Críticas: Border

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Amor y descubrimiento en lo salvaje.

Áspera, fría y, sobre todo, extraña y arriesgada. En definitiva, cine valiente, inconformista y alejado de todo convencionalismo. Border es todo ello y es motivo suficiente de celebración, como también lo es que haya encontrado distribución y exhibición en nuestro país. Quizás haya sido factible porque es la sensación sueca del año tras su meritorio paso (premio incluido) por la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes. Sus cuatro nominaciones a los Premios del Cine Europeo y su selección para competir en los Oscar por el país escandinavo han terminado de dar a Border una proyección inusual para este tipo de propuestas que descolocan al espectador y proponen un juego que, en las manos equivocadas, podría derivar en un esperpento mayúsculo.

No es el caso de este segundo largometraje de Ali Abassi en el que funde thriller, terror y fantasía para enarbolar una curiosa historia de amor mientras la protagonista se adentra en un proceso de auto descubrimiento. Tina es una agente de aduanas cuyo olfato es extraordinario para oler la culpa en todo aquel que se le acerque: drogadictos, jóvenes listos para una juerga con alcohol, pederastas con material repugnante… Ahora bien, su vida da un giro inesperado cuando se cruza en su camino Vore, un hombre, cuyo -feo- aspecto físico es bastante parecido al de ella y por el que empieza a sentirse atraída y fascinada, porque advierte algo en él, pero es incapaz de de descifrar qué es lo extraño en él.
Abbasi parte de un relato literario de John Ajvide Lindqvit, autor también de la celebrada -y adaptada al cine- Déjame entrar, dando un papel relevante a la naturaleza, de hecho, es casi el hábitat natural de Tina, su casa se encuentra en un frondoso bosque y ella se desenvuelve con más soltura entre árboles y baños al aire libre en el río que en su lugar de trabajo o en el hogar con su pareja. Abassi demuestra estar dotado para la creación de atmósferas conjugando hábilmente las herramientas del thriller y del cuento gótico-romántico. La simbiosis entre cuerpo y naturaleza es total y es el eje central de la película en tanto que su relación con Vore sucede en espacios abiertos y salvajes, en un sentido literalmente animal; y en tanto que el proceso de descubrimiento del yo interior, de búsqueda de sus orígenes y de auto reafirmación va enteramente ligado a su espíritu canino.

Border flaquea en el excesivo uso de metáforas redundantes y cierta reiteración en su desarrollo, tropiezos en una narración sincopada, preocupada por lo sugerente y lo sutil, pero lastrada por algún subrayado de más. Su aspereza también en un hándicap para la comunión del espectador y la propuesta, porque, aunque genere en todo momento sensaciones, del estupor a la fascinación, la película nunca consigue la sublimación. Tampoco naufraga, lo cual es todo un triunfo para Ali Abassi que podría haber tropezado en cuantiosas ocasiones en el terreno del ridículo.

Border, en última instancia, también es un cuento fantástico cuyas mentiras terminan por ser reveladas y cuya verdad es tan dolorosa como catártica para revivir de una especie de largo letargo vital y así poder emprender nuevos rumbos una vez el yo interior se ha podido exteriorizar del todo. Rendir cuentas con el pasado es la voluntad para romper de raíz (la naturaleza otra vez) las ataduras morales y sociales. Una película imperfecta, pero reivindicable por su valía y su riesgo, dos rasgos bastante inusuales en el cine contemporáneo.

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