Críticas: Yucatán

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Bondades y miserias a bordo.

Tras una atronadora campaña de marketing en los canales de Mediaset -como viene siendo habitual en sus producciones-, Yucatán llega a los cines con méritos propios para atraer la atención de los espectadores. Principalmente por Daniel Monzón, director de la estupenda Celda 211 y la irregular pero muy apreciable El niño. También por Luis Tosar, uno de los pocos actores de nuestra cinematografía capaz de llevar a público espontáneo al cine; además de ser uno de los mejores. Por último, la apuesta por la comedia más disparatada, aunque no sea este género la columna vertebral de la película como su campaña promocional parece advertir. Quizás los dueños de La que se avecina prefieran hacer ver que es un Ocho apellidos vascos y no un -salvando las enormes distancias- El golpe como resulta ser desde su premisa inicial.

Yucatán es ante todo una historia de atracadores, robos y engaños envuelta en una agridulce reflexión sobre la condición humana, las bondades y miserias de cada uno en una aventura marítima tan narrativamente larga como endiabladamente divertida. Monzón une fuerzas con su habitual coguionista Jorge Guerricaechevarría y se sirven de la comedia para hablar del aquí y ahora, mejor dicho del cómo hemos llegado hasta aquí (la trama se sitúa en el 2008, justo antes del estallido de la crisis económica) y presenta unos personajes y unas motivaciones que, en realidad, definen al ser humano de forma universal en los últimos tiempos. Al fin y al cabo todos ellos son víctimas de la codicia y la ambición ligadas al dinero; ideales de felicidad pervertidos en sociedades capitalistas.

Más cercana a la liviana crítica social que al aleccionamiento maniqueo, Yucatán gira en torno a la conspiración de dos maleantes archienemigos dispuestos –cada uno con su plan- a engañar y robar los 160 millones de euros ganados por Antonio, un anciano que viaja con sus tres hijas y sus yernos en el crucero. El tándem de guionistas sortea el humor más zafio -aunque hay gags casposos, sí-; no obstante, los dos personajes más casposos (los yernos) van recibiendo a lo largo del metraje golpes de justicia poética. Parece una venganza de Monzón, quizás obligado desde los productores a incluir chistes de este calado para atraer al mayor número de espectadores posibles. Yucatán parece ser la enésima comedia de enredos tipo Vacaciones en el mar, pero afortunadamente eso es anecdótico y está más cerca de ser un entretenimiento tipo Charada u Ocean’s Eleven. Sí, salvando las -grandes- distancias, huelga decirlo.

La dupla Monzón-Guerricaechevarría ha dado un paso atrás clarísimamente respecto a sus dos anteriores trabajos, pero su cinefilia y su afán por aunar el cine artesanal con el cine de masas aúpan cualquier propuesta que se les proponga. Con Luis Tosar liderando la rocambolesca odisea también se sustenta todo mejor con su inagotable talento. El reparto, en su totalidad, cumple con creces, pero por encima de todos los demás destaca Joan Pera, recuperado para la gran pantalla tras años de ostracismo -salvo filmes de Ventura Pons- y ofrece uno de los secundarios más tiernos del cine español reciente. Su escena Rosebud en un lago en Yucatán es deliciosamente emotiva.

Alguna de las tramas paralelas roza el ridículo (el noviazgo de la hija más joven con el bailarín) y su excesivo metraje reincide en los problemas narrativos que ya imperaban en El niño. En ocasiones, menos sería más. Yucatán es una aventura cómica solvente y un vodevil de engaños muy efectivo.

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