Entrevistas: Bárbara Lennie y Álex Brendemühl (Petra)

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Volvemos a entrevistar a Bárbara Lennie y a Álex Brendemühl.

– Bárbara, ¿qué te atrajo más trabajar por primera vez con Jaime Rosales o el personaje de Petra? Àlex, tras Las horas del día, ¿qué atrajo más repetir con Jaime o el personaje de Lucas?

Bárbara Lennie: En mi caso te diría que trabajar con Jaime, porque primero llegó él antes que Petra. No me ofreció el guion, pero me propuso hacer unas entrevistas y pruebas sin conocer el personaje ni la historia. Más adelante, una vez leí el guion acabé de decidirme porque realmente me pareció muy impactante el proyecto.

Àlex Brendemühl: Nunca tuve claro si volvería a trabajar con Jaime y fue una sorpresa cuando me propuso Petra. Una película de Jaime Rosales, a priori, siempre me va a interesar mucho, porque sé que tiene unos métodos de trabajo diferentes y ambiciona hacer una película más allá de los estereotipos. En general es enriquecedor poder trabajar dentro de un marco diferente. Una vez leí el guion me pareció muy sugerente, salvaje y duro. También me apeteció meterme en esta película porque me gustan los saltos cronológicos que tiene la narración y la forma de contar la historia, la cual obliga al espectador a estar atento en todo momento.

– ¿Qué diferencias más notables habéis encontrado al rodar con Jaime Rosales respecto a otros directores?

B.L.: ¡Muchas! Nunca me había encontrado con un director que, desde el minuto uno, deje muy claras las reglas, escritas en una lista. Con otros directores no hay una lista, pero hay reglas, lo que pasa es que no te las dicen tan de frente. Jaime sí: te dice lo que quiere y lo que no, lo que puedes hacer y lo que no… Es una mezcla curiosa entre alguien profundamente ordenado tipo físico cuántico loco y un hombre con la sensibilidad para contar las historias y dejarte a ti un espacio para que esa sensibilidad entre en uno mismo. Ha sido lo más sorprendente de trabajar con él.

A.B.: Jaime tiene una manera muy cerebral de enfocar su trabajo y el de los demás. Siempre crea unas reglas del juego muy claras y una estructura muy definida de los procesos. Intenta organizar el caos de una forma absurda y obsesiva. A los actores nos toca estar receptivos y frescos para darle vida a todo este marco. Siempre es un reto complicado, porque hay momentos en que tienes muchas cosas en la cabeza y es complicado vaciarte de todo ello para poder estar y ser en la escena. Como actor estás expuesto a unos procesos de creación muy específicos, por ejemplo, si un movimiento de cámara no funciona, pueden pasar hasta tres horas mientras se replantea y se decide la buena o la mejor opción para esa secuencia y que cuente lo que se quiere contar.

Jaime Rosales, Bárbara Lennie y Álex Brendemühl en el rodaje de Petra

Petra es una tragedia griega con un marco de culebrón de arte y ensayo. ¿Cómo fue encarar vuestros personajes en unas interpretaciones que parecen más cercanas al teatro íntimo?

B.L.: La película juega con la distancia que pone mediante la forma que tiene de contar la historia; nunca acabas de estar dentro ni de envolverte emocionalmente con lo que está pasando porque siempre está presente ese movimiento que te va guiando. Sería teatral como el de cine de Bergman puede ser profundamente teatral, en ningún caso el teatral del cliché definido como interpretación exagerada. De todos modos, Jaime nunca emplearía el adjetivo teatral porque le parecería la muerte misma (ríe), no le gusta el teatro. Nosotros no hicimos una preparación de personajes.

A.B.: No se parte de un planteamiento psicológico de los personajes

B.L: La psicología no entra en el juego.

A.B.: Tú eres circunstancial del momento y la situación. En los ensayos se plantea la escena en base a lo qué ocurre en ella: “una mujer y un hombre, les pasa esto y están aquí por esto”. Más allá de esto no te planteas los procesos psicológicos que siguen a tu personaje. Estás y existes. Suelo tener dificultades por saber qué es teatral y qué no en el cine. Quizás Petra tiene mucho de teatro de cámara al estar planteada con muchas secuencias de dos personajes interactuando en espacios interiores.

El arte tiene un papel primordial en Petra. ¿El éxito en el campo artístico siempre va ligado a lo corrompido como en el personaje de Jaume o hay camino para encontrar la plenitud creativa como quiere lograrlo el personaje de Petra?

B.L.: Hay muchos ejemplos de artistas a los que les va muy bien y que tienen mucho éxito y siguen siendo fieles a lo que han querido hacer. El mundo del arte contemporáneo (pintura y escultura) es muy curioso, puesto que el mercado es fundamental y dependes mucho de en qué galerías consigues exhibir tus obras y entonces te conviertes en un artista importante y tus trabajos se revalorizan. No obstante, en el viaje íntimo del artista, este puede ser coherente sin tener que corromperse de ninguna manera en particular.

A.B.: Muchas veces ni me planteo que nosotros hacemos arte, luego a posteriori me doy cuenta que se clasifica como un trabajo relacionado con el arte. Realmente muchas veces lo veo como un trabajo más artesano y de desarrollo de un trabajo personal e íntimo contigo mismo y honesto con lo que tú crees. En el caso de Petra se habla de ese arte que compran los ricos para llenar sus casas y desgravar dinero. Es una realidad que se me escapa. La necesidad del ser humano de contar algo que nace en su interior y sentimientos me parece que está a las antípodas de esta realidad. Cuando me veo a mí mismo como artista, reflexiono que no podría hacer otra cosa, es como un llamado divino que me hace priorizar esto a trabajar en otros ámbitos. Ser actor me ha escogido a mí o yo a ello. No veo lugar ni momento de hacer algo con una perspectiva de comercialidad o mercantilismo.

– En vuestra trayectoria en el cine, que es el séptimo arte, ¿os habéis encontrado alguien tan manipulador, mercantilista y déspota como Jaume (el personaje interpretado por Joan Botey?

B.L.: ¿Te imaginas?

A.B.: (Ríe). Pues yo me he encontrado, salvando las distancias, con gente manipuladora y perversa. El personaje de Jaume es llevado al extremo.

B.L.: Es como una caricatura de lo que podría ser. Por suerte, me he encontrado con lo mínimo. He tenido contacto con algún despiadado; digo despiadado porque siempre han sido hombres. El porcentaje es muy pequeño y afortunadamente cada vez tengo más olfato para verlos venir y esquivarlos.

En este momento de la entrevista, Àlex Brendemühl que no estaba citado para la jornada de entrevistas se dirige al aeropuerto para subir a un avión con destino a París, que es donde tendría que haber estado. Su vuelo del día anterior se canceló y decidió por voluntad propia acerarse a la promoción de Petra y trabajar. Un profesional como pocos. Seguimos con Bárbara Lennie a solas y nos centramos en su carrera como actriz en los últimos años.

– Menudo 2018: en Berlín con La enfermedad del domingo, en Cannes con Petra y Todos lo saben y en Toronto y San Sebastián con El reino. Tu carrera despegó, en buena parte, con la acogida de Magical Girl. ¿Cómo valoras esta subida exponencial en cuanto al reconocimiento de tu trabajo?

B. L.: ¡Jejeje! Mmmmh…

– ¿Abruma más la pregunta que la realidad?

B. L.: La realidad a veces es un poco abrumadora: no porque esté pensando “ay, ay, ¿ahora qué hago con todo esto?”, sino porque quiero darle la importancia que tiene. Ni más ni menos. Sí que reconozco que estoy muy orgullosa de lo que viene ocurriendo, de los trabajos que, por suerte, he podido realizar y de las películas que han generado el interés para ir a presentarlas a estos festivales tan importantes. Lo veo con todo el esplendor que puedo, quiero disfrutarlo mucho, soy consciente que es bastante excepcional y que no me garantiza nada. Mi objetivo no es tener una agenda cerrada de proyectos a dos años vista, podría tenerla, pero ahora mismo estoy centrada en saber hacia dónde quiero ir y me lo tomo con calma.

– Te has encontrado con despiadados al otro lado de la cámara, entiendo que a directores te referías. En tu carrera solo has trabajado con una directora, Nely Reguera en María (y los demás). ¿No tienes el gusanillo de ponerte detrás de las cámaras?

B. L.: Sí, me encantaría. Estamos en el camino de tener más voces femeninas al frente de las películas. En mi caso particular, no te miento si te digo que, desde hace un tiempo, todos los días lo pienso y sé que tarde o temprano lo voy hacer.

– Hace un año estalló el movimiento del #MeToo. ¿Qué avances se han hecho y qué paredes quedan por derribar todavía?

B. L.: Sí, muchísimas paredes. Se ha avanzado en algo que es muy importante que es la visualización: sacar a flote toda una podredumbre y un nivel de abuso que estaba en la sombra y que ha sido fundamental denunciarlo. Ha cambiado la manera de ver a la mujer y la sensibilidad con respecto al tema. Ahora hay que transformarlo en acciones reales: leyes que sostengan la igualdad de derechos, económica y los pilares básicos. Y no solo en el mundo desarrollado, también en los países subdesarrollados. Es una labor muy importante y hay que tener cuidado para que haya diferentes voces y no caer en discursos unidireccionales. Nosotras estamos en un proceso de redescubrirnos a nosotras mismas, redescubrirnos como colectivo, de respetarnos de verdad. Es interesante y excitante formar parte de este momento.

– Cambiando de tercio totalmente y sin venir a colación de las anteriores preguntas. Con Pedro Almodóvar solo has rodado La piel que habito interpretando un papel muy breve. ¿No se ha dado la oportunidad de repetir?

B. L.: No se ha dado, hay que decírselo a él. La próxima vez que lo entrevistes, pregúntaselo.

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