Documenta Madrid 2018: Entrevista Marvin Hesse

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Hablamos con Marvin Hesse, director de Everyone in Hawaii has a sixpack already.

Dentro de la sección nacional de largometrajes a concurso de este Documenta Madrid 2018, una de las sorpresas que nos hemos encontrado este año es Everyone in Hawaii has a sixpack already, un documental que se introduce en el seno de un grupo de adolescentes en el último verano que les queda antes de verse obligados a salir de la isla de La Gomera, donde viven, para poder estudiar después de terminar el colegio.

Con su director, el alemán Marvin Hesse, hemos tenido ocasión de compartir varios días de este Documenta en los que hemos podido charlar entre otras cosas sobre las películas que hemos visto en el festival, su amor por el skate y, por supuesto, sobre esta su primera película que esperamos siga viajando por festivales y teniendo el éxito que merece.

Con todo lo que nos contó sobre ella os traemos este artículo en forma de entrevista.

Everyone in Hawaii has a sixpack already es tu proyecto de fin de carrera, ¿la historia de estos chicos fue tu primera idea para el proyecto?

Marvin Hesse: No. Al principio pensé en hacer algo sobre la gente de Alemania o Inglaterra que se establecieron en La Gomera (en los 70/80) como una forma de escapar de la sociedad pero leí un artículo en una revista sobre cómo los niños que han nacido allí tienen que volver a la sociedad para labrarse un futuro y pensé que eso era más interesante. En el momento en el que fui me di cuenta de que quería concentrarme más en eso, que los motivos para escapar de la sociedad de los padres no era lo que yo estaba buscando.

– No entiendes ni apenas hablas español pero el documental está rodado en este idioma, ¿Por qué?

M. H.: Quería hacer un documental en el que mientras rodaba no entendiera el lenguaje, el idioma en el que se hablaba, si no solo rodar siguiendo mi intuición. No quería pensar en lo que se estaba diciendo, solo en los movimientos y en los rostros.

Y al pensar en el tema de los adolescentes en La Gomera y pensé por un lado que era el escenario perfecto para mostrar una versión extrema de la niñez en el campo porque es un lugar muy remoto, una isla donde no hay apenas nada, y también que era el tema perfecto para el enfoque que quería – mi película hecha desde la intuición – porque a esas edades se es todavía impulsivo pero a la vez está al llegar el momento en el que haya que pensar qué pasará luego.

Everyone in Hawaii has a sixpack already

– ¿Cómo encontraste a este grupo?

M. H.: Contacté con el periodista que hizo el artículo del que saqué la idea para la película y me dio el contacto de una de las madres cuya hija ya se había marchado de la isla, pero ella conocía a gente de la isla con hijos adolescentes que estaban a punto de pasar por eso. El pueblo donde viven es un lugar muy pequeño, pasé un par de tardes allí y encontré a este grupo de chicos. Es un sitio también muy turístico, la gente viene y va, se queda durante uno o dos meses y luego se va y yo aparecí por allí también para estar con ellos, hablar con ellos, pasar el rato,…a mí me interesaban ellos pero yo a ellos también (hacía skate, era de Alemania,…) era un chico mayor pero con el que se sentían bien y desde ahí se montaron las bases de nuestra relación. Nos interesábamos mutuamente pero también nos respetábamos mutuamente, yo necesitaba respetarlos para que ellos hicieran lo mismo conmigo. El hecho de no doblarles la edad, ser mayor que ellos pero no tanto como sus padres, hacía que me sintieran como parte de ellos. De hecho, en una de las secuencias en las que están haciendo skate, aparece mi mochila y mi camiseta porque estaba yo también haciéndolo con ellos mientras rodaba. Pasaba casi todo el día con ellos, incluso un par de días rodé mientras estaban en el colegio pero luego no se quedó en el montaje final. Eran 8 chichos y los veía todos los días pero a veces solo pasaban el tiempo solos en sus casas, jugando con el ordenador.

– ¿Cuanto tiempo duró el rodaje?

