Críticas: Un océano entre nosotros

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Un timador en alta mar.

Hombre de unos 50 años, absolutamente solo, en alta mar y con la ambición de ganar una competición o la certeza de sobrevivir a todo imprevisto. En los últimos años dos películas muy semejantes ya habían copado la atención con la notoriedad de sus actores: François Cluzet (En solitario) y Robert Redford (Cuando todo está perdido). Ahora se estrena con meses de retraso Un océano entre nosotros que, a priori, era considerada una de las fuertes contendientes para la carrera de los Oscar de la anterior edición. La película narra la odisea real de Donald Crowhurst y todas sus artimañas para engañar a sus patrocinadores y familia y esconder su cobardía para emprender de verdad y con todo riesgo aquello que se había propuesto.

Este es el mayor pilar del nuevo trabajo de James Marsh, construir alrededor de la enésima historia de supervivencia en alta mar una radiografía de un tramposo y un aprovechado: su intención no fue concluir la competición (circunnavegar alrededor del mundo sin ninguna parada), sino esperar a que el resto de participantes abandonaran el campeonato mientras él daba vueltas a no demasiadas millas de distancia de casa (una localidad costera de Inglaterra). Todo ello ha podido dilucidarse mediante los cuadernos de bitácora de Donald. Más allá de este planteamiento, la película resulta obvia en su construcción del drama familiar y trillada de tópicos en cuanto a su desarrollo. La suma de ambos factores determina que la cinta sea más anodina –y aburrida en algunos pasajes- que una entretenida aventura.

Aunque los mejores trabajos de Marsh sean como documentalista (Man on Wire, Proyecto Nim), su obra en largometrajes de ficción no es nada desdeñable con La teoría del todo a la cabeza. Un filme maltratado por su condición de oscarizable, pero que bajo su apariencia de biopic rutinario (sobre la figura del astrofísico Stephen Hawking) se escondía una lúcida y certera disección del matrimonio. En cualquier caso, Un océano entre nosotros es su peor película hasta la fecha; aquí, tras la historia de los hechos reales, hay poco que escarbar, no se muestra tan conciso con sus personajes ni saca provecho de la distancia entre los protagonistas. Nada en ella molesta, pero tampoco nada resulta especialmente atractivo.

Si Un océano entre nosotros destaca especialmente en algún aspecto, es en las interpretaciones. La construcción del personaje por parte de Colin Firth es inmensa, desde la fisicidad en los segmentos de peligro en alta mar hasta lo más introvertido en su desamparo emocional. Rachel Weisz, aunque desaprovechada –como lo que apuntábamos de su rol en el propio guion-, también está francamente bien, pocas actrices expresan tanto con el rostro como ella. Por otra parte, el malogrado Jóhann Jóhannsson, fallecido prematuramente hace siete meses, ofrece un testamento musical notable con sus composiciones más clásicas y melodramáticas, pero marcadas con su sello personal. En definitiva, Un océano entre nosotros es una aventura marítima plagada de lugares comunes y de escasa de emoción.

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