Entrevistas: Jaime Rosales

Escrito por

Twitter icon

Entrevistamos a Jaime Rosales.

Jaime Rosales se acerca con paso decidido a la primera fila de la Filmoteca de Catalunya, en Barcelona, donde este cronista espera pacientemente para entrevistarlo. Me confunde con Oriol Pla, que tiene un breve papel en Petra. Desde un primer momento se crea un clima de distensión para charlar con uno de los mejores directores del cine español.

Petra tiene la estructura de una obra de teatro, dividida en 7 actos. ¿Siempre la tuviste en mente como una tragedia griega? ¿Por qué?

Jaime Rosales: Sí, desde el primer guion lo tenía muy claro, de hecho, incluso el tiempo roto estaba presente en la primera versión. Las 20 versiones que llegamos a escribir (Michel Gatzambide y Clara de Roquet son co guionistas) tenían todas el tiempo no lineal. En una de las versiones, Michel, dijo que quería escribirla en orden y rehusé la idea porque nos iba a despistar y podría habernos gustado más y, en cambio, la idea en Petra de la no linealidad había que conservarla, puesto que es muy potente. La razón de escribir Petra como una tragedia griega es porque desde el punto de vista temático me interesa mucho lo que explora, como la idea metafísica del destino respecto al futuro de las personas y qué los dioses puedan jugar con nosotros. Por otro lado, desde el punto de vista de la posibilidad de establecer un vínculo determinado con el espectador es muy atractivo y permite entregarle algo dinámico, con mucha peripecia y curiosamente, aún con elementos folletinescos e incluso de humor, no se pierde profundidad. El gran hallazgo que me he encontrado, hablando con la prensa y el público, es que la ligereza no hacer perder profundidad.

– Cuando terminé de ver la película, twiteé con sorna que Petra es como una Nissaga de poder de arte y ensayo. ¿Un culebrón televisivo elevado al séptimo arte?

J. R. : Sí, exactamente. No eres el único que ha percibido eso. Asumí muy conscientemente lo folletinesco y la parte de soap-opera, una tragedia griega muy exagerada, pero al mismo tiempo estilísticamente quería ir a la contra y tomármelo formalmente muy en serio. El guion es de una gran exuberancia y al mismo tiempo la parte fílmica muy rigurosa y austera. Esta dicotomía me pareció muy interesante. Forma parte de la vocación anzuelo de Petra: queríamos llegar a más público y atraerlos desde la cinefilia. La historia les parecerá muy interesante y reconocible y luego se fijarán en la parte fílmica; en los pases de público algunos espectadores me han hablado de los movimientos de cámara y planteamientos de planos y quizás nunca antes habían reparado en ello.

– El arte es uno de los ejes centrales de la historia de Petra. ¿Es el arte el motor que empuja a las personas a ser quiénes son?

J. R. : Ser artista es una profesión muy vocacional. Las profesiones muy vocacionales requieren un gran esfuerzo, como la medicina, por ejemplo, ya que los médicos deben sobrevivir a un error que puede conducir a la muerte a otra persona. El ser artista es una condición existencial muy importante. En Petra se muestran tres tipologías de artistas con concepciones del arte muy distintas: por un lado, Jaume (Joan Botey) es el artista con gran olfato comercial, poderoso y de gran éxito internacional; por otro lado, Petra (Bárbara Lennie) es una artista que hace un trabajo sobre sí misma, sus obsesiones y sus heridas de modo terapéutico; y, por último, Lucas (Àlex Brendemühl) es el artista comprometido social y políticamente cuya obra está al servicio de causas sociales. Estas tres concepciones son las que generalmente te encuentras en el panorama artístico y me apetecía enfrentarlas.

– ¿Cuándo tuviste tu llamada vocacional artística para ser director de cine?

J. R. : Fue un proceso bastante misterioso y lento. Iba más encaminado hacia la ciencia o la empresa porque me gustaban mucho las matemáticas. Por otra parte, mi padre siempre me introdujo mucho en el mundo del arte y me llevaba a exposiciones, me enseñaba música, Historia… Probé muchas disciplinas: la pintura, pero no tenía buen pulso, el canto, pero no tenía oído. Entonces caí en la cuenta, cuando toda mi vida había visto muchas películas, que tienes muchos colaboradores siendo director de cine, diriges un equipo de profesionales. Ahí encontré mi vocación, cuando ya estaba en 3º de ESADE, aún así terminé la carrera y luego empecé de cero para iniciar el camino en el cine.

– Es tu primera película con un guion que no es cien por cien tuyo. Michel Gatzambide y Clara de Roquet han colaborado en la escritura. ¿De dónde surge la necesidad de buscar coguionistas?

J. R. : Es el guion más elaborado de toda mi filmografía, fui consciente desde el principio que en Petra el guion tendría mucha importancia. En mis anteriores películas me volcaba más en la parte fílmica y en la puesta en escena, me obsesionaba cómo iba a filmar la historia que quería contar. En Petra, en cambio, decidí ser igual de riguroso con una parte fílmica muy potente y estudiada, pero con un guion también muy trabajado. Entonces decidí que, como mínimo, teníamos que ser tres guionistas para que hubiese muchas intervenciones y un proceso de elaboración de personajes y tramas muy cuidado.

