Festival de San Sebastián 2018: Cold War y Ha nacido una estrella

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Amor de guerra y amor de subidón.

Esta misma semana llegan a la cartelera española dos historias de amor bien distintas, pero con un nexo común: la música. Las dos películas han sido presentadas en el Festival de San Sebastián, en la sección Perlas, y ambas levantaron pasiones, tanto en segmentos de públicos antagónicos como en espectadores capaces de emocionarse con todo tipo de propuestas cinematográficas. La primera es cine europeo de autor (Cold War), la segunda es cine con vocación claramente comercial (Ha nacido una estrella). La cinta polaca es mucho mejor que la cuarta versión hollywoodiense del clásico de A. Wellman, pero, contra todo pronóstico, el filme de Bradley Cooper es muy disfrutable.

El amor de guerra en Cold War. Historia de amor imposible durante la Guerra Fría entre Zula y Wiktor, dos personas de diferente origen, desamparadas y de fuerte temperamento que están condenadas a permanecer en el desgarro ante la inviabilidad de consumar sus apasionados sentimientos. Pawel Pawlikowski regresa cinco años después de la oscarizada Ida con esta excelente pequeña pieza fílmica que meses atrás ya conquistó al Jurado del Festival de Cannes, que le otorgó el premio a la mejor dirección. Un galardón más que justo atendiendo a la exquisitez formal de la puesta en escena, la belleza de muchas de sus secuencias, el relucir de los números musicales o el dolor palpable en unas imágenes amargas, pero siempre esperanzadoras.

La película, cuyo romance se desarrolla entre Polonia, Yugoslavia, Berlín y París, parece tener resonancias con la Europa actual, arrollada por la llegada de refugiados. Cold War es tan mínima como Ida, no obstante ambas son profundamente conmovedoras en el sentido más puro del séptimo arte: todo fluye de la imagen y el tiempo, de lo encuadrado y lo escondido, de lo palpable y de lo elíptico. Quizás ello provoque frialdad entre algunos espectadores, pero las escenas de filme (¡y ese desenlace!) rezuman emoción por todos sus recovecos. En la excelsa labor de Pawlikowski también sería remarcable su dirección de actores: Joanna Kulig está sublime, su rostro y su voz son difícilmente olvidables; Tomasz Kot ofrece una gran convicción dramática. Cold War es la crónica de un amor sincopado, planteada en destellos de poderosos encuentros y desencuentros a lo largo de 15 años. Cine con aroma a clásico nítidamente moderno.

Ha nacido una estrella

El amor de subidón en Ha nacido una estrella. Historia de amor entre alcohol, ascenso a la fama y, sobre todo, música. Mucha música. Actuaciones musicales y canciones originales que se escucharán en bucle durante los próximos meses; alguna de ellas muy probablemente gane el Oscar a la mejor canción (Shallow tiene todas las papeletas). La película supone el debut de Bradley Cooper en la silla de dirección tras declinar Clint Eastwood (con Beyoncé de protagonista) rodar el enésimo remake del clásico de William A. Wellman de 1937. El protagonista de El francotirador escogió finalmente a Lady Gaga para ser su partenaire en pantalla en el rol que en otras versiones encarnaron Judy Garland y Barbra Streisand. Cada generación con la diva del momento. Lo más sorprendente del filme es lo francamente bien que se desempeña Bradley Cooper tras la cámara: maneja muy bien los clichés de este tipo de relatos de auge y caída de personajes públicos, rueda las escenas musicales con -sí- maestría y evita caer en el melodrama más empalagoso e incluso usa la elipsis o el silencio para lograr mayor énfasis dramático sin el artificio de la cámara lenta o el in crescendo de una partitura.

La ópera prima de Bradley Cooper es la archiconocida historia presentada en clave actualizada, con los nuevos roles de género, el personaje de Ally (Lady Gaga) es de muy armas tomar y no deja pisotearse por nadie. Ha nacido una estrella adolece de una irregularidad patente en su metraje: por un lado, tiene una primera mitad notabilísima, especialmente en la presentación los dos protagonistas y las maravillosas set pieces musicales; por otro lado, la segunda hora es más atropellada, con fugas de inverosimilitud o excesiva exageración (la gala de los Grammy). Ahora bien, si por algo destaca el debut de Bradley Cooper es por él mismo, en su faceta de actor, nunca ha estado mejor y brinda una portentosa interpretación. No sería extraño verlo recoger el Oscar al mejor protagonista. La película es una de las frontrunner de la carrera y también se especula con estatuilla para Lady Gaga como mejor actriz. Su interpretación es sólida, pero lejos de merecer el galardón. No obstante, lo suyo es alucinante, en las escenas de números musicales, claro; en lo que todos sabemos que es una diosa: la reina del escenario.

Ahora bien, debe ganar el Oscar a la mejor canción, porque hace tres años Sam Smith (Spectre) ya se lo birló cuando ella compitió con el temazo Til It Happens To You del documental The Hunting Ground (por cierto, recuperad este documental). Ha nacido una estrella es la crónica de un amor marcado por la fama y el doloroso precio del éxito, también por la comunión alrededor de la música. Cine de estudio (Warner Bros.) con alma.

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