MUCES 2018

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Resumen de MUCES 2018.

De nuevo hemos vuelto a MUCES, la Muestra de Cine Europeo Ciudad de Segovia que se celebra todos los años en la ciudad del Acueducto desde hace ya 13 años. Una muestra que recoge muchas de las mejores películas europeas que han pasado ya por festivales como Karlovy Vary, Locarno, Berlín o Cannes, por nombrar solo algunos, y que durante 6 días se pueden disfrutar de manera gratuita o por un precio simbólico de 2 euros la entradas para las películas de la Sección Oficial, promoviendo de esta manera el acercamiento de ese otro cine más desconocido para el llamado gran público.

Del 14 al 20 de noviembre Segovia se ha convertido en un encuentro dedicado al cine europeo en el que no solo han tenido cabida las más de 150 proyecciones de las películas seleccionadas, tanto en la Sección Oficial como en las distintas secciones que la componen (Cine y Deporte, Cine y Arquitectura, Cine e Historia, Cine y Literatura) sino que también se han dado cita conciertos, exposiciones, talleres, conferencias y un largo etcétera de actividades relacionadas con la cultura. Además de los homenajes que la Muestra dedica cada año, en esta edición han sido a Manuel Summers, Agnieska Holland y los actores segovianos Lucía Jiménez y Luis Callejo y al director David Pinillos, MUCES invita en cada certamen a conocer la cinematografía de un determinado país que este año ha recaído en Rumanía, cuya retrospectiva incluye tanto a cineastas contemporáneos como Corneliu Porumboiu, Cristian Mungiu, Cristi Puiu, como a rescatar títulos más desconocidos de antes de la caída del muro de Berlín como El molino de la fortuna (Victor Iliu, 1955), La reconstrucción (Lucian Pintilie, 1968) y Secuencias (Alexandru Tatos, 1982).

Nuestra estancia en Segovia para acudir a la muestra MUCES ha sido muy breve, desafortunadamente, pero os dejamos aquí la selección de películas que nos ha dado tiempo a ver con la esperanza de poder volver otro año a cubrirlo entero y poder disfrutar tanto de su programación como de la amabilidad y estupendo trato de la organización, y de esta bellísima ciudad que, por qué no soñar, esperemos que algún día vuelva a tener unas salas de cine en el centro. Un resúmen de nuestro paso por las proyecciones de MUCES, por cierto, en el que el papel de la mujer es fundamental y claramente predominante.

Si hablamos de mujeres fuertes, empoderadas y de la lucha feminista contra la sociedad machista y patriarcal que las (nos) oprime, no podemos dejar de mencionar aunque no la analicemos en este texto la extraordinaria, aunque extremadamente cursi todo hay que decirlo, Dilili en París de la que ya nos habló de manera entusiasta nuestro querido Alain tras verla en el Festival de Sitges. No quitamos ni una coma a lo que escribió sobre ella.

The other side of everything

Tras viajar por festivales de medio mundo recibiendo nominaciones y ganar premios como el de Mejor Largometraje Documental en el Amsterdam International Documentary Film Festival de 2017 entre otros, The other side of everything recae en Muces con una gran acogida por el público. La historia de la lucha política que llevó a cabo la profesora Srbijanka Turajlic contra el régimen de Slobodan Milošević en la antigua Yugoslavia durante los años 90, es narrada por su propia hija, Mila Turajlic, en este documental que parte de lo íntimo de los recuerdos familiares de Mila y de la propia Srbijanka para contar los cambios sufridos por la población Serbia desde la segunda guerra mundial. El apartamento de la familia Turajlic desde principios del siglo XX, cuando el abuelo de la protagonista fue uno de los firmantes del tratado que unificaba con el nombre de Yugoslavia el antiguo Reino de los estados de los Eslovenos, Croatas y Serbios, fue dividido en varias estancias para adjudicárselas a otras familias durante el régimen comunista. Esta división sirve como punto de partida para contar los conflictos que ha tenido el país durante el último siglo y para presentarnos a un personaje que por sí solo merece no uno, sino varios documentales. La fuerza de Srbijanka, sus incisivos discursos y reflexiones, ya no solo sobre la política de su país sino también sobre el pasado, presente y futuro de su familia, es el eje de la película que su hija rueda sin caer en el sensacionalismo y con una perfecta composición entre las imágenes de archivo y las narraciones que hace su madre a cámara.