M. H.: Fueron 54 días de rodaje y se rodaron aproximadamente unas 100 horas de metraje. Había días en los que solo rodaba 10 minutos, otros en los que tenía 4 o 5 horas de rodaje. El día de la escena del peluquero, por ejemplo, habíamos estado haciendo skate, fuimos a la peluquería, fuimos al bar, estuvieron preparando la fiesta y luego estuvimos en ella. Esos eran los días que me gustaban. En otros simplemente íbamos a la playa.

– ¿Y de todas esas horas, cómo decidiste qué incluir en la película?

M. H.: Tanto Salka (Tiziana, co-directora de la película) como yo teníamos escenas que nos gustaban mucho. A ella sobre todo le gustaban escenas como la de la peluquería, es decir, en las que dentro de una misma toma sucedía algo interesante, un momento que construía una historia. Dentro de todo lo rodado buscamos esos momentos de una manera que era como una mezcla entre nuestra intuición, lo que nos gustaba y lo que nos contaba algo. Estuvimos recopilando varias escenas para que la película pudiera tener una coherencia narrativa.

Yo rodaba porque necesitábamos presentar a los protagonistas, presentar el lugar, mostrar más información del contexto hasta que Salka me dijo que debíamos centrarnos en los chicos, en esos momentos, en esas escenas que te digo, porque cuando rodaba escenas en el pueblo o esa pequeña entrevista que sale al principio en la que se dice que viven en La Gomera y se van a tener que ir (es una escena solo con la voz en off de quien lo cuenta), eso frenaba la historia

Salka fue la que hizo el montaje, la estructura del film por así decirlo. Yo rodaba y veíamos juntos el material pero ella decidía la estructura y lo que iba dentro del montaje, lo que había que cortar, etc.

– ¿Tuviste algún problema con ellos en el sentido de que actuaran o estuvieran mirando a cámara mientras les grababas?

M. H.: Al principio les decía que no miraran a la cámara y seguían esta indicación la mayoría del tiempo, pero también me divertía mucho con ellos y hay mucho material en el que bromeaban con la cámara que obviamente no se ha incluido. Pero eso también es parte del proceso, el dejar que eso suceda de forma natural sin necesidad de apagar la cámara y “reñirles” por haber mirado. Había momentos en los que tenía una toma preciosa y alguno bromeaba saliendo por delante de la cámara y pensaba para mí mismo “¡venga ya!”, pero todo eso hacía que su confianza aumentara. No tenía una estructura ni para grabar ni para no grabar, es decir, ellos no podían saber lo que me interesaba grabar o no porque había veces que caminaban y les grababa y otras no, veces en las que estaban sin hacer nada y lo mismo,… así evitaba que pudieran estar “actuando” siempre.

– ¿Hay algún momento que pasaras con ellos y en el que no estuvieras grabando del que te arrepientas de no haberlo hecho?

M. H.: Hay tanto grabado, hay cosas que pensé que podrían encajar y luego no me gustaron y al revés, pero ahora mismo no recuerdo nada especial de lo que me pueda arrepentir de no haber grabado, porque estoy muy contento con la película tal como está. No es la clase de película que se rueda siguiendo un proceso de 3 meses en los que se construye una casa y no me puedo perder un momento en el que ponen la última piedra o algo parecido. No estaba buscando un momento preciso que me haya podido perder.

Fue estresante, fue duro rodar así, mucha gente estuvo involucrada, pero, eso sí, buena gente y en un lugar agradable. Había presión, claro, pero cuando tienes tomas o escenas que te gustan mucho piensas “no es una gran película, es un gran comienzo para hacer una película”. No es solo diversión pero tampoco fue un rodaje en malas condiciones en absoluto.

Estoy muy feliz de que Salka haya entendido lo que yo quería rodar y de haber encontrado a este grupo en concreto para hacerlo. He tenido mucha suerte, creo que no es habitual estar tan contento con una película que hagas. He trabajado con gente que acaba de rodar y piensa, “bueno, igual dentro de un año cuando la vuelva a ver pienso que no está tan mal” y a mí francamente me gusta mi película. Cada vez que la vuelvo a ver por ejemplo en un festival, me sorprendo con cosas o detalles a los que no había prestado atención o vuelvo a reinterpretar algo que aparece. La escena en la que Omar mete el dinero en su smartphone me gustó porque yo hacía cosas parecidas con mi teléfono; si pasas todo el día en bañador y camiseta no vas con una bolsa o una mochila por ahí. Pero hace 15 días cuando la volví a ver me di cuenta también de que esta generación no entiende por qué tiene que llevar encima dinero en efectivo. Hay algún pequeño detalle que pueda parecerme que no está tan bien pero estoy muy satisfecho. Creo que además esta es una gran diferencia entre el documental y la ficción. Si trabajas en un film de ficción, mientras estás rodando todo el mundo está trabajando para sorprender a los demás con su talento; en un documental tú sales a rodar y te sorprendes.

