Críticas: Ocean’s 8

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Women Team.

Otra franquicia de éxito que regresa años después a la gran pantalla con un elenco principal totalmente femenino. Dos veranos atrás fue el turno de las Cazafantasmas retomando la saga ochentera y sumándose a la moda de la nostalgia audiovisual de esa década. Ahora es el turno de la familia Ocean, especializada en robos de alto voltaje, a manos de Debbie (Sandra Bullock), hermana de Danny, el personaje de George Clooney que encabezó un elenco de estrellas en la trilogía de Steven Soderbergh que, a su vez, partía como remake del clásico La cuadrilla de los once, protagonizada por el Rat Pack.

¿Es una moda estrenar películas protagonizadas por mujeres? A un servidor no le gusta verlo de este modo, sino como la voluntad de la industria para ofrecer historias que reflejen la pluralidad de los espectadores. Más que gestos, una senda que se ha tomado y no debe abandonarse. Bullock capitanea un equipo que incluye algunas de las mejores actrices del momento (Cate Blanchett, Anne Hathaway, Helena Bonham-Carter, Sarah Paulson) y star system para captar el mayor target posible (Rihanna, Awkwafina).

Ocean’s Eight funciona como un reboot de Ocean’s Eleven apostando por la misma fórmula y el espíritu lúdico característico. El esquema es el mismo y ello conlleva a la ausencia de sorpresa y frescura más allá de la ingeniosidad con las ocho nuevas protagonistas. Primero arranca con una presentación de los roles con más peso y el posterior reclutamiento del equipo para robar una joya valorada en 150 millones de dólares y, finalmente, la resolución del mismo. Todo, como marca la franquicia, con giros argumentales, cuyo efecto puede diluirse para los más avispados. No es Gary Ross, el responsable de esta nueva entrega, a priori un director demasiado adecuado para suceder a Soderbergh -las flojas Los juegos del hambre y Los hombres libres de Jones son sus trabajos anteriores-, pero es verdad que el carisma de las actrices y la efectividad de las señas de identidad de la saga le sirven en bandeja un buen entretenimiento fílmico de base.

El principal problema de Ocean’s 8 es precisamente la desidia tras la cámara por no ofrecer nada más que un sólido pasatiempo y aparentemente no pretenderlo. No obstante, quizás un blockbuster de Hollywood, cuya campaña de marketing desde el anuncio del proyecto se basa en la peculiaridad de ser protagonizado por mujeres, hubiese merecido un guion y una historia por encima de lo ofrecido: la orquestación del robo de una joya (antes siempre fueron obras de arte, casinos, etc.), explotar las alfombras rojas como pasarela de vestidos (aunque tenga aciertos irónicos) y que el detonante sea la venganza por la traición del villano hombre a la protagonista mujer, que vivieron una historia de amor en el pasado. Arquetipos femeninos que hubiese estado bien derribar. Con todo, pese a la falta de personalidad de Ross, que se conforma con imitar a Soderbergh, la película funciona en todo momento por su dinámico montaje y la resolución visual de gran parte de sus secuencias (la aparición de un viejo conocido es de las set piece más asombrosas).

Si Ocean’s 8 es un pequeño triunfo es por su incontestable reparto: personalmente Sandra Bullock me convence en pocas ocasiones, pero aquí la oscarizada actriz está francamente bien en su vis cómica. A su lado, la reina Cate Blanchett borda un rol al que no nos tiene acostumbrados, Helena Bonham Carter está estupenda y pocos motivos tendrán sus detractores para encontrarla pasada de vueltas y la recuperada Anne Hathaway tras algunos años de trabajos a cuenta gotas está comodísima en un papel que le va como anillo al dedo. Por último, merece la pena destacar Sarah Paulson, una de las mejores actrices del momento, prodigada sobre todo en series de televisión, que saca muy buen provecho de la oportunidad de estar presente en un film de estas características. Ojalá se la vea más a menudo en el cine y con un protagonista dramático a la altura de su talento.

En definitiva, Ocean’s 8 es un buen reboot de la saga, con un elenco estupendo, pero sin ningún factor que eleve la película por encima del sólido entretenimiento, cuyo factor sorpresa y frescura ya no se perciben, pero con una comicidad y una aventura mayores que en la mayoría de comedias de estudio.

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