En un momento del documental, Srbijanka comenta que nunca pensaron que estarían bajo un régimen peor que el de Tito hasta que se encontraron de frente con Milošević. En el momento del rodaje de The other side of everything, a Turajlic y a otros activistas que lograron acabar con su poder los convocaban a un juicio sumarísimo acusados de traidores a la patria por un nuevo candidato a la presidencia del país que ya fue ministro con Milošević. No sabemos si llegará un momento en el que otra persona dirá que nunca pensaron que estarían en un régimen peor que el de Milošević hasta…, pero que la historia se repite a pesar de las calamidades y las tragedias que sufre un pueblo es un hecho cada vez más evidente.

Blossom Valley

Podríamos definir Blossom Valley como una fábula caótica. La primera incursión en el largometraje del húngaro László Csuja, que ganó el Premio especial del jurado en el pasado festival de Karlovy Vary, es una road movie que empieza sin darnos demasiada información de los personajes protagonistas y que tampoco nos ofrece ninguna explicación sobre sus acciones. Bianka es una chica alocada, sin dinero, sin un techo donde vivir y dejando tras de sí una ristra de ex novios que no quieren saber nada de ella. Laci es un muchacho con un leve retraso mental que vive y trabaja en la empresa de mudanzas de su tío, su tutor legal. Bianka un día decide llevarse a una bebé a la que su madre ha descuidado por un momento y utilizarla para buscar un padre que cuide de las dos, pero en su infructuosa búsqueda encuentra por casualidad a Laci que acepta sin preguntas ese rol. Laci quiere demostrar a los demás y a sí mismo que es capaz de tomar decisiones y de ser responsable. Bianka solo vive el momento, lo que decide hacer espontáneamente en un segundo es lo que mueve su vida. Estas dos personalidades sorprendentemente encajan a la perfección y juntos se embarcan en un viaje sin rumbo lejos de todo lo que les recuerda que ninguno de los dos está capacitado (ni quieren estarlo) para llevar una vida convencional.
Csuja rueda esta historia de amor sin romance por un lado como si fuera un cuento de hadas, subrayado por la romántica fotografía de Gergely Vass, pero por otro lado con un hilo argumental tan caótico como las propias mentalidades de sus personajes. Sin embargo, este caos, lejos de confundir, imprime una mayor veracidad a la historia impulsada además por el hecho de que sus protagonistas a pesar de no ser actores profesionales tengan unas personalidades tan marcadas que reflejan en la película. Un más que interesante debut, sin duda.

La última locura de Claire Darling

Ya sabemos que Catherine Deneuve es una estrella y del poder de convocatoria que tienen sus películas, pero nos sorprendió gratamente encontrarnos con la sala completamente llena para la proyeccion de La última locura de Claire Darling. La directora Julie Bertucelli adapta la novela de la escritora estadounidense Lynda Rutledge Faith Bass Darling´s Last Garage Sale, regalando a Deneuve y a Chiara Mastroiani dos personajes maravillosos que llevan el peso de una historia triste, trágica y preciosa al mismo tiempo. Claire Darling es una anciana que a pesar de las tragedias que la vida le ha puesto en su camino y de la incipiente demencia senil agravada por la culpabilidad que siente por dichas piedras a su paso por este mundo, sigue teniendo la elegancia que tenía 20 años atrás cuando la adversidad la golpeó fatídicamente. El mismo día en el que el pequeño pueblo en el que ha vivido toda su vida se levanta ansioso por festejar la llegada del verano, Claire se despierta con la completa seguridad de que ese va a ser su último día de vida. Ante tamaña convicción, su única ocurrencia es la de poner a la venta todos los objetos que acumula en la mansión que solo ocupa ella desde hace dos décadas, objetos de un valor incalculable tanto personal como económico que saca a su jardín con la esperanza de que sus vecinos se los lleven por una mísera cantidad. Tal es la extravagante decisión de la anciana que, preocupada por ella, una antigua compañera de colegio de su hija Marie (Mastroiani) llama a ésta para que vuelva a ver a su madre 20 años después de haberla abandonado para detener su locura. El paso del tiempo, las rencillas insalvables entre madre e hija, la negación, ira, negociación y aceptación de la muerte, tanto propia como ajena, se entrelazan en La última locura de Claire Darling con escenas del pasado que Bertucelli introduce dentro del presente de los personajes componiendo así toda una vida, la de la familia Darling, que a través de los objetos de los que se va deshaciendo se va despojando de los yugos que la culpa ha construido sobre ella. Una película sin grandes alardes formales pero con una poética narrativa que la hacen merecedora de ser una de nuestras favoritas de lo que hemos visto en MUCES.

