Festival de Sitges 2018: Suspiria y Au Poste!

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Comenzamos Sitges.

El Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges ha dado el pistoletazo de salida a su 51ª edición. Sin la presión de celebrar su medio siglo de andadura, pero cuya relevancia ha logrado atraer la visita de grandes estrellas como Nicolas Cage, M. Night Shyamalan, Peter Weir o John Carpenter. Eso sí, Tilda Swinton ha sido la primera de ellas en desfilar por la alfombra roja en esta jornada inaugural al recibir el Gran Premio Honorífico mientras presentaba Suspiria, el remake de Luca Guadagnino del clásico de culto homónimo de Dario Argento. ¿Puede un remake haber suscitado tanto hype, comentarios y debate durante su rodaje? Quizás el Psicosis de Gus Vant Sant, pero por aquel entonces no existían las redes sociales y toda controversia pasaba más inadvertida. Sea como fuere, la nueva Suspiria ha generado reacciones de todo tipo ante cualquier nuevo material promocional y su presentación a nivel mundial pocas semanas atrás en el Festival de Venecia.

Más empoderada y menos críptica, la versión de Guadagnino, dividida en seis capítulos, no es tanto una actualización del original como sí una apropiación personal de la historia trasladada a las inquietudes artísticas del cineasta. La película arranca con la llegada de Susie Bannion (Dakota Johnson) a una escuela de danza del Berlín de la época del talón de acero. Poco a poco resulta meridanamente claro que en la academia ocurren extraños y oscuros sucesos. El director de Call Me by Your Name impregna este cuento terrorífico de brujería con tintes políticos, contexto histórico y, como era de esperar, de una mayor fuerza de las protagonistas. La Suspiria de la nueva era. Ahí radica el principal problema de Guadagnino: la voluntad de abarcar tantos temas y perderse en vericuetos al servicio de su propuesta estética y formal.

Todo en Suspiria se antoja fascinante, el típico filme al que el adjetivo hipnótico la definiría con hipérbole, pero la megalomanía del cineasta italiano denota una falta de concreción narrativa de la que Argento hacía gala en la formidable Suspiria de 1977. La creación de atmósferas es más un mero recurso para construir imágenes icónicas (algunas como la representación final del espectáculo de danza son realmente brillantes) que un mecanismo para abordar el relato a partir de la imagen fílmica. Por contra, siendo las comparativas odiosas, Argento jugaba con el color, la luz y la música de un modo visualmente deslumbrante. No obstante, hay que agradecer a Luca Guadagnino su riesgo artístico y su libertad en tiempos de producciones bajo fórmulas establecidas. Lástima que sus 152 minutos de atrevimiento sean tan irregulares y se acerquen más al tedio y lo ridículo -secuencias del sexto capítulo- que a la grandeza demostrada en Yo soy el amor o Call Me by Your Name.

Au Poste!

Por otro lado, la jornada inaugural ha tenido un aperitivo mucho más apetitoso. La notable Au poste! (Keep an Eye Out) es un aperitivo de verdad, porque es una comedia de escasos 73 minutos, el arranque idóneo para futuros días maratonianos. La película es el nuevo trabajo de Quentin Dupieux, un archiconocido del Festival de Sitges donde ha presentado sus celebradas Rubber y Wrong. Su nueva alocada propuesta se escenifica como una obra de teatro en una sala de interrogatorios entre un policía y un testigo de asesinato al que acusan de ser el homicida. Un retorcido juego de verdades y mentiras, flashbacks y reconstrucciones ficticias empapados por la patina de humor negro y situaciones absurdas marca del cineasta galo. Quizás no sea de sus obras más redondas, pero sí es de las más desternillantes. Algunos de sus diálogos serán highlights de esta edición de Sitges.

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