Everyone in Hawaii has a sixpack already

– Es tu proyecto de fin de carrera, ¿tuviste algún tipo de límite tanto financiero como de tiempo para hacerlo?

M. H.: Por supuesto, tenía un plazo porque era mi proyecto final para la escuela así que desde el momento en el que decidí hacerlo hasta que pude empezar pasó aproximadamente un año. La película que presenté en la universidad no fue como el montaje final, fue el proyecto para el examen (que por cierto les gustó mucho a sus profesores). Presenté una versión en febrero y la copia final se terminó a finales de abril pero ni siquiera sabía si esa iba a ser la copia definitiva porque seguí trabajando en ella dos o tres meses más.

Finalmente se quedó en una película de apenas una hora y está bien cuando ves que acaba y la gente dice “¿ya está?” Se trata de la percepción del tiempo que tienes a esa edad. Cuando eres adolescente 3 horas pueden parecer una eternidad y por otra parte el tiempo puede pasar muy rápido. A mucha gente que la ve le encantaría poder volver a no preocuparse por el tiempo tal como les pasa a ellos.

– Has pasado por varios festivales (Hamburgo, Rotterdam, Málaga, Glasgow, D’A Barcelona, Documenta) ¿Esperabas esta repercusión?

M. H.: No. Esperaba que el documental estuviera por festivales en Alemania y estuve haciendo contactos en el verano de 2017 en el plazo para presentarlo por los festivales nacionales, pero no esperaba esta repercusión internacional y mucho menos en festivales españoles. Es obvio que está rodada en España y con producción española pero no me esperaba este alcance en España. Todavía no sé por qué ni cómo asumir esto pero estoy muy feliz.

Creo que a la gente le gusta porque es muy luminosa, no es una película pesada ni difícil, todo el mundo se puede sentir identificado con ella y por otra parte puedes tener la oportunidad de ver a adolescentes en su propio mundo. Es casi como una ficción por eso creo que Rotterdam es un buen comienzo. En Glasgow por ejemplo, que también es un festival de documentales, me preguntaban por los “actores”. Para mucha gente los documentales son básicamente información, como un reportaje periodístico, pero para mí un documental es algo más. Hay un montón de posibilidades a nivel técnico también, ahora mismo hay también muy buenas cámaras con las que rodar y se pueden hacer muchas cosas muy buenas. Por eso me gusta haber hecho un documental que tiene el aspecto de ser una ficción por muy poco dinero. Tiene el aspecto de una película indie, que es algo que me ha influenciado bastante, el mumblecore, el cine que habla de relaciones, de la identidad personal,…todo eso llevado a un pequeño pueblo y con chicos de 15 años.

– ¿Sigues en contacto con los chicos?

M. H.: Sí, me escribo con Jorge por ejemplo y seguramente veré a Aaron en verano porque irá a una ciudad cercana a Hamburgo, que es donde yo vivo. Al principio cuando les decía que la peli iba a Rotterdam era todo como “wow” “qué bien”, pero para ellos ya ha pasado mucho tiempo, ya tienen 18 años, y ya no estoy todo el día escribiéndoles para decirles que la peli está en algún otro festival.

– Nos has dicho estos días que no estás preparando otra película, ¿no entra en tus planes dirigir más?

M. H.: Ahora mismo no, estoy estudiando escenografía, voy a trabajar en el proyecto de Salka, también haciendo el diseño para una compañía teatral en los próximos meses y tengo que trabajar (trabaja como iluminador). Sí me gustaría dirigir algo más (documental) pero ahora mismo no es algo que tenga en mente, no sé si será dentro de un año, dos…cuando me llegue una idea.

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