Críticas: Misión Imposible: Fallout

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El mejor blockbuster de 2018.

La franquicia de Ethan Hunt en el cine es una de las más curiosas y variopintas del cine contemporáneo y, en su sexta entrega, está a un nivel de plenitud creativa que debería ser la envidia de todos los grandes estudios y sagas taquilleras de superhéroes y carreras de coches. Un director reputado, Brian De Palma, inició el camino cinematográfico de una de las series más icónicas de los años 60 con la estupenda Misión Imposible. Cuatro años después, el chino John Woo firmó la esperpéntica segunda entrega que tenía un tono completamente distinto y presentaba a un Hunt menos atormentado y mucho más bondiano (el papel de la mujer, Thandie Newton, es deplorable). Afortunadamente, J. J. Abrams, como buen nuevo Rey Midas de Hollywood, recuperó con ingenio y talento las aventuras del espía con la excelente tercera entrega.

A partir de ahí, la saga crea su propio universo y lo expande con grandes cintas de acción sin respiro (la cuarta entrega firmada por el maestro Brad Bird) y thrillers de alto voltaje (la Nación Secreta). Esta última de Christopher McQuarrie sorprendió a propios y extraños –su anterior Jack Reacher era un entretenimiento pasable sin más- y, para mayor asombro, se ha superado con Misión Imposible: Fallout al reunir las mayores cualidades de las mejores entregas hasta la fecha, la primera y la tercera, con una trama de espías bien hilvanada y buen un arco argumental dramático para sus personajes.

En resumidas cuentas, un gran guion en un blockbuster veraniego. Esta circunstancia no suele acontecerse en películas de este calibre, pero vuelve a poner de manifiesto la importancia de ello para llegar a realizar un entretenimiento realmente memorable. McQuarrie incide en la psicología de Ethan Hunt, recupera su Rosebud (Julia, su esposa, su gran amor) y lo enfrenta a sus peores temores y a una conspiración orquestada para hacer creer a todos que es un infiltrado de una poderosa organización terrorista internacional. La saga, en esta ocasión, también reserva artillería emocional para Benji (Simon Pegg), para el enigmático nuevo rol de Henry Cavill y, sobre todo, para Ilsa (Rebecca Ferguson), el gran hallazgo de la anterior entrega que ahora se ve obligada a deambular al filo de la navaja entre la lealtad a su amigo o a sus superiores. Todos estos conflictos están insertados ejemplarmente en una trama geopolítica y de espionaje adrenalítica. Pocas secuencias con ausencia de tensión, pero el dibujo y evolución de los personajes están presentes en todo momento.

Sin respiro, a todo gas, pero sin marear o atolondrar con juegos de artificio. Intriga a la vieja usanza y acción espectacular marca de la casa: desde un brillante prólogo en Berlín, pasando por el epicentro en París con un par de secuencias asombrosas (el salto en paracaídas y la persecución en moto) y los saltos de edificio en edificio en Londres hasta el trepidante tercio final en Cachemira. El viaje en helicóptero y la posterior pelea en el precipicio de una altísima montaña superan con creces al vértigo provocado en el edificio de Dubái (4ª entrega) y la del vuelo en la 5ª. Misión Imposible: Fallout es la más larga de las aventuras de Ethan Hunt, pero la duración no es un hándicap como ocurre en otras superproducciones. McQuarrie, mediante grandes set-pieces y un juego de engaños la mar de entretenido (tanto en personajes como en cambios de rumbo en la historia), logra construir un fortalecido entretenimiento de aúpa.

Buena parte de la responsabilidad también recae en Tom Cruise. A sus 56 años, la estrella triunfa una vez más como Ethan Hunt, el tipo de rol en el que se luce más. La incorporación de Henry Cavill es un buen revulsivo, aunque el mejor fichaje es el de Vanessa Kirby, la maravillosa Margarita de la serie The Crown. Junto a Rebecca Ferguson conforman posiblemente las dos mejores heroínas de la franquicia. Si al inicio del artículo se incidía en la particularidad de que Misión Imposible III implementó la creación de un universo propio, el sentido del humor ha sido otra seña de identidad desde entonces gracias a la inclusión del graciosísimo Simon Pegg. La destreza de Christopher McQuarrie también se palpa en la combinación de comedia con el drama y la acción predominantes.

Misión Imposible: Fallout es el mejor cóctel de este verano cinematográfico y la mejor película de acción desde Skyfall. Las misiones de Ethan Hunt no tienen freno, al contrario, tienen el acelerador pisado a fondo y parecen no tener límites. Esta última, en caliente, puede convertirse en la mejor desde la seminal de De Palma. McQuarrie ha hecho confluir todas las vertientes y aciertos de las anteriores en un espectáculo mayúsculo.

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