Atlantida Film Fest 2018: Soy un asesino y Diario de mi mente

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De asesinos y culpas.

Dos películas en las que uno o varios asesinatos son el punto de partida comparten esta crónica. En ambas acaba por tomar el protagonismo la culpa, o más bien el sentimiento de culpa, de elementos ajenos a los propios crímenes, poniendo el foco psicológico más allá de las mentes criminales tal y como estamos acostumbrados a ver en la ficción, quizá porque también ambas se basan en hechos reales.

Tras sorprender con la estupenda Life feels good, el director polaco Maciej Pieprzyca se traslada a la Polonia comunista de principios de los años 70 para narrar unos hechos que tuvieron lugar en una región al sur del país entre 1964 y 1970 en Soy un asesino. 14 mujeres fueron brutalmente asesinadas aparentemente a manos de una misma persona sembrando el pánico entre la población. No fue hasta que la sobrina de un alto cargo del gobierno se convierte en una de las víctimas, cuando la policía no empezó a tomarse en serio la misión de detener al llamado Vampiro de Zagłębie utilizando para ello todos sus recursos y poniendo al frente de la investigación a Janusz Jasinski, un joven detective dispuesto a convencer a sus superiores de su capacidad para resolver el caso. Sin embargo, la estéril investigación comienza a poner en cuestión que el equipo que lidera Jasinski pueda atrapar al asesino por lo que éste se agarra a una mínima sospecha para detener al vecino de una de las víctimas. A partir de aquí Pieprzyca cambia la perspectiva de todo thriller policiaco al uso y se centra en la obsesión del policía por mantener como cierta la inconsistencia de unas pruebas que no se sostienen por ningún lado con tal de conservar el estatus que el régimen le ha proporcionado. La corrupción policial y la situación política van de la mano en una película que poco a poco va deshumanizando a su protagonista hasta hacerle caer en una espiral de hipocresía y mentira que, al igual que el propio sistema político, va calando en su mente y en la del detenido hasta hacerles confundir la realidad; a uno creyéndose sus propias mentiras y al otro dudando de su propia inocencia.

Diario de mi mente

En la mente de otro asesino se introduce el personaje de Fanny Ardant en Diario de mi mente de Ursula Meier. Basada también en un hecho ocurrido en Francia en 2009, la película narra cómo un adolescente asesinó a sus padres tras haber dejado por escrito todo lo que le llevó a perpetrar el crimen y enviárselo a su profesora. Meier comienza tratando de introducirse(nos) en la mente de Benjamin, en mostrarnos a través de sus gestos su consternación por el crimen, por su arrepentimiento quizá, hasta el momento en el que el diario destinado a Esther llega a manos de la policía. A partir de entonces el efecto mariposa desencadena un tsunami en la vida y la mente de la profesora que, sin comerlo ni beberlo, se ve inmersa en un pozo de acusaciones veladas sobre la culpabilidad que su inocente estímulo sobre sus alumnos pueda haber contribuido al doble asesinato. Si en Soy un asesino las culpas se construían a medida de quien resultaba más conveniente en ese momento, en Diario de mi mente toda la culpabilidad que Benjamin posee y asume la trasladan, tanto los investigadores como la sociedad, hacia un elemento externo cuyo único papel en esta historia es el de animar a los estudiantes a escribir sus pensamientos. Lenta y cadenciosamente, sin necesidad recurrir a turbas acusadoras ni a linchamientos masivos, Maier se va alejando de la mente de Ben para captar cómo el sentimiento de culpa e incluso el de responsabilidad se va apoderando de Esther en una de las películas más turbadoras de esta edición del Atlantida Film Fest.

 

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