente, de manera verbal; la sucesión de eventos se presenta enrevesada y confusa; subtramas con personajes secundarios, tales como romances o celos, se ejecutan de manera torpe; sus villanos distan de estar a la altura de Alita; y la película, planteada como primer peldaño de la franquicia, acaba sin cerrar el relato. Y múltiples elementos artísticos, como la banda sonora o la fotografía, son competentes pero rutinarios. Una película que precisaba de una mayor fuerza y vitalidad para poder ser memorable y aumentar el apetito de más historias que, si bien no me importaría descubrir, quizás no lleguen nunca.

Alita: Ángel de combate es un pasatiempo muy ameno de una factura plenamente encomiable, pero también tristemente insípida, una oportunidad perdida y una película, en suma, que se siente diez años vieja.

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