Entrevistas: José Sacristán

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José Sacristán: “Mi paraíso es mi trabajo y mi Formentera está donde me lleve la profesión”.

El veterano actor desvela los secretos de su nuevo personaje, el protagonista de la opera prima de Pau Durà, y reflexiona sobre su carrera y la situación actual del país
José Sacristán, harto de la potencia del aire acondicionado del hall del hotel donde lleva una maratoniana jornada de entrevistas, nos atiende con su habitual aplomo. Antes de iniciar la entrevista, el ganador del Goya por El muerto y ser feliz asegura que las jornadas de presentación de una película no le suponen “ningún inconveniente” cuando la película le gusta.

– Empecemos por ahí pues. ¿Qué te gustó de Formentera Lady una vez Pau te propuso el papel?

José Sacristán: Me gustan las historias de perdedores, estos personajes deambulantes que tuvieron su idea del paraíso y, de pronto, observan como el chaparrón se le viene encima. También me gusta del peregrinaje de Samuel que tiene sus propias contradicciones y sentimientos y la vida le otorga una segunda oportunidad para enmendar sus errores.

– Tras una vida de libertinaje y una actitud egoísta poniendo por encima de sus prioridades su felicidad a la de su mujer e hija, a Samuel le llega la oportunidad de cuidar de su nieto. ¿Es una redención en su etapa final de la vida?

J. S.: La película no hace un juicio moral de ningún tipo, pero sí pone en evidencia que vayas donde vayas, la grandeza y la miseria van contigo. El infierno y el paraíso eres tú mismo. Samuel no es un desaprensivo ni un loco, en cuanto deja de tocar el banjo, oye cosas que tienen que ver con aquello que dejó tirado años atrás en su época de hippie. Esto se materializa con la vuelta de la hija y su nieto a Formentera. Se le abre una puerta a la redención, pero insisto sin ningún tipo de juicio moral.

Formentera Lady

– Uno de los puntos fuertes del filme es precisamente este: la ausencia del juicio de valores. Otro es lograr evitar el terreno de lo sensiblero con una historia que podría haber caído en ello al centrarse en la relación de un niño con su abuelo.

J. S.: Sí, de hecho, también hay bastante humor. Además, Pau me autorizó a introducir giros y toques de humor al personaje mientras preparábamos la película. Me sentía más cómodo con estos apuntes. Por otro lado, Sandro Ballesteros (el joven actor debutante) es un prodigio porque como niño es divertidísimo, encantador y tiene una mirada ante la cámara impresionante y su actitud ante el trabajo era profesional. Presumo incluso de que él manifiesta su aprecio por mí. Ha sido un trabajo muy gratificante.

– Introdujiste el humor en el personaje, ¿hay algo más de Samuel en ti?

J. S.: No, poco parecido. Comparto sensibilidad musical con Samuel, pero me es bastante ajeno su mundo; me quedo con Concha Piquer y Juanito Valderrama, luego directamente ya paso a Brahms y Betthoven. A diferencia de Samuel, tengo la suerte de que mi paraíso es mi trabajo y mi vida. Van de la mano lo uno y lo otro y lo decidí desde pequeño en mi pueblo la primera vez que fui al cine: “yo quiero ser ése: el gánster, el pirata, el mosquetero”. Mi paraíso es mi trabajo y mi Formentera está donde me lleve la profesión.

– 60 años de carrera a tus espaldas, ¿qué te queda por hacer? ¿Algún papel, autor o director por trabajar?

J. S.: Me queda por hacer todo lo que me ofrezcan. Ahora estoy preparando una obra de teatro a partir de una novela de Miguel Delibes y me apasiona en este momento. Afortunadamente puedo elegir aquello que me guste y tampoco tengo fijación con algo en concreto como por ejemplo interpretar un Rey Lear. Lo que venga, si me gusta, adelante con ello, sino me quedo en mi casa.

– ¿Con qué disfrutas más de la profesión de actor?

J. S.: Con lo que más disfruto es con una gran historia, un gran personaje y unos compañeros de viaje con los que me entienda. Afortunadamente esto se da en la inmensa mayoría de las ocasiones. Disfruto tanto en comedia como en drama como en el thriller de igual modo que en el cine, el teatro y la televisión.

– El Goya te llegó hace pocos años, en opinión de muchos, muy tarde. ¿Compartes esta apreciación?

J. S.: No, por ejemplo otros galardones como el Sant Jordi (Vida conyugal sana en 1974) o la Concha de Plata de San Sebastián (Un hombre llamado Flor de Otoño en 1978) me los dieron hace muchos más años. Además, no puedes vivir pendiente de los premios, cuando caen bienvenidos sean y listos. Sé que cuento con la fidelidad de un número de espectadores que van a verme al teatro o ven mis películas o series y ese es el mayor premio.

– La industria del cine español atraviesa graves problemas desde hace años, acarreados por la crisis económica. ¿Qué cambios deberían afrontarse?

J. S.: Sería muy largo de explicar y dudo que nos dé tiempo. Celebro que haya una cosecha de películas anual interesantísima, muy distintas las unas de las otras. Siempre ha habido dificultades, la precariedad es una compañera de viaje del cine español de toda la puñetera vida. Por lo demás, sin caer en triunfalismos ni catastrofismos, sigue habiendo y comparto con los jóvenes talentos el coraje, el entusiasmo y el amor a esta profesión. Celebro que todo esto siga fluyendo.

Formentera Lady

– Artísticamente -es notorio- está en muy buen estado de salud, ¿quizás el problema recae en las instituciones?

J. S.: Puede ser, pero el panorama actual es más complejo. Antes hacías un producto que se llamaba película y la vendías en la tienda llamada cine. Ahora todo esto ya se ha diluido, tenemos películas que ni se estrenan en el cine. Todo esto está evolucionando y asentándose a una velocidad de vértigo y las instituciones y la Academia, poco a poco, van amoldándose. No obstante, no estoy muy puesto en la materia y desconozco el estado y las cifras de todo ello.

– Samuel, el protagonista de Formentera Lady, formaba parte del hipismo de los años 70. ¿La juventud de hoy en día está más adormecida políticamente hablando?

J. S.: Tal vez, pero me cuesta hacer un juicio de valor en torno a ello. La España actual es otra que la de aquella época y no hablo de Europa que está inmersa en un proceso de derechización con Italia, Austria y Polonia a la cabeza. Posiblemente habría que establecer un nivel de conciencia que se manifestara, pero habría que preguntárselo a los jóvenes. Tengo cierta esperanza en los movimientos de esta nueva izquierda, aunque ya en mi modesto entender ha cometido errores de bulto. Ahora mismo, estoy esperanzado con la defenestración del PP y la nueva puerta que se ha abierto.

– ¿Formentera podría ser tu paraíso si algún día decidieses que la carrera profesional ha llegado a su fin?

J. S.: No sabría vivir en una isla, necesito echar andar y sin rumbo. Formentera es un paraíso para unos días.

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