Críticas: Astérix: El secreto de la poción mágica

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En busca de un futuro próspero.

La industria cinematográfica de Francia tardó cuatro películas live-action, a cada cual más nefasta, en darse cuenta de que las adaptaciones de los cómics de Astérix no deberían nunca abandonar el plano de lo animado. Los clásicos de los 60 y 70, como las fantásticas Astérix en Bretaña o Astérix y Cleopatra, deberían haber sido siempre el referente a tener en cuenta y nunca pervertir la esencia de las historietas ideadas por Uderzo y Goscinny, porque Astérix y los vikingos era una cinta de animación, pero también una mala caricatura del propio mundo caricaturesco de estos galos y una de las peores adaptaciones del cómic francés más popular.

Los directores de Astérix y la residencia de los dioses, quizás, la mejor película de Astérix tras Las doce pruebas, repiten al frente de la nueva propuesta sin partir de una historia de la serie de cómics. Alexandre Astier y Louis Clichy idean una trama totalmente nueva con todos los personajes más característicos de la franquicia, incluido el mismo Julio César, aunque su participación sea testimonial. El secreto de la poción mágica arranca con la accidental caída de Panorámix, el druida del poblado galo creador de la poción que convierte a Astérix y compañía en invencibles. El anciano hechicero decide que ha llegado el momento de buscar un futuro druida a quien transmitirle el secreto y poder preservar la seguridad de todos los habitantes ante las temibles fuerzas del Imperio Romano. No obstante, un villano, también druida, desterrado por sus compañeros, se interpondrá en su camino y trazará un plan para lograr el secreto de la poción mágica.

Una historia trillada a la que la dupla de directores nunca termina de exprimir el jugo necesario para resultar atractiva más allá del entretenimiento rutinario. En los grandes cómics de la serie, la trama principal está al servicio de la crítica social y política, como en la anterior cinta, La residencia de los dioses, en la que su eje argumental daba pie a satirizar los deseos de ascensión social de la clase obrera, la especulación inmobiliaria y las protestas sindicales. En esta Astérix y el secreto de la poción mágica todo se reduce a un enfrentamiento canónico entre el bien y el mal y a una consecución de guiños para los fans más acérrimos: los piratas, las peleas en el poblado entre sus habitantes, la marginación de Asurancetúrix…

La novedad más satisfactoria es el personaje de una joven chica del poblado, empeñada en ser tan útil como cualquier hombre y muy aplicada en las clases de Panorámix. Un discurso necesario en una película destinada al público familiar y muy hijo de su tiempo en que se reclama más presencia de las mujeres en el cine, también debe serlo en el cine de animación, efectivamente. El mayor logro de una cinta que, pese a ser un buen entretenimiento familiar y respetar la esencia de los cómics de Uderzo y Goscinny, está muy lejos del anterior aventura estrenada por los mismos cineastas. El error, claro está, es no haber adaptado uno de los álbumes de la serie, sino inventar una historia poco imaginativa y desprovista del humor más inspirado de Astérix, Obélix y compañía.

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