Críticas: El regreso de Ben

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Nochebuena pasada por drogas.

La cartelera (de salas de cine o servicios de VOD) empieza a inundarse de películas navideñas. El nuevo proyecto de Julia Roberts como cabeza de cartel también tiene la festividad como principal envoltorio, aunque su argumento diste mucho de ser la de la tradicional ñoñería o comedia de “película navideña”. El regreso de Ben es un drama familiar que sigue todas las pautas establecidas, sin despuntar en ningún momento, pero a su vez sorteando todos los tics más espinosos de este tipo de historias, peligrosamente cercanas a un telefilme de sobremesa. Peter Hedges logra superar todas las finas líneas y ofrecer una estimable cinta maternofilial.

El regreso del hijo desgraciado se produce en Nochebuena para poner patas arriba la estabilidad de los Burns. Ben, el primogénito, lleva cerca de un año ingresado en una clínica de desintoxicación tras años de drogadicción y generando conflictos en el hogar familiar. Tiene un permiso de 24 horas para pasar la Navidad con sus seres queridos, pero rápidamente la madre coraje, el padrastro aleccionador y la hermana rabiosa advierten que él está sufriendo y que muy probablemente no esté preparado para la vida cotidiana, cuyas tentaciones están al alcance fácilmente.

Quizás no es tanto las tentaciones, que Ben las tiene, sino las enormes dificultades para escapar de su propio pasado: las malas compañías, las deudas económicas, las frágiles relaciones de amistad, los ambientes en que se drogaba. Él intenta cambiar, pero el entorno es el mismo. Ahí radica lo mejor de esta especie de epopeya homérica en la que Ben es una suerte de héroe que debe regresar a Ítaca (véase como curación definitiva), pero se va encontrando un mar de obstáculos que, con mayor o menor fortuna, va sobreponiéndose a ellos. No obstante, el mayor impedimento está en la propia casa: la incomprensión de sus más allegados y sobre todo la férrea firmeza de Neal Beeby, cuyas medicinas son tan reaccionarias que solo provocan la persistencia del problema. Parches sin remedio, solo para mantener el bienestar del resto.

Con todo este marco, El regreso de Ben es ante todo un relato maternofilial, la relación entre Ben y Holly es el motor principal de esta odisea navideña. En este eje central es donde la brocha gorda podría haber contaminado el conjunto con fáciles fugas a la lágrima fácil o la búsqueda de una artificiosidad impostada. Es de ciegos negar con rotundidad que destellos de ello hay, pero afortunadamente Peter Hedges consigue que tan solo sean pequeños instantes, sobre todo, en sus minutos finales. Por contra, durante la mayor parte del metraje, el notable guion presenta varias secuencias entre ambos personajes con interesantes reflexiones acerca del linaje familiar, las segundas oportunidades y la lucha por sobrevivir a la adicción. Ahora bien, los abrazos y las miradas suelen decir más que las palabras. El amor entre una madre y un hijo puede resumirse bellamente en ese gesto (sin ir más lejos, el propio póster del filme).


El tour de force de estos personajes se traslada al terreno interpretativo con los excelentes trabajos de Julia Roberts y Lucas Hedges. La reina de Hollywood en las dos décadas anteriores ha perdido notoriedad, pero sus trabajos, en cambio, están siendo de los mejores (Agosto, Wonder). Su Holly es una madre coraje que está permanentemente entre la espada y la pared, el sufrimiento le acompaña hasta las últimas consecuencias y la protagonista de Pretty Woman demuestra sus mejores dotes para no resultar demasiado afectada, encontrando un equilibro en la naturalidad. Por su lado, Lucas Hedges, hijo del director y una de las mayores revelaciones de los últimos años (en Manchester frente al mar ofrecía una interpretación magistral), se enfrenta a un rol complicado de gestionar para no caer en el exceso: el drogadicto. La revelación se confirma porque el examen lo aprueba con un sobresaliente. Su compañero de generación, Timothée Chalamet estrena este año la muy inferior Beautiful Boy, en la que también interpreta a un joven drogodependiente, de un modo más forzado, aunque también ofrece una actuación digna de reconocimiento. En definitiva, el duelo entre Julia y Lucas es, de largo, lo mejor de la película.

El regreso de Ben puede leerse como la pesadilla navideña: reencontrarse con la familia, reflotar viejos fantasmas e intentar sanar viejas heridas. Forzar estas situaciones puede conducir al desastre, pero también pueden generar una carrera a contrarreloj para conseguir la tan acariciada redención. Peter Hedges articula un buen drama conjugando con solvencia y sin artificios melodramáticos el manual de instrucciones del cine artesanal hecho con oficio.

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