Críticas: El Pacto

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La fotocopia de los referentes.

Tras ganar el Your Film Festival con el cortometraje La culpa y gozar de la producción de Michael Fassbender y Ridley Scott para su siguiente proyecto (el mediometraje Zero), el interés por ver la primera película de David Victori era notorio. Finalmente, el joven director catalán ha optado por contar y rodar una historia en nuestro país, pese a que de buen seguro tendría opciones para debutar en Hollywood. El pacto es la enésima muestra de la importancia del cine de género en nuestra industria, pese a que el resultado final diste mucho de las mejores cintas en este ámbito y termine siendo una indigesta mezcla de influencias.

El pacto plantea un dilema moral con mucha enjundia: arrebatar la vida de una persona para salvar la de un ser querido. En el caso concreto del filme, el drama está sustentado por la enfermedad de Clara, la hija de Mónica, quien sin apenas saberlo se mete de lleno en la tesitura de este endiablado pacto. Toda la intriga y los giros argumentales se tejen alrededor de las decisiones que va tomando Mónica y de los males que la acechan, a ella y a su familia. Victori confiesa -en la entrevista en CAH, por ejemplo- que la historia de su primera película surge a partir de los fantasmas de su padre al morir repentinamente su hermana pocos años atrás. Por tanto, es un proyecto muy personal, pero en cambio, la puesta en escena no sigue esa tónica.

Si bien es cierto que los dos trabajos anteriores de Victori también giran en torno a las relaciones familiares, también lo es que El pacto visualmente es un mejunje de reminiscencias de autores contemporáneos como David Fincher o M. Night Shyamalan. La sensación no es la de haberse nutrido de ellos, sino la de fotocopiarlos para intentar emular la genialidad de sus obras (Se7en y El protegido a la cabeza). El director no enarbola una voz personal pese a tener el germen de la película en un trauma tan cercano. A su favor tiene un buen manejo de la tensión y la conveniente construcción argumental del juicio ético planteado en torno a la moral de los protagonistas y el pacto a ejecutar.

Si el cine español tiene un rostro para el sufrimiento o los enigmas por resolver ese es el de Belén Rueda. La actriz tiene un magnetismo especial para este tipo de papeles y en El pacto vuelve hacer gala de ello. Tiene su horda de detractores detrás, como toda estrella cinematográfica en este país, pero su labor aquí vuelve a ser notable. Quizás, en el lado contrario, deba señalarse que Mireia Oriol es una actriz poco rodada y que su interpretación es poco reseñable e incluso en ciertas secuencias resulta antinatural. Por cierto, Darío Grandinetti intentando neutralizar su acento es una decisión que se entiende más bien poco.

El pacto es una propuesta rica en su planteamiento, pero bastante escasa de ideas y formalismos en su ejecución. David Victori demuestra ser un cineasta con mimbres para el cine fantástico -sus cortos ya eran una buena carta de presentación-, pero alejarse de sus referentes y buscar una mirada cinematográfica propia deberían ser cuestiones claves para su siguiente proyecto.

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