Críticas: La Monja

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Sor maléfica.

Si hay un nombre propio tanto a nivel comercial como artístico en el panorama internacional del cine de terror del nuevo milenio, ese es el del realizador malayo-australiano James Wan. Recurriendo sin disimulo ni cargo de conciencia al imaginario más clásico del cine de género para rendirle pleitesía y, a su vez, apropiarse de él para filmar un cine revigorizado con un espíritu propio, ha dirigido pocas pero notables películas de sustos y fantasmas. Filmes que, además, supusieron el pilar y pistoletazo de salido sobre el que se construyeron varias franquicias multimillonarias. Ocho entregas tuvo la saga Saw, Insidious lleva ya cuatro. Y con el largometraje que diseccionaremos a continuación ya son cinco episodios del universo cinematográfico interconectado que mejor está sabiendo competir con Marvel: el Warrenverso. Hablamos de las dos notables películas de Expediente Warren y de los spin-offs de sus criaturas más populares. Si primero fue el turno de la muñeca Annabelle, ahora era el momento de descubrir los orígenes del espeluznante espíritu con aspecto de monja en estado de putrefacción.

Cinta lacónica (90 minutos de metraje) ambientada en Rumanía y dirigida por un realizador primerizo. Filme del que nada sabíamos cuando llegó a nuestro territorio, pero cuyo innegable potencial nos hacía esperar descubrirlo con alegría. Y el filme, si bien está lejos de ser lamentable o vergonzoso, es una evidente decepción. Pues aparte de entretenimiento y carnaza para los fans, la propuesta de Corin Hardy no tiene nada nuevo que ofrecer para los demás. Un pasatiempo competente, eficaz, correcto, pero sorprendentemente rutinario y falto de ideas.

Tras el suicidio de una novicia en el Monasterio rumano de Cârța en 1952, el cura enviado por el Vaticano Padre Burke (Demián Bichir) y una novicia joven británica a punto de tomar sus votos (Taissa Farmiga, hermana de la Vera que interpretaba a Lorraine Warren) para ir a Rumanía y adentrarse en la abadía para investigar el origen del misterio y las incógnitas que este recóndito lugar escoge. Una vez el joven y apuesto Frenchie les sitúe en el terreno, pronto descubrirán que algo extraño acecha en el monasterio, un espíritu maligno encerrado siglos atrás y que parece haberse liberado en busca de un alma que poseer. Cine clásico de iglesias lóbregas y espíritus demoníacos, posesiones y artilugios divinos para recluir al mal. Película que revierte el imaginario cristiano para estremecer con su faz más perversa y asustar puntualmente con presencias sombrías, ubicuas y violentas que hacen de las suyas en hermosos pero poco acogedores escenarios.

Curiosamente, el aspecto más acertado del filme es una elección de casting, al obtener un interesante juego visual al disponer de los servicios de Taissa Farmiga que presuponemos nada casuales. Pese a no interpretar al mismo personaje que su hermana, el hecho de que el de esta sea más joven que el de aquella, que esta película sea cronológicamente anterior que las de los Warren y que ambos personajes tengan visiones provoca que la reminiscencia visual con Lorraine sea constante, y muy jugosa. Apartado visual que es dónde el filme, competentemente realizado y fotografiado, más brilla, aprovechando unas hermosas localizaciones, buena dirección artístico e inquietante diseño de criaturas para ofrecer estampas inquietantes y poderosas. Interesante protagonista femenina, sobre la que recae el peso del drama, y atractiva antagonista, que fluye espeluznante entre una iconografía sustentada, sugerente y sensorialmente sugestiva. Nada que no conociésemos, sí, pero todo en la justa medida para, cuando menos, agradarnos y no perder nuestro interés durante la proyección.

Si Irene suple la papeleta, no así el resto del reparto, con un Bichir desaprovechado y un Bloquet como insulso e ineficaz alivio cómico. Pero el gran problema de un filme que a la postre termina siendo mediocre es un guion simple y pobre, carente de innovación, sorpresa o siquiera ambición. Y si bien vemos a La Monja, ni asusta más que en los fragmentos del filme de Wan ni se ofrece nada que enriquezca su mitología, sino que se le ofrece un origen típico y presuponible. Los sucesos se desarrollan en la rutina, en los clichés, en los estereotipos del terror católico, en el terreno de lo familiar, dando como resultado un producto que cualquier aficionado de la saga hubiera imaginado hace unos años. No hay argumentos, ni conceptos más allá de la mera excusa de ver a la Monja un rato más. En una saga ya tan veterana y con un imaginario tan denso, su nueva entrega se queda pequeña en el plano narrativo, e insípida en el apartado de estricto terror.

A grandes rasgos, una película que cumple expediente, y que al menos logra sus objetivos, por limitados que sean. Para todo lo demás, un capítulo inofensivo. Gratificante en el momento, pero altamente olvidable.

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