Entrevistas: Elena Trapé

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Elena Trapé: “La idea es contar más con los gestos y miradas, en el rodaje perdimos líneas de diálogo”.

Un paseo tranquilo, aunque corto con Elena Trapé por el barrio del Poble Nou en Barcelona. Entre su entrevista en los estudios de BTV (la cadena local de la ciudad) y otra en RNE, nos atiende para hablar de su segunda película, Las distancias, gran triunfadora del último Festival de Málaga donde conquistó los premios a la mejor película, dirección y actriz (Alexandra Jiménez).

– Los protagonistas, un grupo de amigos, se reencuentran en Berlín, pero parecen estar más solos ahora que están juntos ¿Las distancias del título son más emocionales que no físicas?

Elena Trapé: En realidad el título hace referencia a las distancias más literales que son las geográficas, pero también a las que tienen los personajes con relación a sus expectativas y la relación entre ellos como grupo de amigos. Tienen una relación que se ha ido diluyendo a lo largo de los años: representa que al inicio sí viajaban a menudo a visitarlo a Berlín y él volvía a Barcelona y en estos encuentros es fácil mantener los roles de siempre. Ahora bien, estas idas y venidas son más dilatadas en el tiempo y este último viaje a Berlín fuerza una convivencia en el mismo piso y este cambio de contexto pone de manifiesto que en el presente no tienen nada que decirse.

– Los cuatro protagonistas tienen momentos en que querrías darles un guantazo, pero a la vez conectas mucho con todos ellos a lo largo de la película. ¿Qué proceso seguiste para construir los cuatro roles y su estado mental?

E. T.: Hubo mucho trabajo en la construcción de los personajes y todos los detalles de sus personalidades. Precisamente no queríamos ningún malo de la película. Incluso el personaje de Guille, el interpretado por Isak Férriz, el más difícil de comprender en determinadas escenas, también tiene momentos que generan mucha ternura; es una persona incapaz de hacer el mal, desde su punto de vista él cree que está haciendo lo que debe hacer. Todos ellos son personas que hacen lo que pueden, no parten desde la mala fe, pero en la dinámica de conocerse desde hace muchos años, la confianza genera abuso de confianza y las cosas se dicen sin filtro alguno.

– Se acostumbra a tildar a la generación que se encuentra entre los 20 y los 35 de egoístas. ¿Lo son los protagonistas de Las distancias?

E. T.: Lo son, claramente, cada uno tiene sus matices y un porqué de su comportamiento, que se cuenta en la película o se insinúa en cualquier caso. Sobre todo son inmaduros y tienen poca consciencia de dónde se encuentran y del porqué están ahí.

– Me ha gustado mucho el uso del plano secuencia o planos largos durante la película. ¿Por qué decidiste usarlo tanto?

E. T.: Porque quería que existiera la sensación de estar entrando en la vida de estos personajes y me gustaba mucho que la cámara estuviera cerca de ellos y dentro de la acción. El plano largo nos da un tempo que permite, por un lado, narrar mucho con los silencios y miradas y el espectador tiene más tiempo para leer entre líneas; y, por otro lado, no fragmentar el acting de los actores, rodamos todas las escenas enteras desde todas las posiciones de la cámara para lograr esta cadencia y así los actores podían defender en todo momento lo que están diciendo como personajes.

– De hecho, la película muestra más con los gestos y miradas que no con las líneas de diálogo…

E. T.: Sí, esta era la idea desde el principio. De hecho, durante el proceso fuimos perdiendo líneas de diálogo.

Elena Trapé y Alexandra Jiménez en el rodaje de Las distancias

– A Miki Esparbé y Alexandra Jiménez el público está acostumbrado a verlos en comedia. Demuestran ser grandes actores en drama también. ¿Cómo fue su elección?

E. T.: Fue por casting, no es que los fuera a buscar directamente. Al ver que encajaban muy bien en los personajes de Comas y Olivia, tenía muchas ganas de trabajar con ellos en este registro y darle la vuelta a las expectativas que el gran público tiene de ellos. Por otro lado, el casting fue muy chulo y pude ver a actores con los que espero trabajar en futuros proyectos.

– Tu primera película, Blog, ahora es mucho más actual en la era del #MeToo y con conceptos como el de sororidad a la orden del día. ¿Cómo ves tu opera prima ocho años después?

E. T.: Muy complicada esta pregunta (ríe). Blog lo que termina demostrando es que, independientemente de las herramientas de comunicación, la dinámica de grupo y el peso que éste tiene por encima del individuo en esta edad tan frágil de la adolescencia es inmenso y te puede conducir a hacer cosas realmente oscuras. La película se centraba en un grupo de chicas que querían sentirse queridas.

– Isabel Coixet produce la película. Hace poco un artículo en The Hollywood Reporter la situaba como la directora española de cine que ha abierto la veda a nuevas cineastas en nuestro país. ¿Es un privilegio contar con su participación?

E. T.: Siempre he admirado a Isabel Coixet y su implicación con la película es simbólica, la productora principal es Marta Ramírez (Coming Soon Films). Isabel nos apoyó en el proyecto en una fase más avanzada para respaldarlo y con interés por su parte para que esto nos pudiera beneficiar. Fue muy enriquecedora su contribución.

– ¿Elegir Berlín como centro de la acción tiene alguna razón especial?

E. T.: Elegí Berlín sobre todo pensando en el personaje de Comas (Miki Esparbé), representa que en 2002 decide irse de Barcelona con ganas de convertirse en diseñador o artista y encontré lógico que fuese Berlín por su movimiento cultural. Además, la capital alemana me parece la ciudad perfecta para quedarte en un limbo particular, sin tomar decisiones y con un estilo de vida joven y muy asequible.

– La situación de la mujer en la industria del cine es complicada, pero desde hace un año las ansias de cambio son mucho más notorias. ¿Cómo valoras este avance, aunque insuficiente todavía?

E. T.: Es un problema estructural no solo del sector del cine. Es un proceso que implica cambiar las cosas desde la base como la educación de los pequeños para empezar.

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