Festival de Cine Alemán 2018

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Os contamos lo que vimos en la 20ª edición del Festival de Cine Alemán de Madrid.

Este año hemos vuelto a la cita anual del Festival de Cine Alemán que se celebra en Madrid desde hace ya veinte años, un certamen que se inauguró con la nueva película de Christian Petzold, En tránsito, coincidiendo con su estreno en salas comerciales en España.

En cuanto a la programación de largometrajes que esta edición nos ha traído el festival ha habido mucho, pero que mucho, drama cercano incluso al terror y muy poco espacio para la ligereza o la relajación ante las películas que hemos visto y de las que os hablamos a continuación:

De viajes sin retorno.

Quizá la película más liviana de todas las que han conformado la programación de esta edición del Festival de Cine Alemán haya sido 303, una road movie dirigida por Hans Weingrtner en la que dos desconocidos comparten un viaje por Europa con el propósito de liberarse de sus dramas internos. En el coloquio posterior a la proyección de la película alguien le preguntó a Weingrtner por qué la película es tan larga (145 minutos), a lo que, el buen criterio del director para no contestar con la ordinariez que procedía a tan insolente pregunta (malditos coloquios), respondió con un simple y contundente “porque cada historia tiene su ritmo, su tiempo de ser contada, y el proceso de enamoramiento no puede condensarse en menos tiempo”. En efecto, 303 es un viaje al enamoramiento de dos personas con diferencias aparentemente incompatibles en su manera de pensar y afrontar el mundo, pero que se van suavizando a medida que comienzan a conocerse y a compartir las experiencias del viaje. A través de sus conversaciones sobre la vida, la sociedad y las relaciones, Jule y Jan van entablando una amistad que se va convirtiendo en amor a medida que pasan más tiempo juntos. Como la vida misma, como todo proceso de relación que precisa de ese viaje de conocimiento mutuo y que Weingrtner sabe mostrar, aún incluso con una estructura de narración un tanto repetitiva, sin prisas, sin giros de guion que lo aceleren.

El hombre que salió del hielo

En una de las charlas entre Jule y Jan sale a relucir Ötzi, la momia del conocido como Hombre de Similaun que murió de forma violenta hace más de 5000 años en los Alpes y que se mantuvo en hielo hasta 1991, año en el que fue descubierta. Felix Randau toma como pretexto este hecho para imaginar cuáles fueron las últimas horas de este hombre y trasladarlo a la pantalla en El hombre que salió del hielo. El director narra el periplo de un hombre que cruza valles y montañas en solitario para vengar la muerte de su familia a manos de tres hombres de otra tribu, un viaje no exento de peligros humanos y naturales. Randau rueda esta historia épica sin subtitular el escaso diálogo en rético antiguo para dejar que sean las imágenes las que lleven el peso dramático, incidiendo en la fuerza del paisaje y en la crueldad de las escenas violentas para narrar la aventura del protagonista.

También un viaje, no sabemos bien si de redención, de reencuentro o espiritual, es el que emprenden dos amigas en Ella & Nell, la primera película de Aline Chukwuedo, pero mientras en El hombre que salió del hielo, aún sin diálogos, hay una evolución tanto en la historia como en los personajes, en la película de Chukwuedo asistimos indiferentes a un paseo por el monte sin saber muy bien el sentido de todo lo que estamos viendo. En Ella & Nell se intuye a veces un conflicto oculto, un pasado doloroso e incluso una amenaza fuera de plano, pero nada en el guion confirma ninguna de esas intuiciones. La película, según se extrae de las notas del festival, pretende mediante la observación de estas dos amigas caminando por un bosque y perdidas en un momento determinado, hablarnos sobre la pérdida de su relación, pero en ningún momento profundiza en la complejidad de ninguna de las dos mujeres ni asistimos a un cambio en sus actitudes o una reflexión ni para ellas ni para el espectador. De lejos la propuesta más floja de esta edición del Festival de Cine Alemán.

Familias de publicidad engañosa…

Una amenaza fuera de plano también forma parte de la atmósfera malsana que inunda El jardín, otra ópera prima dirigida por una mujer que se ha proyectado en este festival. En esta ocasión Sonja Marie Kröner se introduce en el seno de una familia burguesa de mediados de los 70 en Alemania Occidental durante unas vacaciones de verano. La convivencia entre los miembros de varias generaciones de la familia pasa por los reproches, las envidias y la avaricia dentro de un entorno cerrado y ajeno, aunque temeroso, de cualquier peligro exterior. Kröner refleja el estado de la República Federal Alemana ya alejada de un pasado nazi con el que incluso se permite bromear y aún muy lejos también de la reunificación con sus compatriotas del este, a través del contraste de la desidia de los más mayores, la codicia y el temor de los miembros de mediana edad y la despreocupación junto a la necesidad de explorar nuevos modos de diversión de los menores. Una comedia negra disfrazada de drama familiar en una atmósfera cada vez más irrespirable que ha sido una de nuestras favoritas de este festival.

Las tres cimas

Como también lo ha sido Las tres cimas, la nueva película del director Jan Zabeil. Otra familia de anuncio, aparentemente perfecta, protagoniza esta película aún más asfixiante que la anterior. Una madre francesa, un padre inglés, un padrastro alemán y un niño multilingüe demasiado pequeño para entender que las parejas se rompen aunque no haya un trauma violento de por medio, y demasiado mayor para desarrollar pensamientos y actitudes propias de un pequeño sociópata. Un niño por el que se desviven las tres partes implicadas en su educación de una manera civilizada y diplomática, en el que el cuarto pico del triángulo, un fantástico Alexander Fehling, tiene que lidiar con la hostilidad que el menor muestra hacia la relación de aquel con su madre. Zabeil traslada a la cima de una montaña a sus protagonistas para contarnos la lucha de poder entre Aaron, un hombre que ama profundamente a su mujer y al hijo de ésta, que trata por todos los medios de demostrar que puede ser un buen padre sustituto para el niño, y Tristan, el angelito en cuestión. La película plantea un drama sobre la paternidad a través de los conflictos internos de Aaron tornándose por momentos en una lucha por la supervivencia tanto personal como de la relación.

…y familias rotas.

Sin que escuchemos apenas palabra de boca del protagonista en todo el metraje, el protagonista de El Carillón, un chico de 13 años abandonado en un centro ocupacional por sus padres, consigue reflejar la soledad, la incomprensión y la rabia de quien se siente abandonado únicamente con su mirada y sus gestos. A., que es como se nombra al niño, se escapa del centro y vaga por los bosques de Brandenburgo en busca de comida y refugio. En su huida se cruza con un anciano que le acoge y con el que termina por crear un vínculo que ninguno de los dos parece haber tenido con nadie más en mucho tiempo. Mientras que en Ella & Nell la ausencia de profundidad y conocimiento de los personajes lastraba la historia, en El Carillón esta ausencia forma parte intrínseca de ella. No conocemos las circunstancias que rodean a ninguno de los protagonistas, ni ellos conocen la historia del otro, son dos seres solitarios que se encuentran y comparten su vida durante un periodo de tiempo en el que se complementan a la perfección. Peyman Ghalambor rueda sin entrometerse, observando desde fuera y dejando que la relación entre los personajes fluya sin prisa, sin ningún estímulo externo que la precipite.

Cuatro manos

No podría faltar la película de suspense/terror que ya es tradición que programe el Festival de Cine Alemán. En este caso la elegida ha sido Cuatro manos del director Oliver Kienle, un thriller psicológico con una premisa interesante y un muy buen comienzo pero con demasiados tópicos para que pueda quedar en el recuerdo. El brutal asesinato de una pareja presenciado visualmente por su hija mayor deja a esta un trauma de por vida y una auto obligación de proteger a su hermana menor que raya en la obsesión. Sin entrar en desvelar los giros de guion que devienen en una historia de venganzas, disociación de personalidades y terror, Cuatro manos adolece de tener demasiados clichés en su trama, además de una historia de amor paralela inverosímil, que lastran un thriller que podría haber incidido más en la psicología, los traumas y el sentimiento de culpabilidad de las protagonistas dentro de la atmósfera malsana en la que se encuentran.

Basado en hechos reales.

Este año en el Festival de Cine Alemán, además de los largometrajes a competición hemos tenido la ocasión de ver un documental sobre la realidad de la internet profunda y la autocensura de las redes sociales. Como si de un thriller de ficción se tratara, The Cleaners aborda el trabajo de los llamados “cleaners”, trabajadores que se dedican a limpiar las redes de contenido violento y delictivo antes de que se pueda publicar y difundir sin que su cometido sea reconocido por las empresas para las que trabajan. Los traumas psicológicos a los que se ven sometidos estos trabajadores debido a las imágenes que tienen que visualizar durante toda su jornada laboral, mientras las principales empresas para las que trabajan niegan que la autocensura de sus redes se realice de forma personal, provoca más miedo que cualquier película de ficción de terror. Un estremecedor documental con una estructura y un montaje que incrementa el suspense y la tensión a medida que avanza.

En una época poco mostrada en el cine, entre el final de la segunda guerra mundial y la construcción del muro de Berlín, se sitúa La revolución silenciosa, un film que se estrena en España el mes que viene y que es la adaptación de la novela homónima de Dietrich Garstka basada en hechos reales. Un inocente gesto de solidaridad con el pueblo húngaro en su lucha para que los soviéticos se fueran del país que lleva a cabo un grupo de estudiantes de la Alemania del este, deviene en un conflicto con tintes políticos al comienzo de la Guerra Fría. Un simple minuto de silencio se convierte en una persecución política hacia ellos y sus familias poniendo en peligro tanto su graduación como los puestos de trabajo de sus padres y la confianza del régimen en ellos. El problema de la película de Lars Kraume es lo plano de un guion que no explota todo el potencial que tendría una historia como esta y que la convierte en un producto de los llamados de “cartón piedra”, sin alma, que abusa del melodrama y de su intención de provocar el llanto. Desgraciadamente desaprovechada.

El capitán

Y terminamos nuestro repaso a la 20ª edición del Festival de Cine Alemán de Madrid con la vencedora del premio del público, la controvertida y estupenda El capitán de Robert Schwentke. A las puertas del fin de la segunda guerra mundial, muchos eran los soldados alemanes que “se separaban” de sus unidades y vagaban por los pueblos mendigando o robando en las granjas para poder subsistir mientras se escondían del ejército alemán que los perseguía por desertores. Uno de ellos, un joven de 19 años llamado Willi Herold, encontró en su huida un coche abandonado en el que se hallaba el equipaje completo de un capitán de la Luftwaffe que incluía su uniforme impoluto y completo. Como si de una segunda piel se tratara, el uniforme ejerce una influencia en la personalidad psicopática de Herold convirtiéndole a partir de ese momento en la peor pesadilla de quien se cruce en su camino.

El capitán, rodada en blanco y negro porque tal y como contó su director tras la proyección “ver esta película en color resultaría insoportable para el espectador”, aborda la maldad desde el mismo epicentro de la misma. Sin concesiones, sin discursos moralistas y contada con un tono grotesco y exagerado para enfatizar la barbarie sin sentido que Herold, conocido como El verdugo de Emsland, perpetró durante el tiempo que duró su delirio. Sin duda, la película del festival.

 

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