Críticas: Siempre juntos (Bezinho)

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Los cimientos de la familia.

Una casa aislada en una zona frondosa en la periferia de Rio de Janeiro amenazada por el deterioro de su infraestructura y por una climatología lluviosa. Un hogar que cristaliza los temores de Irene, la matriarca de la familia, que debe afrontar la marcha de su joven hijo adolescente -le ofrecen jugar a balonmano en Alemania- y acoger a su hermana -maltratada por su esposo-. La casa y la madre parecen converger en una simbiosis de cambios a su alrededor y en la advertencia inminente de resquebrajamientos en los cimientos más profundos de ambos. Los sentimientos maternofiliales son para los dos miembros como el hormigón para una edificación: arropan y dan seguridad y la posible ausencia desmorona el estado confortable de la estructura.

Ganadora del Premio a la mejor película iberoamericana y el Feroz de la crítica en el último Festival de Málaga, Siempre juntos (Benzinho) es la comedia familiar más emotiva del verano o el drama familiar menos agridulce de la temporada. Puede ser vista de ambas maneras, porque los dos géneros se yuxtaponen sin llegar ninguno a copar en demasía el relato gracias a la buena labor del director Gustavo Pizzi, también autor del guion, que maneja francamente bien la confluencia de las dos realidades. En el drama familiar poco hay que no se haya contado ya en numerosas ocasiones ni tampoco hay puertas abiertas a la innovación. Así pues, lo realmente importante ante otra historia cortada por el patrón de las relaciones familiares es hacerlo con tanta certeza, tanto mimo hacia sus personajes y evocando emociones primarias sin querer emocionar por la vía rápida, sino haciéndolo mediante los pequeños detalles y el buen desarrollo de las tramas y sus protagonistas.

Los colores de un equipo, el olor archiconocido del retoño y los deseos del éxito pueden reflejarse en una camiseta; la última reliquia de una infancia que se deja atrás y un nuevo porvenir que está por llegar. Estos gestos y estos planos son los que engrandecen una historia tan trillada. Siempre juntos (Benzinho) también es potente en su visión de la maternidad, personificada en una mujer empoderada, de tenacidad inquebrantable para anteponerse a los obstáculos que se ciernen sobre sus seres queridos y rebosante de alegría pese a las cuantiosas dificultades y lo exhausto de criar a cuatro hijos, trabajar y llevar la vida hogareña al día. Un instante como el de ella y el primogénito en la piscina, acurrucados en una colchoneta, detenidos en el tiempo y en el amor es de una belleza excepcional. Pequeñas imágenes de profundo calado emocional que propician esa delicadeza en la puesta en escena y evitan lo excesivamente melodramático.

La película irradia mayor lucidez gracias a la espléndida interpretación de Karine Teles, una de las actrices brasileñas más prolíficas de los últimos años, que ya protagonizó la ópera prima de Gustavo Pizzi (Riscado) y en las dos películas ejerce también de coguionista. De aprender a enfrentarse y aceptar los nuevos retos que depara la vida, de sobreponerse a las dificultades del día a día y de luchar para ofrecer a los hijos todo lo que uno desea. De todo esto trata la sencilla, amarga y vitalista Siempre juntos (Benzinho), quizás la mayor sorpresa cinematográfica de este verano.

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