Festival de San Sebastián 2018: Illang: La brigada del lobo y An elephant sitting still

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Pequeño viaje por el continente asiático.

Abrimos fuego, nunca mejor dicho, con la película coreana Illang: La brigada del lobo del director Kim Jee-Woon, y basada en el anime japonés The Wolf Brigade (1999) escrito por Mamoru Oshii. La cinta compite en Sección Oficial, donde ya compitió el realizador con su cinta Encontré al diablo (2010). Si os gustan las pelis de acción, con un toque de thriller y ciencia ficción, esta cinta es la vuestra.

En el año 2029, debido a la situación política y económica mundial los gobiernos de Corea del Norte y del Sur deciden reunificarse por un periodo inicial de 5 años. Esto hace que las potencias mundiales impongan unas fuertes sanciones que paralizan la economía y conducen a un periodo de caos total. Durante este periodo se crean las Fuerzas Especiales para luchar contra el grupo terrorista “Secto” que intenta detener la reunificación. Para darle más salseo al asunto tenemos de por medio al Poder Público que no quiere perder su cuota de poder dentro del Gobierno frente a la Fuerzas Especiales. Además de todo esto se rumorea que existe la Brigada de los lobos, que está formada por personal de élite perteneciente a las Fuerzas Especiales.

Con todos estos ingredientes las traiciones y luchas por mantener el poder están a la orden del día, y la acción gira en torno a esos grupos enfrentados. El director consigue mantener un buen ritmo durante toda la cinta y para que no todo sean grandes persecuciones en coche, explosiones, peleas, tiros y demás parafernalia perfectamente coordinada y rodada, se introduce el conflicto interno de uno de los integrantes de las Fuerzas Especiales que formaba parte de una emisión para eliminar a los líderes del grupo terrorista Secto en la que por error son asesinadas 15 niñas inocentes. Esta última parte de conflicto del protagonista no está tan lograda como toda la parte visual y de acción, lo que en algunos momentos hace que la cinta se resienta pero “Nadie es perfecto”, que dice el clásico. Sin resultar redonda, es bastante entretenida.

An elephant sitting still

Seguimos el viaje, ¡y vaya viaje!, con la china An elephant sitting still de Hu Bo, que compite en la Sección Zabaltegi-Tabakalera, después de su presentación mundial en la Berlinale, donde el director es galardonado con una mención especial a la ópera prima y el premio FIPRESCI.

La película nos cuenta el cruce de caminos de cuatro personajes a raíz de un accidente en el colegio donde estudian dos de ellos. Durante 24 horas emprenden una huida por distintos motivos, aunque el motivo de fondo sea huir de sus vidas, convencidos de que el único lugar en el que se encontrarán a salvo es la ciudad de Manzhouli, donde se dice que hay un elefante sentado que simplemente ignora el mundo. Esta es la excusa para que el director nos muestre su desoladora visión del mismo.

Los cuatro protagonistas se odian a sí mismos, se encuentran encerrados y no encuentran consuelo en nada ni en nadie. El amor brilla por su ausencia y la cinta está plagada de sentimientos negativos que van desde la venganza a la más absoluta desesperanza, pasando por la indiferencia, la rendición total o el conformismo. La relaciones paterno/materno filiales son brutalmente crueles y los diálogos tan afilados que por un momento te cortan la respiración.

El director sigue a los protagonistas muy de cerca, echando la cámara encima de ellos para que no pueden respirar, y tú tampoco puedes. Utiliza durante toda la cinta encadenados de planos secuencias, unos planos sostenidos minuto, tras minuto, tras minuto, sin que esto sea de ningún modo, un lastre para la película. Pocos directores podrían permitirse esta forma de rodar sin aburrirnos soberanamente pero Hu Bo pasa el examen y con nota. La cinta no se concibe sin esta particular narración que te arrastra hasta el pozo más hondo hasta el punto de sentir que un mundo como el que nos muestra no merece la pena ser vivido. De hecho el director se quitó la vida, con tan solo 29 años, al terminar la postproducción de la película, en octubre de 2017.

Personalmente no comparto su visión del mundo pero el realizador es capaz de hacernos sentir como lo ve él, lo que tiene un valor incalculable, ya que de los 234 minutos de metraje de la cinta, 233 son de una desesperanza total y absoluta que te arrasan sin piedad. No os diré donde está la esperanza porque espero que podáis descubrirlo por vosotros mismos.

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