Entrevistas: Andrea Pallaoro

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Andrea Pallaoro (‘Hannah’): “El poder del cine es que el espectador pueda proyectarse en un personaje, una oportunidad para que pueda entenderse mejor a sí mismo”

El director estrena Hannah, su segundo largometraje, este viernes 18 de mayo tras presentarlo hace un par de semanas en el D’A Film Festival de Barcelona.

¿Planteaste Hannah como una crónica de la aceptación de la absoluta soledad?

Totalmente, desde el inicio fue muy importante explorar un estado mental muy concreto a nivel psicológico y emocional que estudiase el sentido de abandono y desconexión con el mundo de la protagonista. De hecho, el tema, por encima de todo, es la exploración de las fronteras entre la identidad de un individuo y la identidad de una pareja y qué ocurre cuando estas fronteras no quedan claras. A continuación, me pareció muy interesante y también me daba mucho miedo pensar en qué ocurre cuando una pareja, tras 50 años de convivencia mientras compartían el sentido de identidad, debe afrontar una nueva realidad que cambia todo de arriba abajo: uno de ellos descubre un terrible secreto del otro y debe hacer frente a cambios en su propio ser. Esto es lo que le ocurre a Hannah. También la manera como miramos a Hannah es mucho la consecuencia del tipo de análisis que queríamos seguir de cara al espectador.

Y es un proceso de aceptación muy difícil para ella, de hecho, el desenlace provoca un sufrimiento repentino. ¿Siempre lo tuviste claro?

Sí, porque, en realidad, para mí era muy importante que el público se sintiese como que Hannah está a punto de hacer algo extremo, pero el hecho de que no lo haga, fuerza al espectador a pensar que pasará con ella más allá del final de la película. El público está en shock, como ella, y es interpelado a proyectarse en el devenir de Hannah.

Hannah es una película protagonizada por una mujer, mayor (70 años) y sin hombres a su alrededor. Supongo que habrá sido casualidad, porque llevarías tiempo preparando la película, pero llega en un momento en que se reclaman más historias lideradas por mujeres. ¿Tuviste siempre claro que la historia debía de ser una mujer?

Tienes toda la razón, empecé a trabajar en la película hace tres años, cuando la sociedad todavía no estaba hablando del tema en los mismos términos con los que se habla ahora, pero estoy de acuerdo: es el momento perfecto para la película y la historia. Sí, desde el principio pensé en que la protagonista debería ser una mujer, aunque el enfoque hubiese sido muy similar si el protagonista hubiese sido un hombre. No obstante, las mujeres se están encontrando en la posición de Hannah mucho más que los hombres y también cuando pensaba en el estado mental y cómo quería que fuese representado, inmediatamente pensé en Charlotte Rampling. Escribí el guion pensando en ella.

Para representar este estado mental de soledad, la cámara sigue en todo momento a Hannah, nunca la abandona y, por lo general, en plano fijo. ¿De qué cineastas te has nutrido?

Es un tipo de enfoque que está muy centrado en el personaje, la cámara está motivada por los movimientos del personaje, Hannah siempre está en el centro. Hay muchas películas que me han inspirado, pero hay tres en particular que han sido una fuerza motriz tanto para Charlotte y para mí: El desierto rojo (Michelangelo Antonioni), La mujer sin cabeza (Lucrecia Martel) y Jeanne Dielman (Chantal Akerman).

Hannah

La película se ambienta en Bruselas y se convierte casi en el personaje secundario. ¿Por qué está rodada en la capital belga?

Originariamente, Hannah iba a ser rodada en inglés y en Estados Unidos, pero con la inclusión de socios francófonos e italianos, los productores y yo encontramos que en Europa se contaría mejor el estado mental de la protagonista. Bruselas es una ciudad muy internacional por su variedad de nacionalidades, muchos idiomas y con muchas posibilidades para desconectar de todo. A su vez, es una ciudad muy gris, con colores apagados y con mucho sentido de soledad.

