SEFF 2017: Crónica 5

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Quinta jornada del SEFF.

Pese a la sencillez que aparenta por el modo en que captura sin estridencias la realidad de una joven de 17 años antes y después de quedarse embarazada, Milla —el segundo largometraje de Valérie Massadian tras su ópera prima Nana— es una de las propuestas más interesantes de Las Nuevas Olas, y probablemente la que mayor precisión y tacto tiene para mostrar las dificultades a las que se enfrentan los jóvenes europeos en la actualidad de todo el festival. Con un estilo muy similar al de su debut —aunque en este caso filme a sus personajes a una distancia mucho más reducida, sustituyendo los vastos paisajes campestres por la limitación escénica del hogar familiar—, Massadian minimiza la importancia del poder descriptivo de la imagen en beneficio del trabajo elíptico, omitiendo los giros dramáticos más relevantes a nivel narrativo y obligando al espectador a reinterpretar todo aquello que ha visto en pantalla desde que tiene lugar la omisión hasta que identifica el hecho. El estilo de filmación y la puesta en escena apenas han sufrido cambios, pero el reflejo cotidiano de las imágenes del film va mucho más allá de la simple ilustración, y se introduce incluso alguna escena onírica sin ofrecer pistas visuales, a la manera de Hong Sang-soo. Tan acostumbrados a encontrar en el audiovisual enfoques irrespetuosos y faltos de rigor sobre infinidad de problemáticas sociales, el visionado de una obra tan inteligente y —casi sin quererlo— enigmática como Milla es un estímulo sumamente placentero y enriquecedor.

A Brief Excursion

Dentro del ciclo Senderos que se bifurcan, que recoge algunos títulos de los últimos años con ciertas similitudes —más espirituales que temáticas—, hemos visto uno de los más recientes, el film croata A Brief Excursion, presentado en el pasado Festival de Rotterdam. Podría decirse que, independientemente del resultado, todas las obras integradas en este marco comparten la virtud de lo imprevisible. Desgraciadamente, esa intención de abrir caminos, de expandirse sin saber nunca hacia dónde, muchas veces termina por perderse en un terreno indeterminado, como los personajes del primer largometraje de Igor Bezinovic. No obstante, siguiendo también la estela de este grupo de jóvenes casi desconocidos que busca incansablemente un monasterio con frescos medievales, el debutante se apoya en la narración en off de su protagonista, que trata de recordar una extraña experiencia que sufrió en plenas vacaciones de verano, entre la resaca de fiestas y festivales. Puede que la película no tenga otra virtud que transmitir a la perfección esa sensación entre real e ilusoria que tienen los recuerdos del treintañero Stola —la narración visual se empapa de su vaga memoria, que ni siquiera le permite recordar recordar algunos de los nombres de los siete integrantes del improvisado grupo—, pero su escasa duración y el halo de extrañeza que la envuelve hacen de ella una simpática y breve excursión. Eso sí, será fácil sufrir el mismo mal que su protagonista, pues la apuesta formal de esta ópera prima no pone fácil la tarea de volver a sus imágenes para detenerse en ellas.

Avant la fin de l’été

Una simple ojeada a un par de fotogramas de Avant la fin de l’été es suficiente para desacreditar su supuesto (y buscado pero no encontrado) parecido con Extraños del paraíso, el film dirigido por Jim Jarmusch. En lo referente a la estética, el trabajado y fundamental blanco y negro del cineasta estadounidense deja paso a una gama de colores apagados, que representan justamente lo contrario a ese paraíso que llega a ser puesto en boca de sus personajes. Esa (des)colorida puesta en escena, con un trabajo de cámara que queda prácticamente reducido a documentar este último viaje de dos semanas a través de Francia que le organizan sus mejores amigos a Arash —después de estar cinco años estudiando en París, no acaba de adaptarse a la vida francesa y decide regresar a Irán—, sirve para desmitificar la narrativa habitual sobre el paraíso, y también para representar visualmente la situación vital del protagonista. Desgraciadamente, detrás de una propuesta tan simpática como sugerente, únicamente se esconden una sucesión de situaciones insustanciales y de conversaciones apáticas que la debutante Maryam Goormaghtigh viste de trascendencia. Esta vez Las Nuevas Olas pierden la oportunidad de aportar una mirada distinta y personal, pues puede que Avant la fin de l’été sea uno de los trabajos menos arriesgados que encontremos esta edición en dicho marco.

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