Jaime Rosales en el rodaje de Petra

– También es tu primera película con música extradiegética, una banda sonora original. ¿Por qué te decantaste por su uso?

J. R. : La inclusión de la música vino a raíz de una propuesta de Bárbara Díez, una de las productoras. Le dije “¿cómo voy a meter música en mi película si nunca lo he hecho?”. Busqué una solución y la encontré. Petra es una película en la que las injerencias de los productores y colaboradores han sido más presentes y yo más permeable. Todo ello ha sido muy positivo de cara a lo que buscábamos: encontrar un número de espectadores más amplio.

– La historia de Petra está capitaneada por tres personajes muy poliédricos que desempeñan acciones muy perturbadoras y generan reacciones no controladas en el espectador (sorpresa, risa involuntaria). ¿Qué dificultades surgieron en la escritura del guion para encajar bien todas las piezas?

J. R. : El arte, al final, es una praxis que lleva a la verdad, la revelación de una verdad misteriosa. Ahora bien, la revelación de una verdad que el artista desconoce. En el proceso de creación de una obra, el artista, de una manera intuitiva, aplica una técnica muy precisa, cuanto más controlada sea esa técnica, mejor; aunque también debe dejar margen para la improvisación para que la inspiración acuda. Eventualmente, si compone esa praxis precisa e improvisada, la revelación de la verdad se produce en un momento que no se espera, en relación a lo que no se espera y con un impacto que también es imprevisible. Es algo propio del ser humano desde sus primeras revelaciones mediante los chamanes hace miles de años.

– ¿Hay en Petra una metáfora de la España actual a través del abismo generacional entre unos personajes y otros y la profesión de Lucas (Álex Brendemühl), excavador de fosas comunes?

J. R. : Algo de eso hay, muy probablemente. Es curioso porque no había pensado para nada en esto, pero ya eres el segundo que me plantea esta cuestión. Buscamos un retrato de las cosas muy preciso, bajo el marco de la tragedia y lo folletinesco, pero luego todo está muy anclado en la realidad: el retrato de la burguesía catalana que conozco muy bien, el mundo del arte de Manolo Valdés, las fosas comunes inspiradas en las desenterradas y fotografías por Clemente Bernat. Todo ello permite una relectura de la realidad. España es un país que hizo un recorrido hacia la democracia a marchas muy veloces y pone de manifiesto unas diferencias generacionales mucho mayores que en Francia, Alemania o Italia. El cambio social y político se produce con el tiempo y en Petra quedan reflejadas las dos generaciones y ambas inciden la una encima de la otra.

– Has presentado 5 de tus 6 películas en el Festival de Cannes. Siempre en Un Certain Regard o en la Quincena de Realizadores, nunca en Sección Oficial. ¿Tienes una espinita clavada?

J. R. : Sí, sí, sí. Es una espinita clavada y un reto. Me gustaría estar algún día en Sección Oficial, dicho lo cual he sido muy feliz presentándolas todas en las secciones donde me han elegido. Lo que importa mucho es estar en Cannes, porque es un escaparte maravilloso, luego en qué calle esté la tienda, poco importa. Cannes para el cine es como Nueva York al comercio: si estás en la Quinta Avenida, fantástico, pero si estás en el Soho no está precisamente nada mal.

– Tanto Hermosa juventud como Petra son dos películas más accesibles para el público en general. ¿A qué se debe este cambio?

J. R. : Se debe en buena parte a una grave crisis que sufrí tras el estreno de Sueño y silencio. Película con la que tuve una apoteosis artística y una crisis industrial. Sueño y silencio era arte e industria con una parte artística superlativa, pero cuya parte industrial estaba abandonada. Ahí hubo algo que se me descabaló, en un primer momento no me di cuenta porque la experiencia artística fue muy intensa, pero con el tiempo observé que el cine tiene la particularidad de ser arte e industria. Y esto no quita que haya películas que pueden ser solo arte, del cual soy un espectador asiduo, y cine que es solo industria, donde puede haber películas muy disfrutables. Ahora bien, las películas que más me entusiasman son las que aprovechan todo lo que tiene el cine a su alcance y son arte e industria a la vez. Por todo ello, de repente he ido a buscar esta parte industrial que me cojeaba, pero he procurado proteger la mirada personal y contar lo que considero importante y nunca caer en el mercantilismo puro. Ya Hermosa juventud iba en esta dirección y Petra es un paso más a todos los niveles: guion, presupuesto, promoción y distribución en salas.

– La siguiente pregunta era si alguna vez en tu carrera artística habías tenido una crisis existencial como el personaje de Petra y la respuesta es sí…

J. R. : De hecho, después de Sueño y silencio casi abandono el cine. Fue una crisis en el sentido de decir: “he llegado hasta aquí, ha estado muy bien, pero quizás no tenga sentido seguir”. Me planteé cambiar de disciplina y ponerme a estudiar arquitectura. Al final, me pareció un abandono un poco fácil y preferí seguir explorando y llegar a dónde quiero llegar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *