Festival de San Sebastián 2018: Un día más con vida y Mirai, mi hermana pequeña

Escrito por

Twitter icon

Las Perlas animadas.

Para un apasionado del cine de animación es una suerte encontrarse con dos películas de esta técnica en Perlas, la sección competitiva por el Premio del Público que aglutina algunos de los grandes títulos del presente año estrenados en anteriores certámenes (Cannes, Venecia…). La primera de ellas es la sólida y potente Un día más con vida que ha entrado por la puerta grande con una nota media superior al nueve, una cifra que en las últimas seis ediciones pocas cintas han logrado rebasar. Coproducción entre España y Polonia, la película, en formato crónica-documental periodístico, es una adaptación de la novela autobiográfica del celebrado reportero de guerra Ryszard Kapuściński en una de sus múltiples y dolorosos viajes por África.

Los codirectores Damian Nenow y Raúl de la Fuente se fijan -claramente- en Vals con Bashir, la magistral cinta de Ari Folman que retrataba, de modo muy similar, la matanza de palestinos en el Líbano a principios de los 80. Un día más con vida es bastante inferior, en buena parte, porque los testimonios del presente y comentarios del narrador, bajo imágenes de archivo, no han sido animadas; los dos directores parecen acobardarse con el uso de la técnica o, peor, buscan mayor enfatización con los rostros reales y lograr mayor emoción del espectador dejando de lado su apuesta por lo animado. En cambio, la cinta brilla en sus reflexiones sobre el periodismo, la figura del corresponsal de guerra, su papel en el entorno hostil donde desarrolla su profesión y los límites entre lo que debe ser contado y el precio ético y/o peligroso para lograr dicha información. Un día más con vida es un buen drama, con una animación hiperrealista, contundente y desgarradora en su crónica bélica, pero irregular en su ejecución por esa torpeza en el cambio de registro.

Mirai, mi hermana pequeña

La segunda película de animación en liza de esta sección es Mirai, mi hermana pequeña, el nuevo trabajo de Mamoru Hosoda, tres años después de competir por la Concha de Oro con la notabilísima El niño y la bestia. Mirai es, sin lugar a dudas, uno de sus mejores trabajos, en caliente, el mejor tras Wolf Children (Los niños lobo). El filme es una divertida y tierna historia entre dos hermanos, Kun, de 4 años, y su recién nacida hermana, Mirai. Los celos hacen mella en el comportamiento del protagonista, pero unos viajes en el tiempo y unas pesadillas de lo más aventureras supondrán una lección de vida importantísima. En última instancia estamos ante una de las comedias dramáticas familiares más emocionantes de los últimos años, no solo por el eje fraternal entre ambos, sino también por la relación con el padre y la madre.

Aparentemente, Mirai, mi hermana pequeña puede parecer una simple cinta graciosa y dulce, pero cuando escarbas en ella descubres muchas capas: gran fuerza imaginativa, una delicadeza en los sentimientos nada artificial y un certero retrato de la tradición. Un Hosoda en plenitud creativa condensando las constantes de su cine, incluso se encuentran ecos de Summer Wars. Bajo su fuente inagotable de gags (estilo anime Doraemon o Shin-chan), Mirai posee una poderosa fábula sobre los conflictos, contradicciones y desconocimientos de la infancia y el proceso de aprendizaje sobre qué es el amor y ser amado. En otro orden de cosas, tanto la animación (los mundos oníricos) como el diseño de personajes resulta visualmente apabullante como suele ser habitual en los trabajos de Hosoda, la expresión de sus personajes es profundamente evocadora. Mirai, mi hermana pequeña es de aquellas películas que arrancan indistintamente sonrisas y lágrimas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *