Críticas: Burning

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La duda que arde.

Año tras año, el Festival de Cannes tiene lugar en Mayo y es el escaparate del desembarco del que es, a grandes rasgos, el gran cine del curso siguiente. Todos los espectadores que no asistimos al festival invertimos los siguientes meses esperando a que sus películas vayan llegando en cuentagotas a nuestra cartelera, en un largo proceso que puede durar más de un año. Este curso los primeros platos fuertes se han tomado prisa en aterrizar en nuestras salas. Es el caso de la película de la que hablamos hoy. Una obra que, pese a no haber recibido galardón en el palmarés oficial del festival francés, recibió el premio FIPRESCI de la crítica y una amplia cantidad de menciones y reseñas muy entusiastas. Película que acaba de competir en Sitges, y que supone el regreso prácticamente una década después de uno de los realizadores coreanos más venerados. Hablamos de Burning, nueva película de Lee Chang-Dong que adapta un libro de Haruki Murakami. Un thriller de protagonistas jóvenes que presumíamos de precisión y elegancia en su estilo, y pausado en su entramado dramático.

Afortunadamente, no tuvimos que esperar mucho para averiguar que nos deparaba, pues temprano fue el pase que organizó Vértigo. Y sin perder el sentido ni ser plenamente anonadados, es innegable que nos hallamos ante una de las grandes películas de este 2018. Una película que caminaba con pies de plomo, pero con mucho mimo y detalle para hacernos disfrutar durante su desarrollo. Una película que recompensará a los pacientes, y evidencia el gran talento del hombre tras la cámara.

El joven, solitario y desarreglado Jongsu se encuentra por azar en un sorteo de relojes y objetos electrónicos a Haemi, muchacha a la que conoció en su infancia. Tras unos encuentros de cortejo, acabarán intimando. Pero cuando ella vuelve de África, período durante el cual él da de comer a su gata, lo hace de la mano de un nuevo novio, el apuesto, acaudalado y misterioso Ben. Los tres iniciarán una peculiar amistad, la cual se enrarecerá desde el momento en que Ben confiese a Jongsu una extraña afición. Una película de intrigas y misterios, con personajes sencillos envueltos en climas malsanos. Un ejercicio que brilla por su atmósfera y manejo de la tensión, así como un tono en mutación. Un ejercicio en gradación dramática que pasa de ser un relato naturalista a una película de género. Una adaptación que mantiene la fuerza de la obra original sin subrayados ni excesos literarios, sino dejando a sus personajes que lleven las acciones a cabo. Pero no brilla la película por el texto, sino por la manera de fluir y por la construcción de momentos y tempos muertos. Son las herramientas cinematográficas y el uso de estas lo que la elevan. La banda sonora, insistente, atrapa al espectador en un clima de incertidumbre, y el buen gusto al realizar y encuadrar logran secuencias tan excelentes como el baile de ella al atardecer, en el patio de la casa en el campo del padre de Jongsu. Un drama sosegado que sin embargo, transpira de continuo una fina pero pegajosa angustia. Un reloj de absoluta precisión, que progresivamente se mete en nuestro piel bien ganándonos por su intriga, bien su comicidad o bien su cuidada forma, que nos acerca con sutileza a un escabroso abismo.

Una película a la que sin duda conviene acercarse sin unas expectativas inalcanzables, pues puede haber leve decepción. Allí donde la manera de narrar nos fascina, no termina de fascinar por igual lo narrado y su resolución último, quedando el apunte de invernaderos sin profundizar y concluyendo el filme con un final coherente pero carente de un impacto que un final más sorpresivo podría haber logrado, redondeando aún más la experiencia. Y en esta era de tanta competición en el cine de autor con filmes tan excelentes, esta película es notable en todo lo que hace, pero no revoluciona ni innova el panorama artístico, pues todo lo que ofrece ya ha sido hecho antes. En definitiva, esos exiguos matices que separan las muy buenas películas de las obras maestras.

Se acerca un otoño cargado de buenas opciones cinematográficas. Esta bien merece la pena constar entre ellas. Desde este medio, Burning queda más que recomendada.

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