Críticas: Megalodón

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Escualo a la naranja.

Son los días estivales un período crudo para la esfera cinematográfica. Pese a su acondicionado frescor, las salas se vacían, como se vacía también la cartelera de propuestas de interés y los complejos cinematográficos se convierten en caldos de cultivo para blockbusters de entretenimiento ligero. La última superproducción de Warner Bros, protagonizada por Jason Statham, es un producto hecho a medida para captar un amplio número de espectadores a ese y a este lado del Atlántico. La suma de los ingredientes Estrella de acción carismática, Escualo sediento de sangre y actores y producción china promete suficientes emociones como para que el espectador deposite en ella su confianza. El cine de tiburones es un clásico del verano que siempre divierte en mayor o menor medida, por lo que desde este medio decidimos darle una oportunidad al nuevo filme de Jon Turteltaub, Megalodón. Era la ocasión de abandonar el cinismo y divertirnos sin juzgar. Y en ese aspecto es innegable que el filme, netamente honesto, es exactamente lo que aparenta ser. Es entretenida, intensa y relativamente divertida. También boba y poco inspirada, pero la cuadratura del círculo era ardua.

En la estación científica Maha One, un científico chino y sus empleados descubren que el fondo marino de las Marianas es una capa gaseosa que esconde un ecosistema primitivo por descubrir aún más profundo. De este infierno abisal emergerá el Megalodón, el tiburón más grande que jamás ha existido y que se consideraba extinto. Para derrotar a este monstruo necesitarán la ayuda del experto en inmersiones interpretado por Statham. Acción veraniega que aboga sin prejuicios por el espectáculo y la tensión. En tanto película de terror, el Megalodón y su manera de representarlo en pantalla son imponentes. La película transmite mal cuerpo cada vez que aparece, y las dimensiones de sus ataques no tienen reparo en espectacularidad. En lo que a acción se refiere, el filme cuenta con tres grandes set-pieces lo suficientemente absurdas y pantagruélicas para hacer las delicias de la bancada. Mucho tiburón en pantalla, buen sentido del ritmo, y suficiente espacio de lucimiento para Statham. La película es consciente de lo que se espera de ella, y lo ofrece apostando por la exageración, tan burda como entrañable.

Que duda cabe, es un filme tonto, pero pese a todo aún debería tomarse menos en serio a sí mismo, pues trufa entre las escenas de acción tediosas escenas de explicación científica, cháchara heroica de Hacendado y ridículos intentos de aportar trasfondo y drama familiar a sus personajes. Los personajes están exentos de cualquier interés, y sus diferentes romances e interacciones carecen de credibilidad o química alguna. La falta de talento de todo el reparto queda evidenciada al verse en la tesitura de defender unos diálogos dignos de colegial (que Statham sea el intérprete más capaz del elenco es tan esperable como paradójico). Y estas circunstancias no serían tan dolorosas si no fuera porque tras ella evidencia un perezoso y mecánico intento de reiterar incontables clichés del blockbuster de hoy, lastrando la película en un aura de familiaridad debido a su falta de creatividad y de diferenciación de otros tantas superproducciones del último lustro.

El elemento más reconocible de esta lacra es el constante y forzado humor, anegando el metraje de chistes fuera de tempo y mostrando, salvo contadas excepciones, nula gracia. Así como las nacionalidades de los integrantes del reparto no persiguen sino un marketing oportunista y responder a las vigentes fluctuaciones del capital. Una falta de alma y de esfuerzo que, pese a los fastos y las grandes dimensiones, no dejan de ocultar una película que se ve falsa, hecha en un chino.

Con esto y con todo, no seamos ingenuos ni innecesariamente odiosos. La película ofrece un pasatiempo sencillo y frenético, sin duda más intenso de lo que un servidor anticipaba. Cómo tampoco anticipaba lo enervante que resultaría la subtrama romántica y sus intentos de aportar emotividad blanda a la relación del equipo, pero es una estrategia razonable para una película que pretende atraer también al público familiar. Megalodón es absurda, poco inspirada y olvidable, pero bastante solvente como pasatiempo palomitero de altos decibelios.

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