Charlotte Rampling está fantástica. ¿Cómo fue trabajar con ella en un papel tan complicado y arriesgado?

Desde que conocí a Charlotte hasta que dio comienzo el rodaje pasaron dos años y medio y este tiempo nos dio la oportunidad de desarrollar una relación de confianza y ahondar en el personaje de Hannah, incluso hablábamos de nuestras propias vidas en relación al personaje. Cuando le mandé el guion a Charlotte ni nos conocíamos y me respondió que era el tipo de cine que ella quería hacer: una película que no estuviera guiada por la historia, sino por la exploración del personaje. También tuvo claro desde el principio que podía expresar el estado mental sin hablar mucho, sino utilizando el lenguaje corporal. Estábamos motivados de forma muy similar, desde el principio fue muy fácil embarcarse en este proyecto. Charlotte es de este tipo de actrices que se convierte en el personaje, no actúa, lo incorpora y nunca para hasta que tiene la verdad del personaje. Es muy generosa y tiene mucho coraje e integridad, como director lo valoro mucho.

Te deshaces en elogios hacia ella. ¿Esta implicación con el personaje y la relación de confianza entre ambos le cortaría de raíz cualquier pudor al desnudo integral?

Ella se desnuda emocionalmente a lo largo de toda la película y, en una escena, también lo hace físicamente. Era importante que hubiese un momento en que el público pudiese ver a Hannah sin ningún tipo de filtro. El hecho de que ella salga desnuda es muy inusual, porque no estamos acostumbrados a ver una mujer mayor desnuda, pero al mismo tiempo hay más intimidad con el personaje. Charlotte incorporó el personaje fácilmente y sin ningún problema.

Y ella tendría una parte de trabajo complicada, que la tendrías tú previamente en la escritura del guion, que sería trabajar con qué se muestra y qué no del personaje y la historia.

Sí, totalmente, gracias por esta pregunta. Quería dar al espectador el material suficiente para que hiciera su propia elección, nunca he querido decirle que debía pensar o sentir, porque creo que cuando el público puede proyectarse en un individuo, de una manera independiente, es una oportunidad para ellos para entender quienes son. Esto es la catarsis y el poder del cine. Es más difícil conseguirlo, pero desafiar al espectador a que lo haga le reporta una gran recompensa al final. Al espectador, le damos los elementos para que entre en este viaje de Hannah, pero nunca forzándole a tener una sola lectura y, en última instancia, habrá recibido muchas más emociones que las que la película da por sí sola.

¿Repetiríais o fue un rodaje demasiado duro para ambos?

¡Por supuesto que repetiría con Charlotte! Me enamoré de ella cuando la descubrí por primera vez en el cine y ahora todavía lo estoy más. Es la única persona que quería para que interpretara a Hannah. De hecho, si ella no hubiese aceptado el papel, no la hubiese rodado. Me hizo mucha ilusión que ganara la Copa Volpi a la mejor interpretación en el Festival de Venecia. De verdad, más que si yo hubiese ganado el León de Oro.

¿Es difícil vivir en la absoluta soledad como parece estar condenada Hannah?

Sin lugar a dudas. La soledad, la desconexión, el deseo de conectar y la incapacidad de poder hacerlo es algo que nos puede ocurrir a todos. Nos ha pasado de una manera u otra, es parte de la condición humana, especialmente cuando vas haciéndote mayor. No obstante, es algo que debemos aceptar.

Tras Medeas y Hannah, ¿qué historia te apetece contar?

Estoy trabajando ahora en Mónica, una película que forma parte de una trilogía que he empezado con Hannah. Esta película también explorará el abandono desde la historia de una mujer transgénero que regresa a casa para ocuparse de su madre, que está agonizando, la cual la echó de casa veinticinco años atrás. Ahondaré sobre qué significa ser abandonado y cómo poder establecer un equilibrio en el reencuentro. La tercera película, por el momento, no tiene una historia tan definida.

Entrevista de Alain Garrido para Mysofa.

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