FICX 2018: I Do Not Care if We Go Down in History As Barbarians

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Política de ayer, hoy y mañana en el FICX 2018.

I Do Not Care if We Go Down in History As Barbarians comienza un poco a la manera de Donbass, utilizando el dispositivo documental para adentrarse en la ficción de inmediato y conscientemente. El material de archivo –igual de veraz en la ficción que en la realidad– es sucedido por la presentación de la propia película a cargo de su protagonista, que es introducida en ella mediante un elocuente travelling de seguimiento –recurso empleado con suma elegancia y sentido narrativo–. Aunque durante casi todo el metraje la filmación de Radu Jude busca un tono documental, la textura de la imagen en 16mm remarca su carácter ficticio, y sólo desaparece en dos momentos determinadograbados con múltiples cámaras digitales que no logran sino confirmar el peso dramático y político de todo lo que encontramos entre medias.

La película pone en escena las dificultades que tiene una directora de teatro para sacar adelante su proyecto: una reconstrucción de la masacre de judíos que perpetraron los rumanos cuando tomaron la ciudad en el año 1941. Mariana no se siente a gusto con el pasado de su país, pero nadie parece comulgar con la ideología de su obra y lo que en ella se sugiere: que el Mariscal Antonescu no era un héroe sino un asesino. El negacionismo por parte del pueblo rumano de su Holocausto particular se introduce en la ficción a partir de prácticamente todos y cada uno de los personajes que rodean a la protagonista, cuyas posturas se evidencian de muy diversa forma en los encuentros que mantienen. Mientras en la esfera íntima tiene que aguantar la orgullosa ignorancia de su pareja, que en lugar de reflexionar sobre los hechos que quiere tratar Mariana se escuda en la idea de que “los comunistas hicieron cosas peores”, en la profesional ve cómo los actores de su obra no tienen ningún problema en hacer de soldados nazis pero se molestan si algún extra gitano hace de judío. Por si fuera poco debe lidiar también con las visitas de un funcionario estatal a los ensayos, cuyo cinismo pone a prueba la solidez de su discurso y saca a relucir la cuestión de la libertad de expresión.

El personaje interpretado por Ioana Iacob lucha contra todo y contra todos, contra el pasado y contra el presente, todo sea por despejar un poco las nubes de un futuro cada vez más incierto: el negacionismo antes mencionado explica sin necesidad de otra justificación el auge de la extrema derecha en la actualidad. I Do Not Care If We Go Down in History As Barbarians es cine político en todas sus vertientes: desde las pequeñas roturas de la cuarta pared que realiza el personaje de Jacob –que solicita silenciosamente un poco de ánimo– hasta las imágenes en las que el cineasta se detiene como muestra de respeto a la memoria histórica –como parte del material de archivo o ese tanque en el que murieron decenas de personas y ahora es parte de una exposición– tienen como fin analizar una situación de lo más preocupante.

Radu Jude logra trascender el intelectualismo de la obra y de los enunciados teóricos de su protagonista ligando a la perfección su libertad como mujer con la libertad de expresión y reflexionando sobre los límites de ambas, marcados siempre desde el exterior. La textura de las imágenes impregna de emoción y autenticidad los momentos de intimidad de Mariana, uno de los personajes más complejos y admirables que nos ha dado el cine en mucho tiempo. La lucidez discursiva y el complejo pero transparente dispositivo formal de I Do Not Care If We Go Down in History As Barbarians convergen en un pesimista cierre que nos obliga a pensar de nuevo en los peligros de la representación, lo que además encierra una autocrítica evidente, casi tanto como que la protagonista es un alter ego femenino y feminista del cineasta. Estamos ante una película de una precisión insólita.

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