Documenta Madrid 2018: Crónica 4

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Procesos, sorpresas y joyitas en la cuarta crónica de Documenta.

El 12 de mayo de 2016 el Senado de Brasil abrió un proceso de destitución contra la presidenta del gobierno del país Dilma Rousseff por responsabilidades en la política fraudulenta del responsable del ministerio de finanzas por aquel entonces. Rousseff estuvo apartada de la presidencia durante los 180 días que duró el proceso y por el cual acabó finalmente destituida de su cargo. Un proceso largo, complejo y no exento de peleas y polémicas entre los acusadores, los senadores, los jueces y los políticos allí presentes que la directora María Ramos registró en su totalidad para componer con él la película que ha presentado en esta edición de Documenta: O Processo.

A través de toda la grabación de las distintas fases del proceso, Ramos documenta perfectamente la vehemencia y el patetismo de aquellos que se escudan en sus propias creencias (en ocasiones “magufadas” de primer orden) para tratar de destituir un gobierno opuesto a su pensamiento. No hay más que ver y escuchar las intervenciones de una de las principales artífices de la acusación contra Rousseff, Janaina Paschoal, para sentir la vergüenza ajena de todo ese proceso. Lo hace además como mero testigo para que sea finalmente el espectador el que comprenda y juzgue de primera mano todo lo que sucedió durante esos meses que duró ese “golpe de estado” encubierto como se denomina en varias ocasiones al proceso de destitución de Rousseff.

Sin duda, como documento político O processo es una joya para poder entender los entresijos y las maniobras políticas, no solo de Brasil como es el caso, sino de todo el mundo, aunque tal vez ese documento y la extensa duración del documental lo lleguen a lastrar en determinados momentos precisamente por la complejidad de lo que está contando.

Everyone in Hawaii has a sixpack already

De un proceso largo y una película igual de larga pasamos a la sorpresa del día en la que, tan solo 58 minutos dan para contar una historia fresca y con aires de película indie sobre ese periodo de vitalidad e inmediatez que es la adolescencia.

En Everyone in Hawaii has a sixpack already el director alemán Marvin Hesse sigue a un grupo de adolescentes residentes en La Gomera en el que será su último verano en la isla antes de tener que salir de ella para poder labrarse un futuro que nunca podrán tener si se quedan. Hesse acompaña a este grupo en sus ociosos días de verano entre sus tardes de skate, sus conversaciones banales en la playa, sus fiestas y sus sueños imposibles sin dejar que el fantasma de la despedida les arruine sus últimos días en “el paraíso”.

Hesse realiza un retrato íntimo desde el mismo interior de esta pandilla sin inmiscuirse, sin coartar su libertad para expresar delante de una cámara que no parece existir para ellos, únicamente interrumpido por el eco lejano de las promesas electorales de Coalición Canaria casi como una muestra constante de la imperiosa necesidad de huir de aquello que ofrece los mismos cambios que nunca llegan.

Purge this land

Y de cambios que sí se han ido produciendo en la sociedad norteamericana con respecto a los conflictos raciales, aunque a estas alturas parezcan perder fuerza, pero para los cuales hubo que soportar vejaciones, torturas, humillaciones y muertes, habla la última de las joyas del día: Purge this land.

Si la cámara de Hesse se introducía sin pudor a través de las vidas de los chavales de su película, la de la directora Lee Anne Schmitt solo filma planos fijos de distintas localizaciones de EEUU donde se sucedieron las historias que nos va contando a través de la voz en off. Schmitt crea con ello un ensayo en el que narra las calamidades de la comunidad afroamericana desde los tiempos de la esclavitud hasta nuestros días.

Como postales detenidas en el tiempo, los planos de Purge this land recorren los lugares en los que el activista por los derechos de los negros en plena época abolicionista John Brown y otros/as luchadores/as por sus derechos vivieron, lucharon y murieron, y que hoy parecen haber quedado enterrados bajo capas de olvido salvo por alguna que otra placa en su memoria. Mientras, la voz de Schmitt va contando todas las atrocidades que en dichos lugares se vivieron y además sigue denunciando cómo en pleno siglo XXI las desigualdades raciales siguen estando vigentes, desde su propia posición como pareja de un afroamericano y madre de su hijo a quien dirige esta preciosa y dolorosa carta cinematográfica para que cuando crezca conozca las luchas de su pueblo contra la opresión racial.

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