Con el viento

Otra relación madre-hija después de otros 20 años sin verse es la que nos cuenta Meritxell Colell en su primer largometraje Con el viento. En esta ocasión, el reencuentro se produce tras la muerte del padre de Mónica, una bailarina que reside en Buenos Aires y que regresa a su pueblo burgalés natal para acompañar a su hermana y a su madre en el duelo. Tras el funeral y la marcha de su hermana y su familia a su casa en Barcelona, la madre le pide a Mónica que no la deje sola y ésta decide quedarse durante un tiempo mientras se vende la casa familiar. Colell debuta con una historia mínima realizada con el tacto y la delicadeza que ésta requiere, sin dramatismos, sin incidir en la tensión entre Mónica y su hermana que podía correr el riesgo de convertir la película en un duelo de reproches exagerado. La directora deja fluir el tiempo que madre e hija pasan a solas, conociéndose después de tanto tiempo y aceptando unas situaciones inevitables que la vida ha terminado por traerles quizá antes de lo que hubieran querido. El viento gélido de los parajes rurales de Burgos donde se desarrolla la acción, ya casi totalmente despoblados, es testigo del paso (lento) del tiempo en un mundo que parece estar estancado en el pasado pero que choca frontalmente con una realidad que obliga a sus habitantes a abrazar de golpe el siglo XXI. Colell deja respirar a sus personajes, observa a estas mujeres con un estilo cercano al documental sin entrometerse y dejando que los sentimientos se expliquen a través de los silencios y las emociones que emanan de unas interpretaciones totalmente naturales en uno de los debuts más prometedores del cine patrio de este año.

Utøya, 22 de julio

72 interminables minutos duró uno de los atentados más salvajes e impactantes de los últimos años en Europa. El 22 de julio de 2011, dos horas después de que una bomba estallara en el distrito gubernamental de Oslo, un empresario noruego ultraderechista disfrazado de policía se dirigió a la isla de Utøya y abrió fuego contra los jóvenes participantes de un campamento de verano organizado por el Partido Laborista Noruego. Este año se estrenan dos películas dedicadas a esa masacre, 22 de julio de Paul Greengrass y Utøya, 22 de julio dirigida por Erik Poppe que hemos podido ver estos días en MUCES. Poppe recrea en un solo plano secuencia esos 72 minutos desde el punto de vista de una joven integrante del campamento. La cámara sigue en todo momento a Kaja mientras trata de esconderse, encontrar a su hermana pequeña y salvar su vida de una amenaza que solo conoce por los sonidos de disparos y gritos que se suceden fuera de campo, aumentando el terror y la tensión por la incertidumbre de no saber qué, quién, dónde, cómo y por qué están matando a sus compañeros a su alrededor. La perfección técnica con la que Utøya, 22 de julio narra esos minutos de angustia, pierde quizá algo de contundencia en el momento en el que el guion de Anna Bache-Wiig y Siv Rajendram decide basar la historia en las declaraciones de los supervivientes pero a través de personajes ficticios para los que crean una línea argumental que no está a la altura de la trama.

Arctic

También de supervivencia pura y dura trata la última película que vimos en MUCES y la única que está protagonizada casi exclusivamente por un hombre: Arctic de Joe Penna. Penna debuta en la dirección con un interesante survival conducido por Mads Mikkelsen que no ofrece nada nuevo al género pero sí lo presenta de una manera precisa, creíble e impecable formalmente. Mikkelsen da vida a un piloto danés perdido en algún lugar del Círculo Polar Ártico donde su avioneta se estrelló. Una de las tareas que rigurosamente se obliga a llevar a cabo cada día para poder sobrevivir, es la de caminar varios kilómetros más para intentar captar alguna señal hasta que un día ésta llega y aparece un helicóptero que también se estrella delante de sus ojos. El mapa que encuentra entre sus restos y el hecho de que una de sus ocupantes esté malherida motivan al piloto a abandonar el refugio de su avión para partir con la chica que agoniza en una improvisada cama-trineo en busca de la salvación. Arctic relata el viaje de los dos extraviados a través de la nieve sin grandes sobresaltos y sin alegorías innecesarias, solo contando paso a paso la lucha contra las inclemencias naturales por la supervivencia de una manera tan sobria como apasionante.

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